Contenido +18

Este sitio incluye novelas y relatos con escenas explícitas para adultos. En ocasiones también pueden aparecer imágenes artísticas de carácter sugerente.

Al continuar, confirmas que tienes 18 años o más y que este tipo de contenido es adecuado para ti.

De Flor

¿Alguna vez te han calentado la cara de un balonazo?

A mí sí, y te aseguro que duele… ¡mucho! Pero una se acostumbra, ¿sabes? Al tercer balonazo, sientes que el entumecimiento de la cara se alivia más rápido. No significa que te hayas vuelto masoquista —o sí, quién sabe, ¡je, je!—, sino que te has adaptado y afrontas mejor ese grado de dolor. Es probable que incluso presumas de que el daño ha sido insignificante, como si te hubieras vuelto invencible.

Luego, un día cualquiera, no recibes uno, sino dos balonazos seguidos. El segundo te impacta con más violencia y llega tan rápido que ni siquiera te permite asimilar el primero. Más bien causa un efecto acumulativo de daño. Es entonces cuando te desplomas y te das cuenta de que no eres tan invencible como creías.

Por desgracia, a veces la vida nos golpea sin piedad cuando menos lo esperamos. Ataca nuestro punto débil de tal manera que desmorona nuestra fortaleza y perdemos nuestra confianza en nosotros mismos. No te sientas mal por flaquear ante una situación adversa que pensabas que tenías bajo control.

Llora si quieres llorar. Grita. ¡Corre! Lo importante es que te desahogues.

Verás que la herida sanará y que el dolor se disipará. Recordarás que ya habías vivido algo similar con el primer balonazo y sabrás que, como esa vez, superarás las adversidades y seguirás adelante.

Nunca perdiste tu confianza, solo te estabas adaptando.

Puede que no seamos invencibles, pero tenemos una voluntad de acero, corazón.

¡Ni cien balonazos seguidos podrán con nosotras!

¡Arriba ese espíritu!

Pd: Baby, si estás leyendo esto, no te emociones con los balonazos cuando juguemos vóley, ¡eh!

Deja un comentario

error: ¡¡Contenido protegido!!
Scroll al inicio