romance, drama, LGBT, erótica, psicológica
El amor no dura para siempre. Tiene fecha de caducidad y a veces expira antes de lo previsto. Aprendí esa lección de Laura, que destruyó mi ingenuidad y trituró mi corazón como si nunca hubiera valido nada para ella. Una buena bofetada de la vida era lo que necesitaba para despertar de la manipulación de sus encantos y renacer como un fénix empoderado. Mientras su ceguera y el espejismo de su felicidad crecen junto a Aiko, yo disfruto de mi soltería y de mi nueva rutina, e intento pasar página.
Sin embargo, Aiko, esa encarnación del diablo que me atormentó psicológicamente hasta salirse con la suya, ha sembrado inquietudes en mí después de dejarme en paz. Ahora necesito saciar esas inquietudes. Necesito conocerla…
«—¿Me puedes explicar qué significa esto? —le exijo con dureza, zarandeando las bragas en sus narices.
—¿Eh? ¿Qué es eso? —cuestiona Aiko, fingiendo estar desconcertada.
—Aiko, no te hagas la tonta conmigo. Sabes perfectamente que estas bragas no son tuyas ni mías. ¿Por qué lo hiciste? ¡¿Por qué?!»
Capítulos
LAURA
Catalina y Tomás se volvieron tendencia en las redes sociales. Aquella misma tarde, el instituto se llenó de periodistas hambrientos de una noticia fresca y jugosa que catapultara su carrera profesional. Policías, declaraciones, cámaras; todo un espectáculo televisivo que se emitió en las principales cadenas de televisión del país reiteradas veces. Los titulares resaltaban la detención de un profesor por parte de las autoridades, las carencias del sistema por no detectar y evitar que una joven creara contenido para adultos desde que era menor de edad, y la cuestionable moral del jáquer que había movido los hilos desde las sombras.
Las opiniones de los programas de debate defendían todas las posturas posibles como si fueran las distintas voces del pueblo. Algunas apoyaban al jáquer, que definían como un justiciero antihéroe igual que en las series de ficción, por sacar a una rata de su madriguera y abofetear a la sociedad con la cruda realidad sobre la vulnerabilidad de los menores en Internet, una realidad ignorada a conciencia. Otras sentenciaban al jáquer por su fría forma de actuar, catalogándolo como un criminal que debía pagar con la cárcel el haber difundido material delicado delante de menores. Lo mismo sucedía con Catalina, que era vista como una víctima por algunos y como una jovencita descarada y sin educación por otros. Y con Tomás, a quien la mayoría le deseaba cosas peores que la muerte, mientras que una minoría defendía su inocencia, ya que consideraba que él había sido la víctima de una chiquilla manipuladora y sin moral.
—Mira, siguen hablando de lo que pasó en la obra —señala Marta, apuntando con el morro hacia la pantalla que hay junto al mostrador de una tienda de comida.
Después de media semana, finalmente accedí a pasear con Marta por las cercanías de la playa. A mi Ai no le sentó muy bien que bajara la guardia ante la chica que convirtió mi vida en un infierno y me advirtió que tuviera cuidado con ella. No obstante, me dijo que no era nadie para decidir con quién yo debía o no debía salir, y que yo debía asumir las consecuencias de mis actos. En cambio, me aseguró que, si Marta volvía a abusar de mí como en el pasado, rompería su promesa y destrozaría a Marta de por vida.
Aunque Aiko es más drástica que yo, yo también espero que Marta no me decepcione. Quiero escarbar en su interior para ver cuánto ha cambiado de verdad. Puede que detrás de esa fachada de engreída y homofóbica se oculte una Marta arrepentida y de buen corazón. Si Ana no se ha muerto por retomar el contacto con Sandra y permitir que ese engendro le metiera su lengua putrefacta hasta las profundidades de sus ovarios, no creo que a mí me pase algo por andar en público con Marta.
