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romance, drama, LGBT, erótica, psicológica

La experiencia me enseñó que las vidas perfectas no existen, pero la mía con Laura me hacía feliz. Sin embargo, nuestra vida de ensueño se convirtió en pesadilla cuando ELLA apareció…

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Edición nueva.

«—Hola, Ana. —No estoy soñando. Ella es real. Ella está parada delante de mí. Aiko en carne y hueso. Me recuerda a Laurita por su flequillo y por esos cabellos negros tan largos y lacios. También por su cara de niña y su estatura media. Sin embargo, a pesar de parecer frágil por ser delgaducha y por sus rasgos de inocencia, su postura es firme como una roca y su mirada… Su mirada debilita mi alma con su aura tan siniestra como la oscuridad que destilan sus ojos. Ni siquiera oculta la perturbadora cicatriz en su brazo derecho—. ¿Has visto un fantasma?

—Ai-Aiko… —pronuncio con flaqueza, incapaz de digerir su presencia.»

Capítulos

ANA

¡Riiing! ¡Riiiiing!

Ese detestable despertador vuelve a hacer de las suyas. Hoy se ha empecinado en sonar con la fiereza de un trueno y estremecerme los tímpanos. Por mucho que presiono la pantalla de mi teléfono para apagarlo, el muy maldito se resiste. No lo culpo, pues obro a ciegas extendiendo el brazo desde debajo de las sábanas.

¡Riiing! ¡Riiiiing!

—¡Ay! ¡Cállate ya! —protesto, pero no me queda otra que asomar la cabeza y tantear con los ojos entreabiertos hasta que logro desconectar la alarma—. ¡Por fin!

Aprovecho para ojear la hora. Los números se multiplican, se dividen, se desvanecen, rotan sin control, pero consigo enfocarlos. Las 7:50 am. Aún es temprano, así que me puedo permitir echar otra cabezadita de cinco minutos.

Me estiro plácidamente a lo largo de mi cama y busco el calor de mi osita. Mi brazo se acomoda sobre su suave silueta a la vez que mi mano apretuja una zona abultada. Ilusa de mí, mi compañera es mi almohada. No me acostumbro a pasar las noches sin mi Laurita. Hoy hace una semana que se fue a visitar a sus padres. Son pocos días, pero están siendo una eternidad para mí porque la echo de menos. Por suerte, esta noche regresará y la iré a buscar al aeropuerto.

Yo la habría acompañado en el viaje a pesar de que sus padres aún no me han perdonado que le rompiera el corazón a su hijo Eric. Sin embargo, debía cumplir con mi última semana de contrato en la tienda y acudir a otra entrevista de trabajo en un restaurante para cubrir horas los fines de semana. Sí, el trabajo, me he vuelto muy trabajadora desde que Laurita y yo nos mudamos con mis padres. No puedo quejarme, este verano ha sido maravilloso…

¡Riiiiiiiing!

¡No puede ser! Juraría que había apagado ese maldito despertador.

Supongo que es una señal para que no me rinda ante el sueño. Hoy es el primer día de clase del nuevo curso, y es verdad que acudiremos al instituto más tarde y un par de horas para conocer nuestros grupos, horarios, profesores y demás, pero me apetecía dormir la mañana. Mi faceta trabajadora supuso renunciar a ese privilegio de la vida estudiantil y las vacaciones de verano. Adiós a la comodidad.

Saco el uniforme de segundo de Preparatoria del armario. ¿Quién hubiera dicho que la conflictiva Ana Álvarez llegaría hasta ese nivel y con una media de notable alto? En parte, me asusta porque cada año aumenta la exigencia en el estudio, pero me he propuesto superar todos los cursos. No pienso volver a repetir un año.

¡Qué raro! No recordaba que la falda fuera tan corta.

Tras vestirme y asearme, me dirijo a la cocina para preparar mi desayuno. Río tontamente cuando al contemplar la encimera se recrea una de las tantas escenas en las que Laurita y yo jugamos ahí. ¿Qué dirían mis padres si supieran todos los rincones de esta casa en los que nosotras hemos plasmado la huella de nuestro sudor? Bueno, mi padre ya ha hecho alusión a los ruidos nocturnos en varias ocasiones. ¡Qué vergüenza! No me quiero imaginar lo que comentará después del recital de bienvenida de esta noche.

Preparo mi taza de leche con chocolate y unas tostadas.

—Ana, hija, ¿qué haces aquí todavía? —me comenta mi madre, lo cual me toma por sorpresa porque debería estar en el trabajo.

—¿Mamá? —Me volteo y la descubro sirviéndole montañas de bollería a mi padre, que está sentado en la mesa auxiliar y tiene un delantal puesto. Ni me había percatado de la presencia de ambos—. ¿Papá? Más bien… ¿qué hacéis vosotros aquí? ¿Y esa barbaridad de desayuno? ¿Quieres morir, papá?

—Hija, si no me has matado tú de dos infartos, no moriré por la boca como el pez. —¿Por qué mi padre me recuerda eso? No tiene ni idea de cuánto me pesan los disgustos que le he causado—. Ya sabes lo que dicen, no dejes para mañana lo que puedes comerte hoy. —El muy cerdo engulle un dónut y un croissant a la vez.

—¡Dios! Se te va a disparar el azúcar.

—Mi chiquitina, hay para ti también. —Mi madre se me aproxima con un plato lleno de bollos y apresura uno hacia mi boca—. Come, estás muy flaca y la vida sexual que llevas te tiene seca.

—¡Mamá! —exclamo, abrumada, y aparto su mano antes de que me introduzca la comida hasta por los ojos. El creciente olor a dulce me repugna de tal manera que me provoca náuseas—. Mejor me voy porque estáis fatal.

Me encamino hacia la puerta.

—¿Y tu desayuno? —Mi madre también devora un dónut con ansias. Las migajas adheridas a sus labios se precipitan como finas gotas de agua.

—Se me ha quitado el hambre. Comeré algo por el insti —le respondo, sosteniendo una ligera mueca de asco, y continúo.

—¡Ve con cuidado de no inclinarte mucho, hija! ¡Se te ve medio culo! —me advierte mi padre.

—Ya. No sé qué le ha pasado a la falda. Se habrá encogido en la secadora. En fin, os quiero. Chao.

***

¡Cuánto tiempo sin pisar la entrada del instituto! Me encantaría decir que me entusiasma, pero sería una mentira. La razón es simple. Hay muchas caras que no me apetece ver y no estoy preparada para soportar todo un año de insultos escupidos sobre Laurita y sobre mí. Bastante duro fue hacer frente al apodo de “las zorras del insti” que pregonaban por todas partes al final del curso pasado. Demasiados idiotas graduados en cotilleo. Espero que este año no me toquen las narices.

Paso entre el tumulto de chiquillos que bloquea el acceso principal. Esos deben ser de primero de secundaria. O he pegado un estirón o los nuevos son cada vez más pequeñajos. ¡Qué graciosos! Son realmente pitufos, incluso los veo azules y narizones.

Me dirijo al patio trasero como una oveja más. Para mi sorpresa, nadie me ataca con palabras o miradas hirientes. Los alumnos con los que me cruzo son veteranos, conocen mi historia y en alguna ocasión me molestaron, pero ninguno me incordia hoy. ¡Qué raro! Ni siquiera la fastidiosa Catalina, que camina a un par de metros de mí, me dedica uno de sus clásicos “piropos”. Al contrario, me sonríe y me lanza un beso. ¿Está empleando alguna técnica para que baje la guardia? Con lo buena actriz que es… Lo cierto es que la gente, en general, luce muy cariñosa. Abrazos y más abrazos. Supongo que es normal en el reencuentro, yo lo hacía con Claudia cuando éramos buenas amigas.

Los alumnos se amontonan como hormigas frente al tablón que contiene las listas de los grupos. Todos buscan sus nombres y celebran coincidir con sus conocidos. Dado que hay menos grupos de Preparatoria, la zona está más despejada y me planto frente al papel sin sufrir empujones. Soy la primera de segundo de Preparatoria A y Laurita también figura en la lista. No me extraña, ya que ambas nos matriculamos con las mismas especialidades.

Recorro las canchas para buscar a mis amigos y no estar tan sola. Por un lado, distingo a Sandra fumándose un porro descaradamente. ¿Pretende que la expulsen desde el primer día? Y no pierde su adoración por el maquillaje sombrío y los piercings. Ella me sorprende mirándola y la muy cochina exhibe la lengua entre dos dedos. Capto su insinuación, así que la ignoro de inmediato.

En el sentido opuesto, veo a Claudia y Aura muy, muy abrazadas, tanto que sus labios están fundidos. Intuyo que las dos están explorando sus gargantas con sus lenguas. ¿Desde cuándo Claudia se atrevió a salir del armario? Aura no nos ha contado nada. Me acercaría a saludar a Aura, pero no quiero estropearle su momento de amor ni empezar una discusión con Claudia tan pronto. Aún no la he perdonado por todo el daño que ha causado.

Dado que no encuentro a mis amigos, deduzco que deben estar en el aula esperando a los tutores, por lo que me marcho a la mía.

Cuando alcanzo el segundo piso, me percato de que está vacío y de que el silencio gana terreno, casi que escucho mis pasos como si me hubiera puesto unos auriculares a todo volumen. En ese instante, percibo una sombra alzándose a mis espaldas. Una brisa helada me causa escalofríos.

—Ana. —Pronuncian mi nombre a la vez que una mano se posa en mi hombro.

—¡Coño! —chillo, sobresaltada, y me volteo. No es otro que Víctor. Si no fuera mi amigo, lo habría matado—. No me des esos sustos, bobo.

—¡Ja, ja, ja! La princesa del infierno sucumbe ante el miedo por un gesto tan tierno como es saludar. ¿Estás bien? No es normal brincar de esa manera a plena luz del día cuando te saludan. —Él y su agradable elocuencia.

—¿Desde cuándo pasa algo normal en este insti? Pero da igual, estoy bien. Me habría gustado que fuéramos al mismo grupo. Debiste escoger ciencias.

—¿Ciencias yo? ¿En serio, Ana? Es evidente que soy de letras. —Sí, Víctor tiene razón, pero me habría encantado ir a clase con él—. ¿A dónde vas con tanto misterio?

—A mi aula porque no encuentro a nadie. Esto está tan solitario… —respondo mientras observo a nuestro alrededor.

—Sí. Hay más vida en un desierto. Deberías darte prisa porque los tutores ya vienen —me sugiere Víctor—. Nos vemos luego.

—Vale —le digo y él se esfuma con rapidez.

Continúo hasta mi aula. La puerta está cerrada como todas las que alcanzo a ver, así que la abro. De pronto, un estruendoso ruido emana de su interior como si fuera el rugido de un volcán. ¿Me estaban esperando o qué? Todos lloran de la risa, aplauden y se pasean de un lado a otro. Para colmo, el idiota de Mauro coquetea con Clara. ¿Se le olvidó que tiene novia y que es amiga mía? Más le vale respetarla o me va a escuchar.

—¡Ana! ¡Al fin apareces! ¡Ven! —me llama Roberto, que está sentado junto a Patricia como siempre.

—¡Chicos! Os estaba buscando. —Animada, ando hacia su mesa y los saludo con besos—. ¿Qué? ¿Teníais ganas de empezar?

—¡Estás radiante, Ana! —me halaga Patricia y le sonrío.

—¡Tenemos chisme! ¿A que no adivinas qué profesor tendremos? —comenta Roberto, generándome mucha intriga.

—Pues no tengo ni idea.

—¡Díselo! Le encantará la noticia —afirma Patricia con entusiasmo.

—A… —dice Roberto, pausadamente, persistiendo con el misterio— ¡Ricardo! Volverá a ser nuestro profe de Filosofía. —Ese nombre sí que me irrita y lo expreso con la seriedad que hiela mis facciones.

—No tiene ninguna gracia. Ese hijo de puta se tiene que estar pudriendo en la cárcel. No quiero saber de él ni en broma —remarco con severidad.

—Pero no es ninguna broma. Lo vimos en la sala de profesores —asegura Patricia y la angustia se reaviva en mi pecho.

—Dejadlo ya, ¿vale? —les ordeno, luciendo más seria.

¡Ni que se les hubiera contagiado la idiotez de otros como Carlos!

Entonces, una mujer joven y elegante entra en el aula y nos indica que ocupemos nuestros sitios. Boquiabierta, contemplo su rostro, que reconozco de inmediato. ¡Tan guapa! Ella fue mi maestra en primaria, la que tanto admiré. ¡Es increíble que vaya a ser mi tutora!

