“¡Pío! ¡Pío!”, chilla el pichoncito que cae desde la copa de un árbol.
La pobre criaturita acababa de salir del cascarón y un mal paso la ha arrojado fuera del nido. Aunque sobrevive a la caída, no es más que un desdichado animalito indefenso que ha quedado expuesto a merced de las alimañas. Una vil serpiente se arrastra confiada, dispuesta a cazar a su desamparada presa. ¿Quién protegerá al endeble pajarillo? ¿Los padres que abandonaron a su cría? ¿Las otras aves que velan por sus nidos? ¿Otras alimañas que pretenden aprovecharse de su desgracia?
¿Quién te protegerá cuando flaquees, pichoncito? El mundo está lleno de arpías como esa serpiente que viven al acecho, a la espera de verte caer, de verte llorar, para entonces, devorarte sin piedad. Puede que te sientas débil, pero recuerda que, como ese pajarillo, sobreviviste a una caída mortal. No eres tan débil como crees.
Levántate. Afila tu pico. ¡Ciega a la serpiente y conviértela en la presa de otra alimaña!
Eres lo suficientemente fuerte como para cambiar tu destino.
No lo olvides, pichoncito.
¡Pío, pío!