—Ya es oficial que Catalina se fue del insti, dicen que hasta de la isla —continúa Marta—. He oído que sus padres la enviaron a Estados Unidos para que pase una temporada con unos parientes que tiene allá, pero no sé si sea cierto porque la investigación sigue en marcha. Lo que sí es cierto es que cerraron su cuenta de Onlyfans, pero las de Instagram siguen abiertas. —Miss Cotilla en acción—. De todas formas, hay vídeos suyos circulando por páginas porno, foros y tal. Un amigo de mi novio nos enseñó uno que encontró y reportamos la cuenta que lo había colgado a la policía. —¿Tan íntegra se ha vuelto miss Abusona? Eso diría mucho sobre ella—. Es obvio que Catalina hacía esas cosas por placer, pero entiendo que quisiera mantenerlo como un secreto al margen de su vida cotidiana. Yo no podría hacerlo de ninguna de las maneras, y creo que me moriría si se filtrara un vídeo íntimo mío por Internet. Mi novio quiso grabarnos una vez y casi lo mato cuando lo vi con el teléfono en la mano.
—Yo tampoco soportaría que se filtrara algo íntimo mío. —Pero me gusta jugar y asumir riesgos en público. Nunca olvidaré que Ana y yo cantamos a más de diez mil metros de altura en un avión, ni que llenamos nuestros teléfonos de fotos y vídeos picantes nuestros. Aún los guardo en una carpeta oculta. Me pregunto si ella los borró cuando decidió eliminar nuestro lindo pasado de su memoria.
—A la directora McCarthy le faltan muchos discursos por dar para limpiar el nombre del insti. El de esta mañana no ha bastado ni como aperitivo. —Marta se ríe y retomamos el paseo por la primera línea—. Esa señora debe estar atiborrándose de dónuts para calmar la ansiedad. ¿Y qué piensas del jáquer? ¿Crees que atacará de nuevo?
—Tampoco quisiera estar en la piel de la directora. Le lloverán las denuncias y las reclamaciones de los padres, pero debe afrontarlo, ya es el segundo depravado que sale a la luz en su instituto. En cuanto al jáquer, no sé, dependerá de su objetivo. —Aiko ya no tiene motivos para repetir lo que hizo, pero, si por casualidad descubre otra cucaracha que suponga una gran amenaza para los más inocentes, sé que querrá encargarse de ella y yo no se lo impediré.
—A mí me da un poco de miedo. La mayoría sospecha que es alguien del insti por razones obvias. Dicen que los principales sospechosos son los alumnos de teatro porque son los más cercanos a ambas víctimas y tal vez uno de ellos conocía su secreto. Pero nada es seguro. Bien pudo ser un padre en busca de justicia o un loco con ganas de divertirse provocando un escándalo de gran envergadura. El tema es que nadie sabe si la persona que hay detrás de lo que pasó pretenda sacar más trapos sucios de la gente o aliente a otros imitadores a hacerlo. —La naturalidad y seriedad con que Marta se expresa me recuerda a la Marta de la infancia con la que anhelaba conversar eternamente.
—¿Querías estudiar para ser detective o periodista? Te encanta estar enterada de todo y montarte tus propias teorías.
—¡Ja, ja! Ya… La información y la investigación me dan vida. Empecé a interesarme por eso después de que alguien —enfatiza Marta, invadiéndome con la mirada— me enemistara con mis amigas. Influiste en mí, pero, como no quieres reconocer que tú fuiste la causante de los hechos, no te puedo dar el mérito. Si no logro graduarme como periodista, al menos serviré como vieja cotilla —bromea y ambas reímos.
—Sigues empecinada con que fui yo. Soy inocente.
—¿Será porque fuiste la única persona que me odiaba como nadie por lo que pasó?