Sumida en una sonrisa bobalicona, me siento en mi puesto y le presto toda mi atención. Vuelvo a sentirme como aquella niña que hacía cualquier cosa para agradarle a su maestra favorita. ¿Me habrá reconocido? ¿Se acordará de mí? Me encantaría preguntarle, pero no lo haré delante de todos.

Así, el tiempo se diluye y la presentación del nuevo curso termina. No fui capaz de tomar apuntes de nada para no perderme esa voz tan cautivadora fluyendo de esos labios tan alegres. Todos se marchan y yo aprecio el momento oportuno para intimar con mi tutora.

—Hola, profe. ¿Se acuerda de mí? —pregunto, repleta de ilusión, al pararme junto a ella, que guarda su agenda en su bolso.

—Ana Álvarez. ¿Creías que no me acordaría de ti? Eras mi alumna estrella. —¡Sí! ¡Me recuerda! Y encima lo ha remarcado con un tono muy cariñoso.

—Espero volver a ser su alumna estrella —expreso, con cierta coquetería.

—¡Sigues siendo tan linda! —Ella acaricia mi mejilla y mis células vibran de emoción al recordar ese tacto tan gentil—. Mírate. Has crecido mucho, estás hecha una mujer.

—Y usted se sigue viendo joven y preciosa como la recuerdo —la piropeo mientras sostengo una amplia sonrisa.

—Gracias, Ana, pero nada de “usted”. Puedes tratarme con confianza. Además, ya que vuelvo a tener a mi alumna estrella, le concederé privilegios. —Mi tutora juega con un mechón de mis cabellos por un breve segundo—. Si necesitas repasar materias, puedes pedírmelo. Te puedo ayudar por las tardes en mi apartamento —me propone de forma sugerente. ¿Son ideas mías o su mirada ha sido insinuante?

—S-Sí. Me encantaría que me dieras repasos —asiento, embobada, y ella sonríe con calidez.

—Bien. Me gusta que seas una buena estudiante. Debo irme ahora, pero puedes buscarme luego para ir a tomar un café.

—¡Sí! No tengo planes, así que sí. —No puedo negarme a eso.

—Muy bien. Hasta luego, Ana —se despide mi estimada tutora y, pasmada, la sigo con la vista hasta que desaparece por la puerta.

Una especie de cita con mi maestra favorita. ¡Vaya!

Al regresar la vista a la mesa de la profesora, me doy cuenta de que ha olvidado su teléfono. Enseguida lo cojo y corro tras ella para alcanzárselo. Disparada como una bala, no soy consciente de cómo el mundo se distorsiona a mi alrededor. Sin embargo, choco violentamente con alguien en medio del desértico pasillo y caigo al suelo con una chica de largos cabellos negros, a quien se le desperdigan sus cuadernos.

—¡Perdón! ¡No te vi! —me disculpo, con voz agitada, y, con la misma inquietud, junto sus pertenencias.

De pronto, su mano aprisiona mi muñeca. Su piel es tan pálida y grisácea que me pone los pelos de punta. Pero lo que realmente me incomoda es que me aprieta con fuerza, como si me quisiera romper.

—¡Ay! ¡Me haces daño! —me quejo e intento soltarme, pero no puedo librarme de su firme agarre.

—Ladrona. Infiel —pronuncia la chica, con voz siniestra, y mi respiración se paraliza súbitamente—. Zorra. No la mereces. —Percibo un aura tan oscura que me aterra. En cierto modo, reconozco ese pelo tan largo y liso—. ¡Devuélvemela! —Me muestra su rostro de expresión enloquecida. ¡Esos ojos negros expandidos en extremo! ¡Esos ojos de rasgos asiáticos! ¡Dios mío, es Aiko!

—¡Suéltame, Aiko! —le suplico, espantada, pero sigo siendo una presa atrapada por las garras de su depredador.

—¡Ella es mía! —chilla Aiko monstruosamente y su piel se ennegrece a la vez que sus cabellos se extienden como tentáculos hacia mí.

—¡Aaah!

¡Riiiiing! ¡Riiiiing!

—¡Joder! ¡Me cago en…! —Me incorporo en la cama con la mano en el pecho y el corazón revolucionado. Tomo grandes bocanadas de aire porque apenas puedo respirar. Mis extremidades tiemblan como si hubiese sobrevivido a un enfrentamiento con la Muerte. Incluso las lágrimas se me escurren por el rabillo de los ojos y la sensación del dolor causado por el apretón palpita en mi muñeca. Lo reconozco, tengo el miedo metido en el cuerpo—. ¡Joder! Joder, joder, joder… ¡Uf! Maldita Aiko. ¡Qué pesadilla de mierda!

La culpa es de Laurita por haberme enseñado una foto de Aiko. Bueno, es mía por habérselo pedido y por haber insistido en que me hablara de ella. Si al menos la tuviera a mi lado para que me calmara con sus mimos, pero no gozaré de su calor hasta esta noche. Estoy segura de que se reirá de mí cuando le cuente el sueño con lujo de detalles.

¿Qué travesuras habrá perpetuado ella durante su viaje para visitar a sus padres? Aunque hemos hablado todos los días, sé que se ha guardado las anécdotas jugosas para contármelas en persona. Me habría encantado acompañarla, pero todo el tema de mi trabajo es tal cual como en el sueño.

Después de regresar a la normalidad pensando en mi novia, compruebo la hora. Son las 8:01 am, me toca levantarme para ir a la presentación del nuevo curso escolar. ¡Qué corto se me ha hecho el verano tan especial que he vivido! Aunque mi prima y la inglesita nos dieron algunos dolores de cabeza, repetiría las vacaciones. Cruzo los dedos para que el día sea todo lo opuesto a la pesadilla… O no, todo no. Agradecería que haya paz, que mis enemigas como Catalina me lancen besos en lugar de insultos…

¡Qué ingenua soy! Será mejor que deje de fantasear y me levante de una vez.

***

El sueño fue tan traumático que suspiré aliviada cuando comprobé que la falda de mi uniforme tenía las dimensiones estándares. No obstante, sí me carcajeé sola en la cocina mientras desayunaba. Como debía ser, mis padres no estaban porque ya se habían marchado al trabajo, pero no podía parar de pensar en esa escena del atracón de bollos y en mis jueguecitos con Laura por toda la casa.

Ahora sí me enfrento a la verdadera prueba del día, ese instante en el que llego al instituto y me cruzo con mucha gente. Caras nuevas. Caras veteranas. Caras amistosas. Caras indeseables. Hay de todo, desde flores aromáticas hasta frutas podridas, aunque de estas abundan más. Entro en modo automático tras saludar a un par de mis antiguas compañeras de clase. Mantengo el rumbo hacia el patio trasero con la mirada fija en el horizonte para evitar las que me juzgan. El panorama no ha cambiado, mi radar lo confirma al escuchar de todo…

—¡Mira! ¡Mira! Esa es la que le puso los cuernos al novio con su hermana —cotillean en un grupo.

—La Ana Álvarez, loco. ¿Qué espectáculo nos dará este año? Quiero que se tire de los pelos con la Marilyn otra vez —comenta uno por otra banda.

Que sigan soñando si creen que me pelearé con Sandra.

—¡¿No la has visto?! ¡Es clavada a Yumeko Jabami! —Bueno, al menos no soy el tema de conversación del cuarteto de frikis de la esquina.

—Deberían llamar a seguridad. Se ha colado una de las zorras del insti en la granja. ¡Pobres polluelos! —dramatiza la insoportable Catalina entre sus amigas y me convierte en el motivo de las risas burlonas.

Respiro hondo para no ceder a la provocación. Es el primer día y sigo siendo una alumna de Preparatoria, debo pensar en las notas…

—Ahí va la bollera. ¿Te habrías imaginado que lo era? —le dice una a su novio.

No soporto estar en boca de la mayoría. Debí ponerme los auriculares y escuchar música.

Continúo mi camino, mantengo a la impulsiva Ana Álvarez bajo control. Para distraerme, observo a los alumnos que merodean por las canchas. Entre ellos, Sandra destaca igual que en el sueño, con la diferencia de que no fuma y se limita a mirarme desde la pared en la que se recuesta. Apenas se notan los cortes que sufrió en la cara, sigue luciendo bonita a su manera. Cruzar nuestras miradas serenas es como saludarnos y recordar que estamos en paz.

Me gustaría decir lo mismo cuando contemplo a Claudia, pero no, ella me incomoda. ¿Cree que no veo su expresión de odio cuando sus amigas me señalan? Tiene valor para clavar puñaladas por la espalda, para ofenderme por los pasillos, pero le faltan ovarios para luchar por Aura y afrontar su realidad. Ni siquiera es capaz de juntarse con su “novia” el primer día.

Me acerco al tablón de las listas de los grupos antes de que su presencia me hierva la sangre. Una tal Marta Alonso está por encima de mí. ¿Quién puede ser? No me suena ese nombre. ¿Tendremos una compañera nueva?

—¡Ana! La súcubo celestial que a todos consigue hechizar. —Víctor me apretuja un hombro y se incorpora a mi lado. Enseguida sonrío, me agrada ver a alguien de confianza. Desde que nos hicimos amigos, lo encuentro más atractivo.

—¡Uy, sí! Dile eso a Catalina, que no se cansa de joderme.

—Siempre hay excepciones. Yo la tengo en clase y tendré que soportarla otro año, pero no es tan mala como parece. Tras su lengua de arpía se oculta una niña agradecida. —Víctor peca de bonachón si cree eso.

—De engreída querrás decir. ¡Bah!, paso de hablar de ella. Oye, ¿conoces a una tal Marta Alonso?

—No. ¿Quién es?

—Ni idea. Es una de mi grupo. Supongo que es nueva, pero me pica la curiosidad.

—Pronto resolverás el misterio. Mi novia y las demás están planeando ir a la playa por la tarde. Contamos contigo. —Siempre me alegra lo bien que le va a Víctor con Lena. Su sonrisa se ilumina cuando la cita. Así debo verme yo cuando hablo de Laurita.

—Flor no me ha dicho nada.

—Lo propusieron en el grupo hace un rato…

—¿Sí? Ando despistada y no he tocado el teléfono por las prisas. Si supieras el sueño que tuve… —Río al rememorarlo—. Vale, contad conmigo, aunque no estaré mucho tiempo porque luego iré a buscar a Laurita.

—Debes estar impaciente. El apasionante reencuentro de dos almas enamoradas —entona Víctor con gracia—. Por cierto, tenemos trabajo. Ya me han hecho cinco encargos.

—¡¿Cinco?! —repito, asombrada.

—Sí. Mejor, más ganancias para satisfacer nuestros caprichos. Me viene bien porque salgo más desde que estoy con Lena y con vosotras y he notado el desplome de mis ahorros. Luego lo hablamos, que la directora me está esperando.

—Vamos a montar un imperio de artistas —bromeo—. Vale, nos vemos.

Víctor y yo nos complementamos en el plano creativo. A finales del curso pasado y a raíz de ver mi capacidad para dibujar, me pidió un dibujo romántico para uno de sus poemas. Así surgió nuestra “empresa”, hasta le pusimos de nombre A&V. Yo misma creé un logo para nuestras firmas, que representé con la A y la V unidas por el mismo trazo, además de decorar las puntas con una pluma y un pincel. Él pone la letra y yo, el color. Su negocio de venta de cartas y poemas se expandió con mis dibujos personalizados. Al principio, yo era un poco escéptica sobre ganar algo, pero me llevé una grata sorpresa cuando dividimos las ganancias a la mitad y comencé a tener dinero extra para ir al cine, pasear y, en definitiva, comprar caprichos como dice él. Por encima de eso, encontré algo que me motiva y que me encanta. Se lo debo a Víctor.

Antes de ir a mi aula, paso por el baño porque la vejiga me empezaba a torturar. Me lavo las manos y me echo agua por el cuello para refrescarme, ya que el calor de media mañana se vuelve asfixiante.

—¡Dale! ¡Ve ahora! No seas cobarde. —Escucho a una niña animando a otra junto a la puerta del baño. La única persona en el interior soy yo, por lo que presiento que tiene que ver conmigo…

La otra chica, que por su apariencia infantil debe estar en primero o segundo de secundaria, camina hacia mí encogida y sosteniendo una mirada sumisa.

—Ho-hola, Ana —me saluda la pequeñaja y guardo silencio—. Eeeh… Esto… ¡Esto es para ti! —Pone un papel en mi mano con extrema rapidez, aunque me toca lo suficiente como para sentir su piel fría y sudorosa—. ¡Eres muy guapa! —exclama y huye corriendo con su amiga.

—Crías… —murmuro y leo la nota mojada por mis manos y las suyas.

Me gustas. Soy Eli de 2º B.

Además, ha escrito su número de teléfono. Mi sonrisa fluye de forma natural al sentirme halagada. No me puedo quejar, no todo ha sido tan malo desde que mi relación con Laurita salió a la luz. Mi número de enamoradas misteriosas aumentó desde entonces, aunque muchas son pequeñas.

Guardo la hoja y me dirijo a mi clase. Esto no es como en la pesadilla, pues abundan los alumnos por todas las plantas y los pasillos. Los tutores, por su parte, comienzan a pastorear a sus rebaños. ¿Quién me tocará este año? Si de verdad fuera aquella maestra que tuve… Pero es obvio que no engañaría a mi Laurita con ella ni con nadie.

Entro en mi nueva aula, que destaca por el escándalo como todas. Mauro, Carlos y otros juegan a las cartas en las mesas delanteras. Algunos observan la partida con gran expectación. Yo saludo a todos por igual y los que me toleran me corresponden. Por supuesto, cualquiera notaría mi cercanía con Roberto y Patricia por mis gestos más relajados y alegres.

—¡Qué bueno verte, Ana! ¡Te esperábamos como locos! —expresa Roberto cuando me apoyo en su mesa.

Reconozco que me intriga porque en el sueño se comportaba de forma parecida y no era para compartir una buena noticia.

—¡Tenemos chisme de primera categoría! —añade Patricia con el mismo entusiasmo.

—No será una bromita de que Ricardo ha vuelto, ¿no? —planteo con cierta seriedad.

—¿Qué? ¡No! Que se muera ese cerdo —responde Roberto, denotando su desprecio hacia ese tipo.

—Ana, ¡que tu ex está en el insti! —me cuenta Patricia y sucumbo ante la perplejidad—. ¿No lo has visto?

—¿Cómo? ¿Cómo? ¿Me estás diciendo que Eric está aquí? —cuestiono y ambos asienten—. Pero no puede ser. ¿Qué carajos hace él aquí?

—Hemos oído que se ha vuelto a matricular en tercero de Prepa. Parece que piensa graduarse —contesta Roberto.

—Joder, no me lo creo. —Sigo siendo presa del asombro. ¿Qué pinta Eric aquí? ¿No le importa ser víctima del acoso por lo que le hice? Habiendo tantos institutos y decide regresar a este, donde sabe que estamos su hermana y yo. No entiendo nada—. Es que no, no me lo creo.

—Pues créetelo. Ya te lo encontrarás por el pasillo —comenta Patricia.

—Madre mía… —No sé ni qué pensar. Será muy incómodo cruzarme con él sabiendo todo lo que ha pasado entre nosotros. Temo más por mi chica porque ella no ha superado que su hermano no le dirija la palabra. ¿Cómo afrontará verlo casi cada día y recibir su odio? La pesadilla no se alejaba de la realidad, este par me daría una noticia angustiosa.

—Eso no es todo. Parece que tendremos una compañera nueva. Se llama Marta, pero no sabemos quién es. Estuvimos preguntando y no es alguien que haya estado en el insti —me informa Roberto.

¡Qué cotillas son!

—Sí, de eso me di cuenta cuando miré la lista. Pero, en serio, lo de Eric me ha dejado descolocada.

—A ti y a todos. Tus “fanes” deben estar encantados. Ahora tendrán más motivos para molestaros —intuye Patricia y pienso lo mismo.

Dentro de lo que cabe, una de esas “fanes” ya no estará para fastidiarme. Daniela se graduó y se largó, así que habrá una víbora menos.

—Buenos días, chicos. —La profesora Carmen entra en el aula. ¿Esa señora va a ser nuestra tutora? Es obvio que sí. Espero que este año no se le ocurra involucrarme en otra obra de teatro—. ¿Qué tal? ¿Qué tal las vacaciones de verano?

Mis compañeros interactúan con ella mientras ocupan sus puestos. Aunque el aula sea otra, todos nos sentamos prácticamente en el mismo lugar que el año pasado, así que me apodero de la mesa del fondo junto a la ventana.

Durante el ajetreo de sillas, una alumna cruza la puerta y se detiene a pocos pasos del escritorio de Carmen. ¡Qué chica tan explosiva! Se ondea sus voluminosos cabellos marrones oscuros, que poseen algún que otro mechón más claro. Su mirada es firme y su postura, relajada.

—¿Esto es segundo de Preparatoria A? —pregunta ella.

—Sí. Toma asiento, estamos a punto de empezar —le responde la profesora.

—Vale. —La chica, que parece obsesionada con su pelo, realiza un barrido con la vista hasta detenerse en mí. Entonces, inicia su contoneo.

—Jooodeeer. Nos tocó la lotería —comenta Carlos con una evidente insinuación.

—Ya ves. Ahora entregan bombones a domicilio —añade Mauro.

¡Menudo estúpido! Quiero ver qué explicación le dará a su novia.

La chica se crece con esos comentarios, no hay más que ver la acentuación de su sonrisa coqueta y del movimiento de sus caderas, además de seguir sacudiéndose el pelo como si fuera la modelo del anuncio de un champú famoso. No trae ni mochila, solo un bolsito playero. Y a quien le toca la lotería es a mí porque se sienta a mi lado.

—¿Qué hay? —me dice la invasora, muy risueña.

—Perdona, pero ese puesto está ocupado —le advierto.

—¿Por quién? ¿Por el aire? —bromea la chica, pero lo interpreto como una burla.

¿Va de graciosa?

—No, por mi novia —le aclaro de modo contundente.

—¿Novia? —repite ella, extrañada.

—Sí. Novia. ¿Tienes algún problema con eso? —¿Su primer día y ya quiere tocar las narices?

—Ninguno. —Su cara tan larga me hace dudar—. ¿Cómo te llamas?

—Ana. Supongo que tú eres Marta.

—Sí, soy la nueva. Imagino que habéis estado cotilleando sobre mí. ¿Tu novia está por aquí?

—No, hoy no ha venido. —¿Cuál será la razón de su interés?

—Entonces no te molestará que hoy me siente contigo. A partir de mañana me sentaré en el único puesto que queda libre —dice Marta de forma tajante, como si yo no tuviera opción para opinar.

—Vale… —Prefiero no generar más tensión.

***

Una hora más tarde, la tutora concluye la presentación. Hemos tomado nota de los horarios, los profesores y los cambios de clase que nos corresponden. Por supuesto, también hemos mantenido una charla banal con Carmen sobre las vacaciones.

En todo ese tiempo, noté las miradas de soslayo de Marta, un gesto indescifrable para mí, pero lo que sí me enervaba era su constante agitación de su pelo. ¡Ni la pija de Estefanía alcanza esos niveles de presumida! Bueno, quizás no ha sido la mejor comparación.

—Espero que seamos buenas compañeras, Ana —me comenta Marta mientras el aula se vacía.

—Sí, yo también. —Mentira, no me simpatiza lo suficiente.

—Ana, nos vemos luego en la playa —se despiden Roberto y Patricia.

—Sí, chicos. Chao.

—Así que vais a la playa. Yo también iré con mis amigas. A lo mejor nos vemos y podemos conocernos un poco más. —¿Estaré juzgando mal a Marta? Se muestra tan amistosa…

—Claro. A ver si coincidimos. —Tal vez debería darle una oportunidad y dejar de ver enemigos por todas partes.

—Genial. Ahora me voy porque me están esperando. Hasta otra, y espero que me presentes a tu novia. —Si no fuera por ese gesto tan repetitivo y obsesivo que tiene con sus cabellos, su sonrisa me agradaría más.

—Lo haré. Chao, Marta… —Creía que Daniela era la reina del contoneo, pero ella la supera. Niego con la cabeza mientras la observo por detrás.

Soy una de las últimas en salir al pasillo. Sin prisas, sin presiones. No soy la única, hoy es un día de instituto muy desahogado y se aprecia en los pasos lentos de los alumnos que se marchan. Sin embargo, tal vez mi subconsciente sea el que me ralentiza para evitar que me cruce con Eric. Aún no concibo que él haya regresado y una parte de mí, como perdida en un laberinto, le ha estado dando vueltas a eso.

—Hola, Ana.

Una voz a mis espaldas me detiene abruptamente. Dos simples palabras me estrangulan, tensan mi cuerpo y desatan un torbellino en mi pecho. Sudo y no es por el calor, sino por el escalofrío que me recorre de la cabeza a los pies.

Habría preferido mil veces escuchar la voz de Eric antes que esa. Esa voz femenina, tan armoniosa que aterra, y de acento extranjero…

Me volteo y mis ojos se estremecen cuando reconocen a… ¡Aiko!

ANA

—Hola, Ana. —No estoy soñando. Ella es real. Ella está parada delante de mí. Aiko en carne y hueso. Me recuerda a Laurita por su flequillo y por esos cabellos negros tan largos y lacios. También por su cara de niña y su estatura media. Sin embargo, a pesar de parecer frágil por ser delgaducha y por sus rasgos de inocencia, su postura es firme como una roca y su mirada… Su mirada debilita mi alma con su aura tan siniestra como la oscuridad que destilan sus ojos. Ni siquiera oculta la perturbadora cicatriz en su brazo derecho—. ¿Has visto un fantasma?

—Ai-Aiko… —pronuncio con flaqueza, incapaz de digerir su presencia.

—Veo que me conoces. Laura habla mucho sobre mí, ¿verdad? —Aiko me restriega sus palabras a ritmo lento con una sonrisita maliciosa en los labios.

—Tú… deberías estar muerta… —Mi voz tiembla y mi cuerpo sigue paralizado.

—¡Qué sincera! —Aiko acorta distancia conmigo y los últimos alumnos que circulan por el pasillo desaparecen—. Eres como esa clase de gente egoísta y miedosa. Deseas mi muerte por tu felicidad.

—¿Qué? No, yo no…

—Es una broma —me interrumpe Aiko y ríe por unos escasos segundos—. He esperado este momento por meses —confiesa, por lo que deduzco que sabe sobre mi existencia y sobre el paradero de Laurita desde hace mucho tiempo—. Mejoré mi español para hablar claro contigo. —Se detiene a medio metro de mí.

—No hace falta que te acerques tanto. No estoy sorda y te entiendo perfectamente —recalco para canalizar la inquietud y el rechazo que me produce su cercanía.

—No debes tener miedo… aún. —Aiko sonríe a modo de burla.

—¿Cómo? —Ni Sandra me ha encrespado tanto como ella.

—Me gusta decir la verdad a la cara. Te invitaría a un helado para ser formal, pero seré sincera. Tú y yo no seremos amigas —afirma Aiko con una repentina seriedad.

—Tampoco aceptaría y tampoco me interesa ser tu amiga. —¿Qué se habrá creído? Se merece que le reproche que yo jamás sería amiga de la persona que perjudicó la vida de mi Laurita—. Llevo prisa, así que adiós. —Lo cierto es que ansío huir de este incómodo encuentro.

—No he terminado. —Sus imponentes palabras me retienen. Aiko vuelve a plantarse delante de mí con su sonrisita inquietante dibujada en su boca—. Creo que no has entendido. He venido a recuperar a mi amor. Gracias por cuidar a Laura en mi ausencia. Ella ya no necesita un pañuelo para secar sus lágrimas porque su alma gemela ha regresado. Aléjate en paz y todas seremos felices —expone fríamente con una amabilidad abrumadora.

—¿Tú me has visto cara de estúpida o qué? —replico con cierta alteración—. Laura está conmigo y no pienso dejarla porque vengas tú a decírmelo. Ella es feliz conmigo, ¿te queda claro? Te equivocaste si piensas que has venido aquí a destruir nuestra relación. Tú eras un veneno para ella. Laura no necesita que regreses a su vida. Te sugiero que te vayas por donde mismo has venido.

—Ana Álvarez… —La muy maldita se ríe de mí—. Mira. —Me muestra la huella de su intento de suicidio—. El destino. El amor. La muerte no pudo separarnos, tú menos.

—¡Esa es la puta locura a la que la condujiste! ¡Eso no es amor! —le recrimino sin piedad.

—Tú no sabes nada del amor. Laura me pertenece y yo, a ella. —Su acento extranjero me irrita tanto como lo que dice—. Yo enseñé a Laura a sobrevivir. Yo le entregué todo mi ser y ella, a mí. Nos juramos amor eterno. Morimos la una por la otra.

—¿Sí? ¿Y qué más? Ella no es de tu propiedad. ¡Tú solo la enseñaste a odiar y a vivir con miedo! Por tu culpa no tenía amigas ni se abría con los demás. Ahora tiene amigas leales que la quieren mucho y que la apoyan mejor de lo que hacías tú. —En el fondo, necesitaba desahogar lo que pienso de Aiko porque me corroía por dentro.