—El odio es malo, puede incitar a la venganza, pero igual de mala es la envidia, y estabas rodeada de envidiosas que envidiaban tu creciente popularidad. Hay personas que harían lo que fuera para hacerse con lo de otros o, por lo menos, despojarlas de lo que poseen, y esa clase de personas suele estar en tu círculo cercano. Lo siento, Marta, pero miraste para el lado equivocado. —En realidad, acertó, pero nunca le confesaré que todo fue parte de mi venganza. Prefiero que se suma en la reflexión como hace ahora—. La explicación más sencilla no siempre es la correcta. Tienes que espabilar más si quieres convertirte en una periodista profesional.
—Al igual tienes razón. Recuerdo a una mosquita muerta que me robó al chico que me gustaba y que habló pestes sobre mí hasta por los codos. —Marta tuerce los labios, pero enseguida los relaja—. ¡Bah! Da igual. ¡Mira qué vestidos tan lindos! —Animada, me conduce hasta la entrada de una tienda de ropa que hay en el paseo—. ¡Qué tejido tan suave! Deben ser muy cómodos y frescos para el verano —comenta mientras bucea con entusiasmo entre las prendas expuestas. Me causa gracia la femenina elegancia con que descuelga los vestidos y los estira ante sus brillantes ojos, empleando la punta de los dedos como si extendiera el lienzo de una pintura al óleo—. A ver… Este… —Acomoda uno sobre su brazo y me escanea de la cabeza a los pies—. Y… este. —Tras hacerse con otro, se acerca a la dependienta—. Hola, ¿tenéis algún probador?
—Sí, al fondo a la izquierda —le indica la chica.
—Ven, Laura, ven.
Acompaño a Marta hasta el probador, que no es muy espacioso. Aun así, ella me insiste para que entremos juntas.
—Parecemos dos sardinas enlatadas —digo tras echar la cortina.
—¡Ja, ja! Ganaremos tiempo si nos cambiamos a la vez. Este lo escogí para ti. —Marta, sonriente, me entrega un vestido. Debí intuirlo en el instante en que me observó para figurarse mi talla.
—Pero yo no quiero comprar nada —le aclaro.
—Laura, es un regalo que te quiero hacer. Escogí el mismo modelo para que simbolice el renacer de nuestra amistad. Me hace ilusión que paseemos vestidas iguales, como las amigas que una vez fuimos y que me gustaría que volviéramos a ser —expone Marta con agrado, contagiándome su ilusión.
—Está bien, satisfaré tu capricho. Gracias, Marta. —A pesar de que no confío en ella, el detalle y su manera de expresarlo me han parecido tiernos.
Marta, tras apoyar su bolso playero en el diminuto banco, comienza a desvestirse. Espero a que se retire la camiseta para colocar mi bolso junto al suyo y plegar mi vestido de flores.
—¿No te asusta que te descubran desnudándote en un probador claustrofóbico con una lesbiana? —planteo para incordiarla—. ¿Y si yo fuera el jáquer y tuviera una cámara que nos está grabando en mi bolso? Ya que crees que yo me vengué de ti en el pasado, bien que podrías pensar que esto es otro golpe para tu homofobia.
—¡Ja, ja, ja! Laura, no me des esos sustos. —Marta se desabrocha el pantalón corto y este cae por su propio peso, instante en el que yo me deshago de mi vestido por completo. Estando ambas en ropa interior, nuestras inquietas miradas curiosean nuestros cuerpos. Desde luego, ella está en forma, y sus prendas de tono marrón combinan de maravilla con el tono canela de su piel y sus cabellos de chocolate—. Ay, Laura, por favor. Si fuera homofóbica, no te habría invitado a cambiarte conmigo. —Para mi sorpresa, posa una mano en mi hombro y se inclina parcialmente sobre mí. Debido a que el calor intensifica nuestro sudor, percibo su grácil fragancia con más fuerza que nunca. Esta es la primera vez que no la visualizo con las tijeras en la mano cuando busca el contacto físico conmigo—. Ni te tocaría ni respiraría el mismo aire que tú. —Se vale de un pie para recoger el pantalón.