—No sabes nada. —Aiko mantiene su tono calmado. ¿Por qué no muestra ni una pizca de ofensa ante mis ataques? No parece una persona normal—. La enseñé a protegerse de gente como tú. ¿Crees que no sé quién eres, Ana Álvarez? —Aiko me hace retroceder con la presión de sus pasos hasta arrinconarme en la pared—. La gente como tú abusaba de mi amor. La gente como tú la hizo llorar. La gente como tú la hizo tener miedo. ¿A cuántos golpeaste? ¿A cuántos insultaste? ¿A cuántos humillaste? ¿De cuántos te reíste? ¿Puedes ver la cara de dolor de Laura en todos ellos?

—Yo… —Me atormenta revivir el sufrimiento que causé a otros y contemplar que mi Laurita pudo ser una de ellos—. Yo no le haría eso a mi Laurita. Eso es el pasado.

—¡Sí se lo harías! —remarca Aiko con dureza—. Hipócrita. Hiciste daño a muchas Lauras. Un día en este instituto basta para saberlo. La gente como tú no cambia, busca una excusa para justificar su crueldad. Eres mala. Eres cruel. Eres una mentirosa. Eres egoísta. —Cada afirmación de Aiko es una bofetada que me desmorona—. Aparentas ser “mejor persona”, pero eres una loba con piel de cordero. —Toma un mechón de mis cabellos y lo frota entre sus dedos—. Falsa. Nada en ti es auténtico, ni el color de tu pelo.

—¡No me toques! —Aparto su mano con violencia—. Tú no me conoces y no eres nadie para juzgarme. Me conformo con que Laura sí me conozca.

—¿Y por qué estás tan nerviosa? Seguro que deseas pegarme por decirte la verdad. ¿Quieres pegarme, Ana Álvarez? ¿Tengo aspecto de indefensa como tus víctimas, como Laura? —Aiko me provoca con sus gestos de niña vulnerable—. Abusadora. Maltratadora. Siempre has sido y serás una mala persona.

—Lo que quiero es que me dejes en paz. ¡Estás loca! —La aparto con un empujón para escapar de una vez, pero Aiko me aprisiona la muñeca. Su agarre es tan fuerte como el mordisco de una perra—. ¡Suéltame!

—No tienes educación. Siempre serás la escoria de la sociedad y una cobarde. ¿Quieres saber la única cosa que me molesta? —Su pregunta capta mi atención lo suficiente como para no marcharme—. Manipulaste a Laura para que crea que eres diferente. Yo le quitaré la venda de los ojos.

—A ver si te informas mejor. Fue ella la que vino a mí y la que conquistó mi corazón. —Sabe muy bien devolverle el golpe, aunque Aiko sostiene su expresión imperturbable.

—Entonces está muy claro. Laura te buscó como consuelo. Has sido una sustituta temporal que ya ha cumplido su función. Otra vez, te doy las gracias y te pido amablemente que te alejes de ella. —Aiko inclina la cabeza como signo de educación, pero no disimula su sonrisa triunfante y descarada. ¿Cómo puede menospreciarme de esa manera? No se lo consentiré—. Aléjate en paz… o yo te alejaré.

—¿Qué? ¿Me estás amenazando? —cuestiono, desafiante.

—Era un aviso, pero… —Aiko se aproxima hasta intimidar mis ojos con su invasiva mirada—. Si conoces bien a Laura como dices, puedes hacerte una idea de lo que soy capaz de hacer. Si te interpones entre Laura y yo, te destruiré. Destruiré tu vida. Destruiré la vida de tus amigos. Destruiré la vida de tus padres. Destruiré todo lo que aprecies —enumera con voz serena, pero tan serena y convincente que me aterra—. Entonces sí tendrás un motivo para desear que esté muerta… Adiós, Ana. Ten un lindo día. —Exhibe una noble sonrisa y se larga tarareando One last time, la canción que tanto significa para Laurita y para mí.

***

¡Bluagh!

Devuelvo hasta la última gota de mis jugos gástricos en el váter de un baño del instituto.

La despedida de Aiko me había dejado petrificada, sumida en espasmos involuntarios, y con una revoltura insoportable en el estómago. Creía que no volvería a ser presa de un miedo tan profundo después de superar experiencias como el infarto de mi padre, el acoso del profesor Ricardo o que Eric me descubriera en la cama con su hermana.

Aiko me ha pisoteado como a una cucaracha. Tan segura de sí misma, tan imponente. ¿Quién se tomaría a la ligera sus palabras? Ha venido dispuesta a romper mi relación y a hacerme daño por cualquier medio para conseguirlo. No estoy preparada para esto. Se suponía que ella estaba muerta, ¿qué hace aquí? ¿Cómo reaccionará mi Laurita cuando se entere de que su gran amor sigue viva? Dios, no…

Esos ojos negros y siniestros permanecen grabados en mi mente. Resplandecen mientras la voz perturbadora me azota con cada amenaza. “Te destruiré”. ¿Esto no podría ser otra pesadilla? Su forma malévola de tararear la canción de Laurita y mía también me tortura en mis adentros.

Llego a mi casa tras un camino sombrío. Abatida, suelto la mochila al entrar en mi cuarto. ¿Qué pasará ahora? ¿Qué debo hacer? ¿Esa loca dañará a las personas que me importan si me niego a renunciar a Laurita? ¿Por qué no puedo tener una vida feliz con mi chica? No quiero perderla después de todo lo que nos ha costado estar juntas.

Mi desgaste es tal que me acurruco en la cama y me arropo con la sábana para luchar contra el frío que me somete…

***

—Ana. ¡Ana! Ana, hija, ¿no piensas levantarte? —La voz agitada de mi madre me despierta abruptamente y la luz de la lámpara me encandila cuando se prende—. ¿Se te ha olvidado que hoy llega Laura?

Debí quedarme dormida a causa del tormento que me produjo ese encuentro traumático. Creía que el regreso de Eric al instituto sería el peor castigo de este curso, pero su vuelta es insignificante frente a la existencia de Aiko. Esa chica ha causado estragos en mi estado de ánimo. Yo estaba muy contenta porque hoy tendría a mi Laurita entre mis brazos otra vez. Ahora solo deseo escapar con ella, desaparecer de esta isla e ir a un lugar donde Aiko no nos encuentre. Maldita Aiko, ha marchitado mi felicidad. En cierto modo, ya ha empezado a destruirme.

—No, mamá. No se me ha olvidado… —Me incorporo en la cama con dificultad.

El malestar se ha extendido por mi cuerpo como si me hubieran apedreado durante horas.

—Hija, ¿estás bien? —Mi madre se acerca hasta sentarse a mi lado—. Tienes muy mala cara.

—Sí, mamá. Estoy bien. —¿Qué se supone que debo decirle, que la ex de mi novia no está muerta y que me ha amenazado?

—Con esos ojos hinchados y esa cara tan pálida… —Mi madre toca mi frente para medir mi temperatura—. Hija, estás ardiendo. Tienes fiebre.

—Mamá, ¡déjame! —le chillo a la vez que retiro su mano—. Te he dicho que estoy bien.

—No comiste nada, ¿no?, porque las fiambreras estaban intactas. ¿Quieres que te lleve al médico? ¿Qué te sientes? —insiste mi madre mientras me acaricia la cabeza.

—¡Que me dejes en paz! —bramo y me aparto de ella—. ¡No seas pesada! No me pasa nada. Será la puñetera regla.

—La niña de la casa está irritada. —Mi padre se asoma en la puerta de mi habitación—. No le hables así a tu madre —me riñe, con un tono pacífico, a lo que respondo agachando la mirada—. En cinco minutos salimos, ¿eh?, que el avión está al aterrizar. Así que a darse prisa. —Tras dos palmadas en el marco, sigue su camino.

Al instante, contemplo la expresión de preocupada de mi madre y rompo a llorar. Mi estabilidad emocional se quiebra por segundos y sé muy bien el nombre de la responsable.

Acojo a mi madre en un abrazo.

—¡Lo siento, mamá!

—No pasa nada, hija. —Ella me arropa con su cariño—. Te daré una pastilla para la fiebre y verás que te sentirás mejor. Eres la mejor hija del mundo. —Aunque ella lo diga, siento que soy una hija pésima por pagar mi frustración con quienes me han dado todo. Aiko tiene razón, soy una mala persona…

***

En el trayecto hacia el aeropuerto, me percaté del montón de mensajes y llamadas perdidas de Flor, Víctor y el resto de mis amigos. Les ha extrañado que no asistiera a nuestra quedada en la playa y que no avisara. Para evitar que siguieran preocupándose, les contesté que me había enfermado. Ni siquiera con ellos me he atrevido a desahogar mi pesadilla. La graciosa de Dayana respondió que seguro que todo era una excusa para ahorrar energías para la noche salvaje que me espera con Laura. En otras circunstancias, ella y su sentido del humor me habrían hecho carcajearme, pero el miedo que recorre mis venas ha erradicado mi alegría.

Mis padres han intentado sonsacarme información mientras viajábamos en el coche. No son tontos, intuyen que algo más allá de “una fiebre por la regla” perturba mi bienestar. Sin embargo, mis respuestas apenas superaron los monosílabos. El comentario chistoso de mi padre para hacerme reír por vergüenza como en otras ocasiones también fracasó. “¿Esta noche tocará subir el volumen de la tele otra vez para poder dormir?”, dijo.

Ahora, los tres recorremos la zona de llegadas del aeropuerto en espera de Laurita. Suspiro y suspiro para relajarme, para ocultar la tensión que me incomoda porque quiero recibir a mi chica con el mejor ánimo posible, pero parece que consigo el efecto contrario. Ella me escribe por el chat, ya ha abandonado el avión.

¡Te he visto a través de una puerta!

Siempre me ha gustado lo bien que te queda esa falda roja.

¿Te la has puesto por mí? ¿Ya me estás tentando?

Me pregunto si te has puesto las bragas de conejitos que te regalé y que no te hicieron mucha gracia.

Mmm… Supongo que tendré que explorarte y descubrirlo.

Y añade el emoticono de expresión socarrona. ¡Siempre tan traviesa! Una parte de mí se atreve a sonreír, pero la llama se extingue al ser privada de oxígeno por la imagen de Aiko en mi mente.

—¿Es ella? ¿Qué dice? —me consulta mi padre.

—¿Eh? Sí, es Laura. Dice que ya sale. —Me siento ausente de la realidad.

—¡Ahí viene nuestra niña! —anuncia mi madre con entusiasmo.

Enseguida la busco con la mirada. Mi Laurita atraviesa las puertas automáticas con su mochila y su maleta rosa. Toda ella resplandece como un rayo de luz dirigido hacia mí. Combina uno de sus vestidos veraniegos de estampado de flores y una chaqueta vaquero con una gorra londinense. Su sonrisa armoniosa y los hoyuelos que se forman en sus mofletes la hacen brillar aún más, tanto que me roban el aliento y me devuelven la paz.

—¡Ani! —Laurita corre a mi encuentro.

Nuestro cálido abrazo me baña de felicidad. Echaba de menos su dulce fragancia, su piel suave y tibia, el encanto de su voz. Inevitablemente, nuestros labios se funden en un beso tierno y amoroso. Sí, también extrañaba ese gesto de amor.

—Laurita, te eché mucho de menos —expreso, incapaz de separarme de ella.

—¡Y yo! Ten, una pulsera del amor. —Mi novia se la desabrocha y la engancha en mi muñeca. La pulsera plateada contiene un corazón con cerradura—. Solo yo poseo la llave del corazón de Ani —enfatiza con picardía mientras exhibe una pequeña llave plateada en su colgante.

—Diablilla…

—Hija, pero no la acapares para ti sola —interviene mi padre, muy sonriente, y extiende los brazos como un oso barrigón.

—¡Mis otros papis! —Laurita se adhiere a él e intercambian besos—. Esto es para mi suegro lindo. —Se quita la gorra y se la clava en la cabeza a mi padre, aunque apenas le entra—. ¡Uy!, parece que habrá que ajustarla.

—¡Ja, ja, ja! Gracias, hija. Tienes la cabeza muy pequeña —comenta mi padre mientras se acomoda la gorra.

—Querido, más bien eres tú el cabezón —se burla mi madre y abraza a Laurita—. Mi niña, te echamos de menos. ¿Qué tal el viaje?

—Yo también os eché de menos. Para mi suegra bonita también he traído algo, pero está en la maleta. —Me encanta contemplar a mi novia ganándose el afecto de mis padres y siendo parlanchina con ellos—. El viaje se me hizo largo, seguro que por las ganas que tenía de llegar. Mis padres os envían saludos. Traigo unos presentes de su parte para vosotros. ¡Ah!, y estuve practicando una receta de una tarta de frutas. ¡Os haré una! Tengo muchas cosas que contaros y un montón de fotos que mostraros.

La sonrisa inocente de Laurita. La sonrisa amable de mis padres. Todo lo que hemos superado para llegar a este punto y Aiko pretende arrebatármelo…

ANA

Laurita quiso explorar bajo mi falda desde que nos sentamos en la parte trasera del coche. La muy juguetona no tardó en dar rienda suelta a su manoseo y sus pellizcos atrevidos. “¿Llevas las de conejitos?”, me susurraba con descaro y yo tragaba en seco mientras me aseguraba de que mi padre no mirara por el retrovisor. Me sentí rancia y amargada, una escenificación del antiguo Eric, al capturar sus manos y retenerlas sobre mis muslos. Mi yo normal habría disfrutado con la subida de temperatura, pero esta vez solo me apetecía notar su calor junto a mí.

Durante la cena en casa, el panorama no fue muy diferente. La diablilla continuó haciendo de las suyas bajo la mesa y yo seguí poseída por el papel de recatada. Si no aprisionaba su mano invasora, la castigaba con la mirada para que guardara las formas. Al final, ella desistió, pero mantuvo su entusiasmo y se centró en contarles sus vivencias a mis padres.

Recién nos hemos cepillado los dientes y nos hemos encerrado en nuestra habitación. Yo comienzo a desvestirme para ponerme cómoda y acostarme.

—¡Sí que llevabas las de conejitos! —resalta Laurita y consigue que sonría por un segundo—. Pero no me dejaste descubrirlo por mí misma. ¿Qué pasa, Ani? ¿Querías hacerte la dura y ahora no puedes aguantarte? —dice, con la misma insinuación con que se me aproxima. Sus manos se deslizan por mi cintura.

—¡Je! Era una sorpresa, pero lo adivinas todo. —La beso fugazmente—. Bueno, es hora de dormir, mañana hay clase. Vamos a la cama. —Me aparto de ella y me tumbo sobre el colchón.

—Es una invitación muy descarada y pervertida, típica de ti, pero no sé, le falta un poco de picante, ¿no? ¿Es que lo tienes todo pensado para cuando me zambulla bajo las sábanas? —Adoro la viveza y la expresión sugerente con que Laurita se acuesta a mi lado. Aún interpreta todo como un juego candente.

—¡Qué bobita eres! —exclamo y apago la luz.

—Intentas desconcertarme, pero sé lo que te propones. —Laurita se vale de la oscuridad para arrimarse a mí. Luego, roza mi vientre con las yemas de los dedos y exhala su aliento sobre mi cuello—. ¿Crees que soy tan bobita? Me he aguantado todos estos días por ti. Sé que me has extrañado y que te mueres de ganas de sentirme… aquí —me susurra con sensualidad y frota sobre mis bragas.

—¡Laurita! —Agarro su mano y me inclino sobre ella para que no pueda actuar—. Venga, descansemos. Estoy cansada y seguro que tú también por el viaje.

—¿De verdad te parece que esté cansada? —Su tono se torna serio—. Ya está bien, Ani. —Su cuerpo escapa de mi dominio. Laurita enciende la luz y percibo su carita disgustada—. ¿Por qué me rechazas todo el tiempo? ¿Estas eran las ganas que tenías de verme?, porque no parece que estés muy feliz con mi regreso. No es normal en ti que me rechaces de esta manera. Es como si te molestara que te tocara. ¿Qué ha pasado? ¿Has conocido a otra? Porque esto pasa cuando hay otra persona de por medio. —Hacía tiempo que no la veía celosa. Si ella supiera que sí es por otra persona, pero no en el plano que se imagina.

—Laurita, no es eso. Es solo que no me siento bien. Hoy tuve fiebre por la tarde y me siento cansada… —Tenía que aferrarme a alguna mentira camuflada.

—Otras veces has estado peor y has querido jugar al karaoke. ¿Por qué me tratas como si fuera tonta? ¿Crees que no noté cierta frialdad en tu beso? Has estado distante desde que llegué. He intentado pasarlo por alto, pero tus rechazos me empiezan a doler. Este no era el recibimiento que esperaba. —Más me duele observarla sentada en la cama con su carita entristecida, pero no me atrevo a contarle la verdad.

—No te trato como si fueras una tonta, no lo exageres.

—¿Ahora soy una exagerada, Ana? —Mierda, no hago más que meter la pata.

—Laurita, no te pongas así. Es solo que te estás saliendo de contexto. Vale, sí que me pasa algo. Regresa la cabeza a la almohada conmigo y te lo explicaré. —Más bien mentiré.

—Sabía que había algo más que cansancio, pero me quedaré aquí sentada para ver tu cara cuando confieses que tuviste un desliz con alguien. —¡Es tan inocente! En parte, me causa gracia lo niña que puede llegar a ser en ocasiones, aunque yo también tengo mis momentos similares a los suyos.

—¡Que no te he engañado con nadie, boba! —remarco y tiro de su brazo. En cuanto cae a mi lado, vuelvo a apagar la luz y la abrazo—. Deja la rabieta de niña pequeña y los celos injustificados.

—¡Mira quién habló! Más te vale tener un buen argumento. —Aunque mi amor finge su disgusto, se acurruca conmigo.

—A ver, Laurita, es que el día ha sido muy largo. Tu hermano se ha vuelto a matricular en el insti. Eso me tiene preocupada porque será muy incómodo para los tres. Tampoco sé con qué intenciones lo ha hecho. Sabemos que Eric ha cambiado y me jodería que haya vuelto solo para molestarnos. —En realidad, ese es el menor de mis problemas, pero me sirve para evadir el interrogatorio de mi novia.

—Vaya… Eso no me lo esperaba. ¡Ay, Ani! ¿Y si volvió porque ya lo ha superado y quiere perdonarme? —plantea mi amor, denotando su gran anhelo por reconciliarse con su hermano.

—Laurita, no quiero que te crees falsas ilusiones. Eric se ha vuelto demasiado orgulloso, ya no es el mismo. Él dejó muy claro que nos odia. Yo entiendo su punto, nosotras le fallamos, pero tengo miedo de que quiera vengarse de alguna manera.

—Aunque nos odie, él no es así. Sé que detrás de esa coraza que se ha creado sigue existiendo mi hermano bondadoso. Si está en el insti, tendré más oportunidades para acercarme a él y luchar por su perdón.

—No lo hagas, Laurita. No podemos forzar su perdón. Si de verdad lo ha superado, deja que sea él el que se acerque —le aconsejo.

Yo no comparto las mismas esperanzas que ella y tengo mis razones, por lo que no permitiré que se exponga y que su corazoncito sufra más de lo que ha sufrido ya.

—Vale, esperaré a ver qué pretende… —Laurita se sacude entre mis brazos y comienza a acariciar mi torso—. Entiendo que te preocupes, pero no me parece un motivo suficiente para que no quieras un poco de amor de tu novia.

—En serio, estoy muy preocupada. —Me resisto, pero ella persiste con la tentación. Su mano dibuja mi silueta despacio y con sensualidad.

—Ani, relájate. Porque te has portado bien sin mí y porque me cuidas, seré muy, muy buena contigo. Pondré mi lengua a tu servicio —expresa mi amor, seductora, y se lanza a mi cuello como toda una vampiresa. El cosquilleo es irresistible, pero hoy puedo garantizar que mi apetito sexual ha fallecido.

—De verdad, Laurita, esta noche no. Lo siento. Solo me apetece dormir abrazada a ti. Te compensaré en otro momento, te lo prometo —le pido en contra de mi voluntad.

Yo era la primera que soñaba con esta noche lujuriosa y aquí estoy martirizándome por la representación de Aiko en mis pensamientos.

—Bueno, vale. Te tomo la palabra… —Laurita me besa con ternura, me da la espalda y se restriega en mí, se acomoda como un peluche—. Lo siento por haber sido insistente. Te he echado mucho de menos, Ani. Pensarás que soy una pervertidilla, pero yo también soy feliz con solo dormir entre tus brazos.

—Te quiero mucho, Laurita. —Mis palabras son sinceras, pero callan el miedo que libero en lágrimas silenciosas.

Temo que nuestro amor se desvanezca y que la relación que con tanto cariño estamos forjando solo sea algo pasajero…

***

—¡Ani! —Laurita tira de mí en las puertas del instituto. No soy creyente, pero percibo una fuerza maligna dentro de esas paredes capaz de bloquear mis pasos, incluso de estremecer mi corazón—. No se te puede dejar sola. ¡Te has vuelto una lenta y una vaga! Nos pondrán un retraso en nuestro primer día. ¿Así quieres empezar el curso, chica rebelde? Mmm, te falta un poco de motivación para que se te caliente la sangre porque tienes las manos heladas. —Me besa con pasión y me pellizca el trasero—. ¡Vamos! Agiliza las piernas, perezosa.

Lo que Laurita no se imagina es que he provocado que nos retrasemos adrede. Desde el instante en el que sonó el despertador, lo desconecté para que ella se quedara dormida. Yo, de por sí, no pude pegar ojo en casi toda la noche. Tardé en el baño, vistiéndome, desayunando, preparando mi mochila, caminando. Todo para no llegar al instituto, para no cruzarnos con Aiko. Nada me diferencia de un ratón asustado y enjaulado sin ninguna oportunidad para escapar. Tarde o temprano, esa chica vendrá a buscar a mi Laurita y yo no sé qué haré. Por ahora, solo se me ocurre evitar que ese encuentro se produzca y desear que Aiko desaparezca.

Apenas circulan alumnos por los pasillos. Los profesores se dirigen a las aulas para iniciar las clases y nosotras los seguimos. Durante el trayecto, soy la viva imagen de un suricato vigía que rastrea con una mirada enloquecida la presencia de su enemigo. Cada chica menuda y de cabellos negros que percibo me genera un nudo en la garganta y me exprime como a una esponja que chorrea sudores. Para mi suerte, Aiko no figura en los radares hasta que entramos en nuestra aula.

Dentro, Patricia y Roberto, junto a otros compañeros, saludan a Laurita con alegría. Para mí, es un instante de tregua porque sé que Aiko no aparecerá cuando está a punto de comenzar la clase. Sin embargo, la despampanante Marta capta mi atención con su forma exagerada de interponerse en nuestro camino.

—¡¿Laura?! ¡¿Laura Larson?! —exclama Marta, exhibiendo una sonrisa que no le cabe en la boca. Me percato de que mi novia se petrifica y la observa boquiabierta. ¿A qué viene semejante reacción? ¿Y qué pasa con esta Marta? ¿Acaso se conocen?

—Es mi novia —subrayo para marcar mi territorio, por si no le ha quedado claro que andamos cogidas de la mano.

—¡¿Laura es tu novia?! ¡Menudo cambio! ¡Qué bonita te has puesto! —Marta dirige su mano al rostro de mi chica y ella, como acto reflejo, se echa hacia atrás. ¿Qué está pasando aquí? Esto sí que no lo esperaba—. Ya no eres esa niña diminuta y cabezona.

—Marta… —pronuncia Laurita, sosteniendo su expresión de pasmada aún.

—¡Joder! Sigo sin creérmelo. Tenía entendido que ya no vivías en Mallorca. Yo me había mudado con mi familia a la península, pero ellos decidieron volver. ¡Qué suerte que coincidamos!, aunque es normal en esta isla —cuenta Marta con elocuencia, con su mirada clavada en mi chica.

—¿Ya os conocíais? —Necesito respuestas.

—¡Pues claro! —“Pues claro”, ¡ni que fuera tan evidente!— Laura y yo éramos muy amigas en la infancia. ¡Era una niña monísima! —En ese instante, nuestra profesora pone orden y desintegra nuestra charla—. Me alegro de verte de nuevo, Laura. Tenemos que ponernos al día, ¿eh? —¿A qué viene esa sonrisita tan melosa?

***

Desde que nos sentamos en nuestros puestos, Laurita ha estado tan callada como yo. No me extraña su comportamiento de alumna modelo. Lo que me intriga es su constante miramiento con Marta, y esta no ha dejado de voltearse hacia nosotras desde la otra fila para lucir sus dientes.

—¿De qué va todo esto, Laura? —murmuro con sequedad en plena clase, en uno de esos momentos en que sorprendo a mi chica siendo traicionada por su mirada atónita sobre Marta—. ¿Te pongo un cubo para las babas?

—¿Eh? ¿Qué dices, Ani? —¿En serio, Laurita? Ni siquiera disimula su despiste.

—¿Qué? Que se te van los putos ojos con la nueva. No eres ni discreta. ¿Crees que estoy pintada en la pared? —Esto es el colmo. Si esa es su reacción con Marta, ¿qué puedo esperar cuando descubra que Aiko está en el instituto?