—Si tú lo dices…
—Tengo bien claro lo que me gusta y veo esto como algo normal entre amigas. Si tú fantaseas con otras cosas, eso ya es cosa tuya. Así como me miras, no me ofende que tu cabecita imagine una escena morbosa conmigo en un probador. —Marta exhibe una sonrisa socarrona.
—No necesito imaginar algo que podría materializar si quisiera —le respondo con el mismo descaro.
—¡Ja, ja! ¡Laura! ¡Qué calor! Debí venir en bikini para darme un chapuzón.
—Pero, como has dicho, yo también lo veo como algo normal, aunque no diré que como amigas porque estamos lejos de serlo aún —remarco para ahorrarle las fantasías a ella.
—Bueno, al menos las horas en el gimnasio han servido para que me eches el ojo, admítelo. —Marta se pone el vestido nuevo y posa para mí—. ¿A que estoy divina? ¿Te parece que estoy tremenda?
—Si fueras más humilde, tal vez lo admitiría, pero no me apetece inflar más tu ego. —Yo también me pongo el vestido blanquecino y veraniego que Marta escogió para mí. Lo cierto es que la prenda es cómoda y bonita, coincide con mis gustos.
—¡Ja, ja! Lo sabía. Tú tampoco estás nada mal. —Marta sumerge los dedos en mis cabellos y me los ondea para arreglármelos—. Entiendo que seduzcas a las bellezas del insti con ese cuerpazo. Se nota que también te cuidas, cabrona.
—Gracias, supongo.
—¿Una foto? —Marta saca su teléfono del bolso—. ¡Qué alegría! Me alegra pasear contigo como en la infancia después de tantos años. ¡Sonríe! —Enérgica, me echa el brazo por encima y me presiona contra ella.
Tras la captura, Marta publica la foto en sus redes sociales aquí mismo. Dado que no oculta la pantalla, observo que me etiqueta y que escribe que las amistades de la infancia nunca se olvidan. Al tratarse de ella, sus actos me desconciertan. ¿Realmente ha cambiado tanto como para mostrarse tan tierna? ¿No le importa que la vean conmigo? ¿Esa imagen pública es capaz de borrar lo que me hizo en el pasado? A pesar de todo, ¿nuestra amistad sí significó algo para ella y por eso nunca me olvidó?
***
Marta me regaló el vestido, que era idéntico al suyo, y me rogó para que nos fuéramos con ellos puestos, incluso le pidió unas tijeras a la dependienta para cortar las etiquetas. Cuando la vi con ellas en las manos, reviví el horror que oprimió mi pecho aquella vez. Por un breve segundo, pensé en reprocharle el trauma que me había creado para que presenciara en persona el ataque de ansiedad que deseaba apoderarse de mí y se sintiera culpable de ello. Sin embargo, respiré hondo, miré a otro lado y me enfoqué en la idea de que la Marta que tenía frente a mí era una persona distinta.
—Entonces, ¿qué quieres estudiar cuando termines la Prepa, Laura? —me pregunta Marta mientras recorremos la acera del lado de la playa.
—A mis padres les gustaría que cursara una carrera empresarial para que adquiera los conocimientos básicos para dirigir sus negocios en el futuro, pero eso no me apasiona. Quiero hacer algo por mi cuenta, aunque aún no tengo muy claro el qué, y cederle la herencia familiar a mi hermano —le cuento, sintiéndome un poco más abierta con ella.
—O sea, tu hermano será todo un partidazo. Guapo, simpático y rico. Mmm, creo que mi novio tiene los días contados —bromea Marta—. Laura, no seas tonta. No renuncies a tu parte. Puedes hacer lo que te dé la gana con tu vida y delegar en alguien para que dirija tu parte o venderla, aunque no creo que tus padres se vayan a retirar tan pronto.
—No quiero quedarme con algo que siento que no me he ganado. —Y no quiero nada que provenga de unos padres mentirosos y manipuladores como los míos. Cuando pueda valerme por mí misma, les devolveré todo lo que les estoy costando ahora.