¡Joder!, la maldita opresión en el pecho…

—Ani, lo que estás es ciega. —Encima me provoca—. No se me van los ojos. ¿No te has dado cuenta de quién es? Ella fue esa niña que marcó mi vida.

—¿Qué? —pronuncio, estupefacta. ¿Cómo no he caído en que esa Marta fue quien abusó de mi Laurita? ¡Soy una estúpida!, pero esa malnacida se arrepentirá—. ¡Arrastraré a esa hija de puta!

—¡Shh! ¡Silencio en el fondo! ¿O quieres aportar algo, Ana? —me riñe la profesora y varios ojos me acosan.

—Ani, déjalo estar. —Laurita me aprieta la mano para que me controle—. Eso forma parte del pasado.

—Perdón. No tengo nada que aportar. —Tras mi disculpa, la profesora continúa con la clase. Me esfuerzo para contener mis bramidos, pero le dedico a Marta una mirada severa. En cuanto tenga la oportunidad, me va a escuchar.

***

Las horas de clase se han sucedido una detrás de otra cargadas de tensión. Mis ojos, atentos, vigilaban la puerta del aula durante los cinco minutos de descanso entre una asignatura y otra. Todo el tiempo imaginaba a Aiko entrando y convirtiendo mi pesadilla en realidad. Incluso le pedí a Laurita que no saliéramos al patio en los recreos para evitar otro encuentro traumático. No fue difícil convencerla con el argumento de que no me apetecía cruzarme con Eric aún. Además, ella también quería estar a solas y en paz conmigo para que Marta no la persiguiera como una gata en celo. Esa idiota la ha estado atosigando, fingiendo ser la amiga del alma como si nada hubiera pasado. Me faltó poco para ponerla en su sitio, pero me mordí la lengua por Laurita.

El timbre del fin de la jornada escolar acelera mis latidos. En esta ocasión, ralentizar la marcha podría ser perjudicial, por lo que hago todo lo contrario. Guardo mis libros en la mochila como si estuviera saqueando un banco. A su vez, presiono a mi novia para que se apresure recogiendo.

—¡Venga! ¡Va! Tengo mucha hambre y quiero llegar a casa rápido.

—Por la mañana eras una lenteja y ahora parece que tienes un petardo en el culo —se queja Laurita, pero actúa con brío—. No hay quién te entienda. Ya está. Venga, vamos.

—¡Eh! ¡Laura! —Marta nos retiene con su voz babosa—. ¿Quedamos esta tarde por fin?

—Mi novia y yo tenemos planes —respondo en nombre de ambas—. Adiós. —¿Qué pretenderá esta desgraciada? Pero eso no importa ahora. Lo que importa es largarme del instituto con Laurita a la velocidad de la luz.

Tomo a mi chica de la mano y tiro de ella. Recuerdo una de esas escenas donde mi abuela me llevaba a rastras por la ciudad y yo protestaba por su carrera en modo turbo. El dolor en los pies por andar rápido, la lengua afuera, el sofoco. Laurita y yo encarnamos esa vivencia, con el añadido de que los nervios me carcomen.

Me abro camino entre los pitufos a empujones. Bajamos por las escaleras como si nos hubiéramos lanzado por un tobogán. En todo momento, mis sentidos rastrean a Aiko, pero no la perciben. Creo que he conseguido dejarla atrás. Hoy se quedará esperando en la entrada del aula como una idiota.

La puerta hacia el exterior del instituto está a pocos metros. Nos acercamos a ese resplandor de la libertad que parece divino, como la típica luz al final del túnel que todos mencionan. Mis ojos se aferran a ella como la vía de escape, por lo que apresuro mis pasos.

Watashi no mūn —pronuncia alguien en las inmediaciones y Laurita se detiene abruptamente.

***

LAURA

¿Por qué la vida es tan cruel? ¿Por qué el destino me castiga de esta manera?

Duro iba a ser soportar la presencia de mi hermano en el instituto a sabiendas de que me odia, de que rechaza nuestro vínculo familiar, de que para él estoy muerta. ¿Y ahora Marta Alonso, la chica que quise tanto como odié, regresa a mi vida?

Marta, mi primer amor. Marta, mi verdugo. Mirarla a los ojos después de tantos años ha nublado mi juicio. Ella cambió mi forma de ser, y me vengué en su día, pero nunca consideré que fuera suficiente vendetta por lo que me hizo. Al tenerla delante de mí, he saboreado aquella imagen de chica de cabellos de chocolate que anhelaba besar a la vez que he deseado empuñar unas tijeras y destrozarle el pelo. No fue fácil disimular mis espasmos frente a ella y Ani.

He pasado todas las horas de clase intentando comprender su conducta y decidiendo cómo afrontar su presencia. Por alguna razón, Marta me trata con cordialidad, como si fuéramos las viejas amigas de la infancia. ¿Tal vez se arrepintió de sus actos y quiere redimirse como mi Ani, como Patricia o como… yo misma? ¿O sigue siendo la misma víbora traicionera? Sospecho que pasó algo entre ella y Ani antes de que mi Ani supiera su identidad, eso explicaría lo rara que ha estado desde ayer y el motivo por el que me lleva con el corazón en la boca hacia la salida del instituto.

Intuyo que Marta coqueteó con Ani ayer hasta confundirla o la propia Ani tuvo sentimientos encontrados porque le gustó a primera vista y se sintió mal por ello. Soy consciente de que Marta podría ser de su tipo físicamente por el parecido que guarda con Flor. Estoy segura de que algo más, aparte de mi hermano, perturba a mi Ani y debe ser eso. Me hierve la sangre imaginar que Marta pretenda sabotear mi relación o que mi Ani se fije en ella. Pienso indagar. Cuando descubra la verdad, sabré qué hacer con Marta…

Watashi no mūn. —Mi piel se eriza al instante y mis piernas se bloquean. La mano de Ani se resbala de la mía por el propio impulso que ella lleva. “Watashi no mūn”. “Mi luna” en japonés, pronunciado por la dulce voz que me alegraba las mañanas y me arropaba en las noches, una voz que no volvería a escuchar más allá de mis sueños y mis recuerdos.

Hipnotizada, me volteo para seguir el hilo de ese majestuoso trino oriental, aunque solo sea una alucinación. “Mi Luna”. Así me llamaba Aiko. Así me susurraba al oído cuando me declaraba su amor. Así me decía para endulzar nuestros desayunos, nuestros paseos románticos y nuestras pasionales citas nocturnas.

—Aiko… —El mundo se detiene a mi alrededor cuando reconozco a mi alma gemela acercándose a mí. Mis lágrimas se precipitan ante el milagro, así como mis palpitaciones se disparan igual que la primera vez que la vi en aquella sala de juegos en Japón. ¡Mi Ai!

Watashi no mūn, he venido por ti. —Me entrego a la voz y a la silueta que me hacen temblar.

Aiko me toma por la cintura y funde sus labios con los míos.

LAURA

“¡Qué zorra!”

“¡¿La ha besado delante de su novia?!”

“¿Esa es la que le robó la novia al hermano?”

Incontables comentarios venenosos naufragan en el mar en calma que me aísla del mundo. Las voces se extravían en la inmensidad del acogedor silencio que protege mis sentidos. La serenidad solo pretende que sienta en su totalidad el roce de los labios que me enloquecieron una vez. Esos labios de seda acarician los míos como en nuestro primer encuentro, los revitalizan con tal fuerza que me confirman que esto no es una alucinación. Son los labios de mi Ai…

Una mano tira bruscamente de mi brazo. Su hostilidad rompe la burbuja que me poseía como si me raptara de un sueño vívido y mágico. Recibo el golpe más duro cuando mis ojos chocan con la realidad que me rodea. Caras anónimas ocultas tras teléfonos que graban, sonrisas burlonas, miradas juzgadoras, Marta expresando un descarado asombro, mi querido hermano negando con la cabeza…

—¡¿Qué coño haces?! —Pero es el rostro de mi Ani empapado por las lágrimas el que me destroza. Su voz temblorosa potencia mi sentimiento de culpa.

Paralizada, no logro articular ni media palabra. Mi lengua cobarde se refugia en lo más profundo de mi boca como un roedor que se oculta en su madriguera. Soy tan lamentable que mis ojos buscan dividirse entre mi Ani y mi Ai mientras lloran impotentes. No sé qué hacer…

—¡Joder! —La mirada afligida de Ani se reparte entre nosotras, especialmente sobre mí para dedicarme su decepción.

Un segundo después, Ani huye corriendo. Soy tan miserable que mi cuerpo no reacciona, permanece sembrado en medio de esta jauría de cotillas.

—Mi Luna, lo siento. —La voz tranquila de Aiko me distrae de todo este absorbente malestar, pero, a su vez, alimenta mi confusión—. No pude evitarlo después de tanto tiempo. Tampoco sabía lo vuestro. Por favor, ve con ella. Podremos hablar luego, te enviaré mi dirección.

En cierto modo, necesitaba esa comprensión de Aiko para aclarar mis prioridades. Aunque ansío obtener respuestas, no puedo permitir que mi Ani sufra.

***

He perseguido a mi novia hasta la casa. Ani corría con tanto ímpetu que sentí que perdía su corazón en cada zancada, dejando tras de sí una lluvia de lágrimas que se estampaba contra mi cara como gotas de dolor.

—Ani, ¡por favor!, hablemos —le ruego mientras atravieso el salón de la casa de sus padres a toda prisa.

—¡No quiero hablar! —Ani da un portazo y oculta su sollozo en nuestra habitación, pero eso no impide que yo entre.

Me entristece su desolada forma de tirarse en la cama, apegarse a una almohada y ahogar su llanto en ella.

—Por favor, no te pongas así. Me duele verte llorar —expreso con sentimiento y me detengo al pie de la cama.

—¡¿Que te duele?! —Ani me lanza una mirada tan melancólica como despiadada—. ¿Y cómo coño crees que me siento yo? ¡La besaste delante de todo el mundo! ¡Me has dejado como el hazmerreír del puto instituto!

—Yo no la besé… —alego en mi defensa.

—¡¿No?! —me interrumpe Ani con agresividad, incluso se incorpora sobre la cama como una leona furiosa—. ¡¿No la besaste?! —Su cólera es tal que me tira la almohada, apenas consigo protegerme del impacto—. ¡¿Cómo puedes ser tan descarada?!

—Ella vino a mí, Ani. Es Aiko, ¡me quedé bloqueada! —le aclaro, pero el fuego de los ojos de mi amor se expande hasta evaporar las lágrimas.

 —¡Mentirosa! ¿Me tomas por ciega e idiota? ¡Os vi! ¡Os metisteis la lengua hasta la garganta! ¡¿Cómo pudiste hacerme eso en mi propia cara?! —Ani me dispara la otra almohada, que esquivo por mero reflejo. Sin embargo, persiste en lanzarme todo lo que tiene a su alcance entre cada grito de rabia—. ¡La besaste! ¡Te comió la boca!

—¡Para, Ani! —le pido mientras me cubro con las manos. Hacía tiempo que no la veía tan histérica, lo cual representa el sufrimiento que le he causado.

—¡¿Por qué no paraste tú, mentirosa?! ¡¿Crees que no vi cómo restregabas tus labios con los suyos delante de mis narices?! ¡No tienes corazón!

—¡Por favor, para! —La lamparita de noche ha sido lo último en reventar a mi lado—. Si no me quieres creer, al menos perdóname por el descuido e intenta comprenderme.

—¡¿Qué coño?! ¿Te estás burlando de mi inteligencia? ¿Que comprenda cómo le comías la lengua a esa cabrona aprovechada? —Entiendo que esté dolida, pero está fuera de sí.

—Aiko no es ninguna cabrona aprovechada. —Ana la juzga sin conocerla y no se lo pienso consentir por muy afectada que esté—. Es más, se disculpó por lo que pasó.

—¿Encima la defiendes? ¿Os coméis la boca, me ridiculizáis delante de todos y la mala soy yo? —Ana comienza a tergiversar todo, no soporto que haga eso.

—¿Por qué tienes que llegar a los extremos? Si fueras más lista, entenderías que estoy aquí porque me importas, porque quiero explicar lo que pasó y que me perdones. Pero no, tú no puedes poner de tu parte. Se te olvidó que has hecho cosas peores. No solo te besaste con Víctor, sino que también te acostaste con Flor y te metiste mano con tu prima. —No pretendía reprocharle los errores del pasado, pero no he podido contenerme. Un torbellino de sentimientos dañinos gana terreno en mi pecho.

—¿Te estás oyendo, Laura? —El volcán de Ana sustituye el río de lava por el llanto otra vez—. Me menosprecias y te vales de esa mierda para justificar tu puta traición. Sabes muy bien que eso no fue así y que no es igual a lo que hiciste. Yo no busqué nada de eso y lo impedí, a diferencia de ti, que te entregaste de lleno. Parece que a ti también se te olvidó que me trataste como a la mierda cuando te supliqué perdón por lo de Flor.