—Es ley de vida. Los padres buenos construyen el futuro de sus hijos, o al menos les facilitan la vida. No seas tonta, aprovecha la oportunidad que tienes y deja de jugar a ser la niña íntegra. Muchos desearían tener las libertades que tienes tú. No conozco a mucha gente de nuestra edad que pueda decir que vive sola con su pareja sin necesidad de trabajar porque cuenta con el apoyo económico de sus padres.
—Eso también requiere ser responsable, y la mayoría de la gente de nuestra edad no lo es. Además, los padres buenos no solo construyen el camino para sus hijos, también están ahí para ellos, para educarlos con amor, no para tenerlos como mascotas a las que contentar con regalos. —Aunque tengamos puntos de vista diferentes, me agrada debatir pacíficamente con Marta. Eso sí, miss Superficial es una interesada que quiere la vida fácil.
—El cerebro se me va a freír por lo testaruda que eres. Mira, ahí está la caravana de helados que me gusta —indica Marta, apuntando con el dedo índice a la caravana de Angie, justo como sospechaba—. Te invito.
—De eso nada, ya me regalaste el vestido, así que te invito yo —contradigo, aunque no quiero estar cara a cara con Angie.
—Laura, la idea de pasear fue mía, así que hoy invito yo. Ya sé que eres una niña rica. Tu hermano me lo compensará cuando me case con él —dice Marta con humor.
—¡Uf! Vale, está bien, pero… ¿podemos ir a otro lado?
—¿Y eso? ¡Ah, ya! Creo que me hago una idea. La morena es bien lesbiana y tiene más dientes que un tiburón. Es cansina, se me insinúa siempre que vengo. No entiende lo que es un “no” por respuesta. Por chicas equivocadas y agobiantes como ella reafirmo más lo hetero que soy. Menos mal que tú no eres así. Eres mi primera y única amiga lesbiana. Las demás que he conocido son como los chicos, les cuesta diferenciar la amistad del sexo. Si esa hubiera estado en tu lugar en el probador, no me habría respetado y habríamos terminado muy mal. ¡Qué asco me da imaginar que me pusiera sus zarpas encima! —Ya veo, parece que Marta me estuvo poniendo a prueba para lidiar con los rasgos de homofobia que asegura no poseer—. ¿Te liaste con ella y la cosa acabó mal?
—No tuve nada con ella, pero sí tuvimos problemas por terceras personas en común. —Prefiero ahorrarme los detalles.
—¡Vaya! Pero cuenta el chisme completo —me pide Marta y niego con la cabeza—. ¡Jo! Eres una fuente de información difícil de persuadir. Aunque no la soporto, la calidad de sus productos es exquisita. Las frutas están frescas y el helado es casero. Si nos agobia, especialmente a ti, yo me encargaré de mandarla a la mierda. —Me sorprende que esté dispuesta a protegerme.
Cuando Marta y yo nos unimos a la cola de la caravana, noto de inmediato la mirada lasciva que le lanza Angie a Marta, mirada que se torna infernal al distinguirme. Su rostro es de los que apenas pueden disimular el odio que arruga sus facciones. Seguro que mi existencia simboliza para ella la existencia del anticristo. ¿Estará pensando en la noche que la arrestaron por mi culpa o en la paliza que le dio Sandra mientras trocea una fruta con rabia?
—Siguiente —anuncia Angie y Marta y yo nos acercamos. El rencor le puede más que la lujuria, pues no me quita los ojos de encima—. De todas las heladerías que hay por toda la playa, ¿tenías que venir a esta? —espeta con ira, pero cuidando el volumen de la voz para no espantar a los demás clientes—. ¿Vienes a restregarme que ya cambiaste a Ana por otra? Tranquila, no coquetearé con tu nueva novia, así que no montes un numerito como la otra vez y pide algo de lo que está en la oferta. No hay pedidos especiales.
—¡Vaya! ¡Cuánto resentimiento! —comenta Marta con un tono burlón.