—En lo único que tienes razón es en que son cosas bien distintas. Tú no puedes entender lo que significa creer durante años que el amor de tu vida está muerto y descubrir que todo ha sido una mentira.

—¿El amor de tu vida, Laura? —El sollozo de Ana se agudiza—. ¿Ves cómo querías ese puto beso?

—¡Para ya, Ana! Te vales de todo lo que digo para hacerme sentir peor. ¡Eres una desconsiderada! —He sucumbido ante la irritación.

—Una vez me dijiste que yo era tu mayor decepción, ¡pero tú también lo eres para mí! —Esas crueles palabras de Ana quiebran mi corazón.

¡BIBIBI!

Prefiero revisar el mensaje que he recibido antes que supurar más amargura por su culpa.

Watashi no mūn, siento lo de antes. Espero que todo se arregle. Si necesitas hablar, ven a esta dirección…

Aiko me ha escrito a través de mi cuenta de Instagram, indicándome un lugar al que acudir para encontrarnos.

—Es ella, ¿no? Y dices que no es una cabrona aprovechada. —Ana me enerva con sus reiteradas idioteces.

—Pues para que te quede claro, solo se asegura de que estemos bien —remarco con dureza—. Me voy a tomar el aire porque no llegaremos a ninguna parte hasta que te calmes.

—¿Por qué no dices claramente que vas a verte con ella? ¿No os bastó un beso? ¿Ahora vais a follar también para completar el reencuentro?

—¡¿Ves que exageras todo?! —Me apena la expresión entristecida de Ana, pero ya no aguanto más su victimismo tóxico—. ¿Quieres que lo admita? Pues lo admito, ¡voy a verme con Aiko porque necesito respuestas! Me da igual que tengas una imaginación tan retorcida. Vine detrás de ti como una perrita porque quería arreglar lo nuestro, pero no te importó, así que ahora voy a pensar un poco en mí sin que condiciones mi vida.

—Te quedó muy bonito el “si fueras más lista, entenderías que estoy aquí porque me importas”, casi que me lo creí, pero, si fueras más lista, sabrías que cuando te importa alguien no lo dejas con la palabra en la boca para atender el teléfono y quedar con otra persona. ¡Vete a la mierda, Laura! —Ana vuelve a regocijarse en su lloriqueo sobre las sábanas.

Siento mucho que se desmorone de esa manera, pero no me retendrá con esa actitud.

***

He tenido que marcharme de la casa antes de que Ana me contaminara con su aura negativa. Todo se ha estropeado por un beso inocente, un beso inofensivo que solo simbolizaba lo imposible siendo posible. Ana es demasiado mundana para comprender los entresijos del destino. Aiko ha vuelto a mí por alguna razón, y tras esa razón se esconde la verdad sobre que me hicieran creer que ella estaba muerta durante tanto tiempo. Por encima de reencontrarme con Marta y del regreso de mi hermano, mi mente se ha obsesionado con hallar una explicación sobre Aiko desde el instante en que confirmé que la tenía delante de mí. Aun así, me aflige haber herido a mi Ani. Detesto que nuestra relación se tambalee por mi descuido y su testarudez.

Mi mente se ha saturado con ambos asuntos. Quizás aclarando lo que pasó con Aiko todo vuelva a la normalidad, por eso estoy frente a la puerta de su apartamento tocando el timbre… Pero me estaría engañando a mí misma si negara que lloro no solo por Ana, sino también por mi anhelo de abrazar a Aiko como debí hacer cuando la vi.

—Mi Luna, has venido. —Ai me recibe con el mismo agrado que cuando la conocí. Sonrisa cálida. Porte tan relajado como refinado. Simple, pero elegante con su vestido floral de corte japonés. ¡Qué linda es! Despide tanta paz que siento que escapé del infierno para entrar en el cielo.

—¡Aiko! —Me abalanzo sobre ella. La acojo entre mis brazos con una temblorosa firmeza. Vivo la mezcla de la alegría de verla con vida y la nostalgia del amor tan puro que vivimos. Si no hubiéramos tomado aquella estúpida decisión que nos separó…

Watashi no mūn… —Aiko se aferra a mí. Sé que llora también porque sus lágrimas humedecen mi camisa.

Los segundos se pausan durante nuestro enternecedor abrazo. Había soñado y deseado vivir otro momento como este desde el día que la perdí. Hoy puedo afirmar que la fresca fragancia que percibo en sus cabellos es más que un recuerdo, es real.

—Te eché tanto de menos. Estuve tan perdida sin ti —confieso con debilidad, siendo presa de un ligero roce entre nuestros pómulos que, cuando éramos novias, representaba uno de nuestros gestos de amor—. ¿Cómo es posible que estés aquí? Me habían dicho que habías… muerto.

—En cierto modo, estuve muerta sin ti. No te olvidé ni un solo día. —Aiko seca mis lágrimas y yo, las suyas. En mitad de toda la ternura que destila, me percato de que su nivel de español es mucho más avanzado que lo poco que había aprendido conmigo—. Te eché mucho de menos, mi Luna. Pero el tema de nuestras muertes puede esperar un poco. Me preocupas. He notado tu pecho alterado. ¿Está todo bien? No debí besarte…

—No es tu culpa. He discutido con Ana y… —Debería medir mis palabras. Si Aiko me sigue amando, tal vez le duela que hable de mi relación—. No estoy bien, pero no importa. Eres alguien especial para mí, no podía ignorar que he vivido una mentira durante tres años. Ella lo entenderá.

—Es mi culpa. Yo sabía que había algo entre vosotras, pero no sabía que era una relación seria porque… seguía pensando que no me habías olvidado… —Aiko exhibe una sonrisa ingenua—. Yo se lo explicaré.

—No creo que sea una buena idea. Eres la última persona en el mundo que desea que se le acerque. —¿Aiko sabía sobre nosotras? Debe tener mucho para contarme.

—Sí, creo que tienes razón. Ayer intenté acercarme a ella, pero… —relata Aiko, sorprendiéndome.

—¿Has dicho “ayer”? —cuestiono con asombro.

—Sí, ayer. Averigüé tu aula para buscarte, pero no estabas. Reconocí a Ana por tus fotos de Instagram. —¿Sería así como supo lo nuestro? Seguro que sí—. Quise presentarme para preguntar por ti, pero ella… —Aiko arruga las cejas y fuerza una media sonrisa—. No fue muy amable, prefiero no repetir sus palabras vulgares. Entonces no quise molestar. Debí sobreentender que sois novias y que ella estaba celosa. Perdón, tampoco debería hablar mal de ella a sus espaldas.

—No, no has dicho nada malo, es solo que no lo sabía… —¿Y Ana me llamó mentirosa? ¡Ella es la mentirosa! ¡¿Cómo pudo ocultarme algo tan importante?! Pero me va a escuchar… Y la pobre Aiko piensa que es una ofensa contarme la verdad, cuando Ana la ha insultado y juzgado sin piedad, por lo que no me extraña que haya sido ruda con Aiko. ¿Por qué no cambias, Ana?

—Oh… Tendrá sus razones para callar. Pero dejemos eso a un lado. Adelante, por favor. —Aiko me invita a pasar—. Estoy siendo descortés con la persona más especial de mi vida. Te noto más tensa. Te sentará muy bien el té de melisa que preparo.

—Gracias, Aiko. Siempre has sido muy atenta conmigo. —Entro en la casa y ella cierra la puerta.

—No esperes menos, watashi no mūn. —La sonrisa de Aiko se transforma en una expresión de lamento—. Lo siento por usar ese apodo, no lo volveré a hacer. Es la costumbre…

—No me molesta, Aiko. Muchas veces que he pensado en ti lo hago como Ai. —Echaba de menos este nivel de educación, pendiente de cuidar cualquier detalle que pueda resultar ofensivo.

—Siempre que me decías así cuando… —Aiko se abruma, disimula el gesto travieso de sus labios. Puedo intuir lo que acaba de dibujarse en su mente—. Son tantos recuerdos. Perdón. Mejor te enseño el apartamento y nos sentamos para beber el té.

***

Desde luego, a Aiko no le faltan las comodidades. El apartamento que ha alquilado está en el último piso de un edificio ubicado en primera línea frente a la playa. Las vistas en el balcón abarcan toda la bahía y más allá. El ruido de la calle concurrida apenas se aprecia, parece que está a kilómetros de distancia. Estoy segura de que escogió este lugar para estar aislada y potenciar la paz que tanto le gusta.

—Llegué hace pocos días, por eso no he terminado de instalarme. Disculpa por el desorden que encontrarás —comenta Aiko durante el recorrido.

Lo que ella cataloga como desorden es el cúmulo de objetos en sí, pues hasta las maletas y cajas apiladas en una habitación están tan perfectamente colocadas que parecen parte de la decoración. Soy yo en un nivel superior, mucho más superior porque me he relajado demasiado con Ana en ese aspecto. Aiko ama el diseño minimalista, simple, desahogado, por eso escasean los muebles y los objetos decorativos en cada zona de la casa. Los espacios lucen mucho más amplios gracias a eso. También influye la mezcla del blanco con el tono pálido de madera de las paredes, el suelo de parqué y el mobiliario, agregando un toque de color con una planta, concretamente una menta plantada en una maceta con forma de cesta blanca. Apuesto a que ella encargó que el apartamento estuviera en estas condiciones para su llegada, así entraría directamente en su nuevo nido de paz celestial.

—Y esta es la habitación que he destinado a la creatividad. —Aiko me muestra el último cuarto con emoción. En efecto, lo decora como un despacho. Me encanta que ocupe algunas estanterías con nuestras colecciones de mangas favoritas y algunas figuras, todo ordenado con suma precisión, y a donde me acerco tentada—. Sabía que te gustaría. Traje algunos tomos de Japón, pero también compré otros en español para practicar el idioma. En el otro lado tengo mis revistas de diseño de interiores y exteriores. Aquí podré practicar caligrafía también. —Uno de sus pasatiempos favoritos—. Pero creo que pasaré más tiempo en la sala inspirándome con el mar. —Ambas sonreímos—. Aún me falta mucho por desempaquetar. Si quieres, puedes venir a ayudarme otro día que todo esté mejor.

—Claro que sí. —Dudo que a Ana le siente bien, pero no me importa, tiene mucho por lo que responder cuando nos veamos. Ahora debo mantener la calma porque estoy con Aiko y quiero que compartamos un rato agradable, que recuperemos el tiempo perdido—. Entonces has seguido diseñando… —Ojeo algunos bocetos que hay sobre el escritorio.

—Sí. En realidad, no sabía qué hacer cuando te perdí. Mis padres insistían en que fuera modelo o actriz, aunque mi nueva cicatriz era un contratiempo. —Aiko acaricia la silueta que nos apartó en su muñeca. Yo debería ocultar la mía, es pronto para que vea el tatuaje, pero, siendo ella, es probable que ya lo haya visto o que lo perciba cuanto más lo esconda. Si no surge el tema, no lo mencionaré para no herirla con el significado del dibujo—. Pero ya sabes que eso no me apasiona, que no me gusta estar rodeada de gente aprovechada. Cuando supe que no habías muerto, recuperé mi ilusión y retomé mi interés por el diseño. Mis padres no lo valoran igual. Como siempre, creen que merezco algo más grande digno de mí, pero sé que solo piensan así porque cargan con la culpa de que no supieron protegerme en el pasado y de algo más… Por eso, aunque no valoren mi elección con la misma importancia que una carrera de fama, me apoyan y me financian con su fortuna.

—Al menos, están a tu lado y nunca se opusieron a nuestra relación. Tienes el talento para dedicarte a lo que quieras, Aiko. Yo también estaré a tu lado para apoyarte como solía hacer. —La voz serena de Aiko me relaja incluso tratando asuntos sentimentales. Es fácil empatizar con ella y desear abrirle mi alma—. Viviré una situación similar a la tuya cuando decepcione a mis padres diciéndoles que no estudiaré empresariales porque quiero seguir mi propio camino. No quiero ser responsable de sus empresas por obligación, prefiero que las herede mi hermano, que merece todo más que yo.

—Y yo estaré contigo para ayudarte a crecer en la dirección que elijas, watashi no mūn… —Aiko y yo compartimos una mirada intensa y magnética hasta que ella parpadea—. Ven. El té nos espera… y verdades difíciles de digerir.

***

Aiko sirve el té con sumo cuidado en la mesa de la sala. Luego, trae un plato con mochis, esos deliciosos pasteles japoneses que me hacen la boca agua.