—Gruñes más que una perra rabiosa. Te pediría una hoja de reclamaciones para quejarme del trato hostil hacia una clienta que viene a consumir en son de paz, a ver si así te ponen un bozal para que ladres menos y te concentres más en el trabajo, pero no quiero que el helado de mi acompañante se derrita por la espera como pasó la otra vez. —No pude mantener la boca cerrada. Angie sigue siendo la clase de persona que no soporto. Creo que ha sido la peste a tabaco de su aliento la que me ha irritado—. Por favor, si eres tan amable, sírveme un cono de helado de fresa.
—No fue a mí y me dolió… —murmura Marta por lo bajo.
—Niñata hija de… —Angie resopla, arrojándome su severa mirada como una ráfaga de cuchillos. Probablemente está imaginando cómo me estampa el helado en la cara—. ¿Y tú qué quieres? —le consulta a Marta.
—A mí… ponme uno de chocolate. —Igual que Ana, debe ser su favorito. Si yo no estuviera aquí, miss Engatusadora habría hecho uso de su repertorio para ligar con Marta como intentó hacer con Ana. “Es mi favorito también”.
Afortunadamente, Angie se porta bien y nos sirve los helados sin protestar, aunque sé que no le faltaron las ganas de escupir sobre el mío. Después de pagarle y retarnos con la mirada, nos alejamos de la caravana y Marta libera su risotada.
—¡Por Dios, Laura! ¡Eres tremenda! ¡Ja, ja! La pusiste en su sitio, y eso que se suponía que yo la mantendría a raya.
—Algunas personas se lo ganan a pulso, incluyéndote. —Le sonrío con sarcasmo y lamo el helado.
—Ya, te gusta apuñalarme de vez en cuando. Sé que me guardas rencor por lo que te hice, así que dejaré que te desahogues apuñalándome hasta que lo superes. ¿Nos sentamos por aquí? —propone Marta y ambas conquistamos un hueco en el murete de cara a la playa.
Durante un rato, disfrutamos de las vistas y la brisa mientras fundimos nuestros helados a lametazos. Hace una tarde espectacular, brillante gracias al cielo despejado y al resplandor de la arena blanquecina y el agua cristalina. Además, se respira la vida que los alegres bañistas irradian a lo largo de la playa, incluso a lo lejos, donde algunos celebran fiestas en sus yates.
—¿Puedo probar tu helado antes de que te lo termines, golosa?
—Claro. —Se lo acerco y Marta hunde la lengua hasta el interior del barquillo—. ¿Y me llamaste golosa? Madre mía, me vas a dejar sin helado.
—¡Qué exagerada! —Marta se relame como una gatita traviesa—. ¿Quieres probar el mío? La fresa y el chocolate combinan muy bien.
—Obvio que me cobraré la porción que me corresponde. —Como Marta, penetro su bola con la punta de la lengua y, despacio, contorneo el cono a la vez que la miro a los ojos. Ella sostiene una expresión bobalicona que me recuerda a Ana. De hecho, recuerdo mi primer paseo por la playa con Ana, que para mí fue una cita maravillosa, y me posee la nostalgia al revivir lo feliz que fui ese día—. Está delicioso.
—Te cobraste la porción con intereses. Menuda lengua de oso hormiguero tienes, ¡ja, ja, ja!
—Y sé usarla muy bien… —Mi comentario estimula mucho más la risotada de Marta—. Marta, ¿todas las barbaridades que me decías las pensabas de verdad sobre mí? ¿Nunca te sentiste mal cuando me maltratabas con las demás? —le pregunto con un tono neutral cuando se calma.
—A ver, Laura… —Marta arruga las cejas y se pone más seria—. Era una niña, no sabía lo que hacía y sí, lo pensaba. Estaba muy confundida, pero sentía que hacía lo correcto porque la mayoría apoyaba la misma idea. Si añades a eso que fui educada por una familia homofóbica, y encima las de mis otras amigas también lo son, no podías esperar que reaccionara de otra manera cuando dijiste aquella tontería delante de todas. Que conste que no pretendo justificar lo que hice, aquello se me fue de las manos.