—Te brillan los ojos —contempla Aiko, sonriente—. Tengo una maleta llena de dulces que te encantan y aprendí a elaborar algunos siguiendo las recetas.

—Conoces mis puntos débiles. —Puedo afirmarlo en todos los sentidos posibles—. Yo también aprendí a cocinar algunos platos, así que te invitaré a comer algo preparado por mí.

—Estoy deseando probar. Yo pondré el postre. —Una parte de mí percibe cierta insinuación en esas palabras acompañadas de una mirada y una sonrisa juguetonas, prácticamente revivo antiguos hábitos nuestros—. Pero hoy necesitarás azúcar para afrontar lo que tengo que contarte. —La intriga sobre la verdad me inquieta, consigue que me olvide de todo lo demás, incluyendo mi situación con Ana.

Aiko se sienta a mi lado, ambas de cara a las vistas que dan al mar. Me indica que coma y que beba, lo cual hago para saciar el apetito que había perdido por culpa de mi discusión con Ana. El nudo en mi garganta persiste, pero mi cuerpo se entrega al capricho de alimentarse, y nada mejor que nutrirse con algo tan delicioso.

—Te lo contaré en inglés para no perder detalles… —Aiko muerde un mochi con suavidad, saborea el dulce igual que degustaba mis labios en cada beso, y continúa hablando en inglés—. Todo se tornó blanco y negro en aquella bañera. Un abismo de silencio me engulló, pero la imagen de tu rostro perduró en mi retina. Renací en un campo floral. Allí estabas tú esperando por mí junto a nuestra casita. Éramos felices solas. Tuve la sensación de haber despertado de la pesadilla que vivíamos para darme cuenta de que estaba en el lugar adecuado con mi alma gemela. Nadie nos molestaría en nuestro paraíso. La eternidad que teníamos por delante me sabía a poco… En una de nuestras amorosas mañanas, nos besamos bajo el radiante sol junto al lago. El aroma de las flores se intensificó tanto como los rayos del sol. Deslumbrada, contemplé el desvanecimiento de nuestro mundo, tu desvanecimiento, y el sol se convirtió en el foco de una lámpara en el hospital. Al comprender que me habían arrebatado mi sueño, solo tuve fuerzas para llorar porque mi cuerpo no respondía.

Aiko me conmueve con su relato. En su mente vivió lo que deseaba para ambas. Cada palabra que pronuncia con delicadeza transmite la misma aflicción que su rostro.

—Cuando recuperé la consciencia y la movilidad de mi cuerpo, exigí verte. La gran mentira y mi inestabilidad mental surgieron en ese instante. —Me identifico muy bien con esa vivencia de Aiko—. Afirmaron que habías muerto, pero yo no lo acepté. Me arranqué las vías intravenosas y salté de la camilla. Tenía dificultades para andar porque estaba débil, pero me valí de cada pared y cada columna para sostenerme mientras corría por los pasillos del hospital gritando tu nombre. —Aiko no puede contener las lágrimas, y yo tampoco. Estoy segura de que lloró con más fuerza por mí en aquel momento porque yo hice lo mismo—. Los médicos tuvieron que reducirme y sedarme. Barajaban la opción de internarme en algún centro por mi intento de suicidio, pero mis padres prefirieron que regresara a Japón. Yo no quería irme sin verte. Si de verdad te había perdido, deseaba asistir a tu funeral, honrarte y dedicarte mis palabras de amor. Al menos, habría querido visitar tu tumba antes de reunirme contigo. Sin embargo, me negaron todo. Nadie me habló de tu funeral. Nadie me dijo dónde podía encontrar tu estela. Incluso me escapé de mis padres para buscar la casa de los tuyos, pero ellos se habían mudado sin dejar rastro. Le rogué a mi padre que moviera hilos para encontrarlos, y tampoco obtuve nada.

—Vivimos prácticamente lo mismo, Aiko, solo que a mí sí me internaron —expreso, llorosa.

—Yo no lo entendí. Te habían borrado de mi vida por completo. Tus redes sociales habían desaparecido, tu número también. No tenía un lugar tuyo donde grabarte mis sentimientos, aunque nunca los fueras a ver. Aquello terminó de destrozarme. Encerrada en Japón, intenté quitarme la vida en dos ocasiones más porque no podía seguir sin ti, sabiendo lo injusto que había sido perderte por mi decisión mientras yo seguía respirando. Pero ni siquiera me permitieron morir en paz.

Aiko bebe té como si así pudiera aliviar el dolor que reencarna en nuestras memorias. Yo la imito porque me pesa que ella haya intentado suicidarse otra vez por mí cuando ese no era el camino correcto que habría deseado para ella.

—Pasé mucho tiempo enjaulada, ausente de mí misma, llorándote, rememorando nuestro amor. —Exactamente como yo—. Adelgacé tanto que estuve una temporada con sueros. Entonces, un día tuve la idea de explorar tu isla natal, a la que me habías prometido que me llevarías para declararme tu amor, y navegué por Instagram en busca de todas las etiquetas de Mallorca para conocer la isla a través de otros como si fueras tú mostrándome tus lugares favoritos. Deslizando y deslizando, una publicación me estremeció de la cabeza a los pies, me hizo sentir viva. Eras tú en una fiesta, alegre, divirtiéndote con otros. No lo podía creer. Enseguida indagué hasta rastrear tu cuenta nueva y confirmar que eras tú y no una chica parecida.

Así fue como Aiko me encontró.

—Por un lado, lloré de felicidad porque estabas viva y el destino me brindaba otra oportunidad para estar juntas. Quise escribirte y comprar un billete de avión al instante, pero no quería que me vieras en mi estado deteriorado, además de que sabía que tampoco me permitirían salir de mi cautiverio por mi historial clínico. Primero debía recuperarme y mostrar un cambio de actitud progresivo para resultar convincente. —Todo en ella sigue representando que somos almas gemelas, pues yo hice lo mismo cuando decidí conocer a Ana—. Me casé con la paciencia y la fuerza de la ilusión de reunirme contigo de nuevo para superar aquellas barreras. Aproveché los meses para estudiar español muy duro y restaurar mi mente y mi cuerpo mientras vivía tu día a día a través de tus fotos. —En otras palabras, Aiko sigue enamorada de mí porque soy el motivo de que ella esté aquí—. Pero, por otro lado, sufrí por el desengaño de saber que estabas viva. Eso solo podía significar que las personas más cercanas a nosotras nos habían mentido. Esa es la verdad que deduje, Laura. Yo sé que tú me habrías buscado si no te hubieran contado la misma mentira. Tus padres y los míos nos hicieron creer que habíamos muerto para separarnos.

—Aiko… —La verdad agrieta mi alma hasta romperla en pedazos. ¿Por qué no fui lo suficientemente lista para darme cuenta de las evidencias que tenía delante de mis narices? Estuve cegada por el dolor, demasiado cegada como para tragarme esa sarta de mentiras para justificar que no pudiera contemplar el cuerpo de Aiko una vez más, la mudanza, el cambio de teléfono, ¡todo! ¿Cómo han podido mis padres ser tan crueles para jugar con mis sentimientos de esa manera? Ellos sabían que Aiko era todo para mí—. ¡Llamaré a mis padres ahora mismo y los pondré en su sitio! ¡¿Por qué nos hicieron algo tan cruel?! —chillo, consumida por el dolor y el rencor, derramando lágrimas amargas.

—Yo me sentí igual que tú, pero debes ser más inteligente. —Aiko impide que use el teléfono y toma mi mano—. No los llames.

—¡Pero nos jodieron! ¡Ellos se interpusieron en nuestra relación cuando debían ser los primeros en apoyarnos!

—Siempre te lo he dicho. Las personas son egoístas y eligen por los demás pensando en sí mismas. Nuestros padres no iban a ser la excepción. Solo se puede confiar en las almas gemelas, en las personas que están a nuestro lado para impulsarnos a seguir adelante sin esperar nada a cambio y a costa de su propio sacrificio si fuera preciso. —Aiko me consuela con una caricia en mi mejilla que deriva en un abrazo—. Es mejor dejarlo correr y pasar inadvertidas. Mis padres creen que estoy aquí por un interés cultural, de formación y profesional. No saben que he descubierto su gran mentira. Tú deberías guardar el secreto también. Aunque eres mayor de edad y puedes decidir libremente, aún dependes económicamente de ellos y, siendo realistas, si tus padres se enteraran de que estoy aquí, podrían arruinarnos la vida por tal de apartarte de mí.

Aiko tiene razón. Si mis padres fueron capaces de orquestar semejante mentira para alejarnos, puedo esperar cualquier artimaña por su parte para separarnos otra vez. Temo que recurran a una bajeza que pueda dañarla emocionalmente.

—Ten paciencia. Aprovecha tu juventud para divertirte, centrarte en los estudios y trazar tu rumbo. Después de graduarte en la Preparatoria, tendrás tiempo para trabajar y formarte en lo que quieras, independizarte económicamente y asumir otras responsabilidades, momento en el que podrás demostrarles a tus padres que cometieron un error, que estaban equivocados sobre nosotras, ya que verán que volvimos a estar juntas y que eso no impidió que desarrollaras tu vida normal. Entonces, podrás decidir qué hacer con ellos, si cortar el cordón umbilical para siempre por mentirosos o darles una oportunidad si se arrepienten. Yo lamento haber tomado la decisión errónea del suicidio en el pasado y haberles puesto en bandeja que nos separaran. Debí pensar mejor y trazar un plan hasta que cumplieras los dieciocho. Luego, nos habríamos fugado a donde hubiéramos querido. Me equivoqué, opté por la vía más rápida para escapar de nuestro sufrimiento y solo conseguí prolongarlo. Te fallé, watashi no mūn. —El sollozo de Aiko se funde con el mío.

—¡Lo siento mucho, Aiko! Siento que mis padres nos arrebataran nuestras vidas y nuestro amor. ¡Lo siento tanto! —Me derrumbo sobre su hombro.

—Tú solo has sido una víctima, no lo sientas. La experiencia me ha vuelto más fuerte, así que te prometo que ya nada ni nadie podrá separarnos, watashi no mūn.

Ai y yo frotamos nuestras mejillas como solíamos hacer. Nuestras lágrimas se consuelan unas a otras con el roce de nuestra piel. La reconfortante sensación nos guía hasta el encuentro de nuestros labios.

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26 comentarios en “La hermana de mi exnovio 1”

    1. En efecto, en Wattpad está más adelantada y sin las escenas de Laura a partir del capítulo +30 aproximadamente, pero aquí funcionará de manera distinta. Los miembros tendrán una percepción diferente al respecto, ya que cuentan con acceso a los extras de «LHDMN 1 y 2» y de «LNDMH 1», y este finde, como anuncié en Instagram, podrán leer el capítulo extra que cierra esta primera parte de «La hermana de mi exnovio». A partir de aquí, iré subiendo los capítulos de la siguiente parte revisados, donde los miembros contarán con las escenas de Laura.

    1. Los findes son los días que libro y los que normalmente puedo dedicarle a la escritura, además de que hay que tener en cuenta que escribir un capítulo me puede llevar de 8 a 14 horas según la longitud y otros factores. Todo esto lo hago en mi tiempo libre. Una de las bases de la web es alcanzar el apoyo suficiente como para poder dedicarme exclusivamente a escribir. En estos apartados hablo al respecto: https://luisebermudez.com/faqs/ https://luisebermudez.com/autor/

        1. ¡Un placer! Con el capítulo extra que publicaré hoy cerraremos este primer tomo de «La hermana de mi exnovio». A partir del siguiente, subiré los capítulos revisados porque ya empezarán a aparecer las escenas faltantes de Laura y será una experiencia de lectura diferente. ¡Me alegra que estés disfrutando de la historia! Gracias por valorar el esfuerzo.

  1. Hola Luis, no logro entender del todo. ¿En Wattpad está mas adelantada? ¿Y aquí están los extras que no estan wattpad o apenas los vas a subir? De ser asi para volverme a leer todo jajajaja

    1. ¡Hola! En Wattpad está parcialmente más adelantada. Aquí estará todo completo y revisado, ya que será el contenido definitivo para la posterior publicación en Amazon. Con «todo» me refiero a los capítulos extras, a las escenas de Laura que faltaban desde el capítulo 31 (el 5 en LHDME 2) y algún que otro cambio que pueda haber. Casi que te recomendaría leer todo o, al menos, los capítulos desde LHDME 2 para que entiendas mejor el contexto de las escenas de Laura. Es mejor refrescar los detalles, jeje.

  2. Al fin tengo una mínima idea de lo que sufrió la Voldemort, aunque aún así en algo si estoy deacuerdo con la madre de Laura. Es que está es una perra egoísta, que no le importa dañar a los demás con tal de conseguir un beneficio propio.

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