—Y para mí no fue una tontería, tenía sentimientos por ti —recalco, ya que me desagrada que le reste importancia—. Al menos reconoces que eres homofóbica.
—Vale, sí que lo soy, pero ya no tanto como antes —confiesa Marta y tuerce los labios al mirarme—. Intento ser más abierta. Cada vez que veo una pareja gay o descubro que una persona es gay, me invade un aluvión de pensamientos homófobos que me cuesta manejar. Y, sinceramente, la gente que es como esa heladera no me ayuda. Ana y tú sois un poco perras conmigo, pero sois diferentes. No vais detrás de mí con la intención de follarme, solo reaccionáis a lo que os digo, y eso me gusta porque combate mis pensamientos intrusivos. —Quizás por esa razón insiste tanto en recuperar su amistad conmigo. Tal vez quiera tener una amiga homosexual para superar sus barreras mentales—. Bueno, ¡ja, ja!, he de decir que con frecuencia pienso «lesbiana tenía que ser» como forma de racionalizar mi interpretación de vuestras reacciones ofensivas. Eso lo aprendí de mi psicóloga. —¿Va a consulta? Interesante—. ¿Te cuento una anécdota?
—Todas las que quieras. —Cuanto más se abra conmigo, mejor definiré el nivel de su cambio.
—Esto me pasó hace como tres años —relata, intercalando mordiscos y lametones a su helado igual que yo—. Mi familia se había mudado a la península y estuvimos rodando por varias provincias debido a una mala racha económica. Eso implicaba cambiarme de insti cada equis tiempo y empezar de cero con las relaciones sociales. Cuando nos establecimos en Madrid, conocí un grupo de chicas a través de una compañera de clase. Nos juntábamos todos los días en el recreo y casi todas las tardes paseábamos por el barrio, así que me fui volviendo amiga de ellas con relativa rapidez. Pero la confianza trajo los problemas. Cuando nos conocimos más a fondo, me enteré de que una era lesbiana y otra, bisexual, y que ambas habían tenido algo. Y encima me enteré cuando la bisexual empezó a tirarme la caña. Para colmo, la lesbiana no se quedó atrás y fue más lanzada conmigo. Una me manoseó, la otra me besó y… exploté. Vomité un sinfín de comentarios homófobos delante de todo el mundo. ¿Sabes lo que pasó? —Marta ríe brevemente a modo de ironía—. Todas me esperaron a la salida del insti y me zurraron como a una piñata por homofóbica. Terminé en urgencias con la cara como una piña y una fractura nasal. Por suerte, solo me quedó esta cicatriz. —Señala la pequeña marca clara que hay junto al borde de su ceja derecha.
El karma hizo su trabajo mejor que yo. Siempre dudé sobre si Marta había recibido el castigo apropiado de mi parte por lo que me hizo, pero veo que la propia vida se lo cobró con sangre. Irónicamente, siento algo de lástima por ella cuando no debería.
—Pensé que todo se acabaría ahí, pero no fue así —continúa Marta y la escucho con atención—. Me hicieron bullying durante todo el mes siguiente, y no solo ellas, sino también más gente que las apoyaba. Te puedes imaginar cuánto se disparó la aversión de mis padres hacia las personas homosexuales, y la mía, aunque yo me acordé de ti, me sentí en tu lugar, y me dio mucha tristeza pensar en todo lo que te pasó por mi culpa. —Por primera vez, percibo el arrepentimiento de Marta con claridad—. Tuve varias sesiones de atención psicológica con la psicóloga del centro, pero mis padres se tomaron como una ofensa que me trataran como la culpable de lo que había pasado por exponer mis ideas y me cambiaron de insti. Voluntariamente solicité la atención psicológica en ese otro centro y le conté todo a mi nueva psicóloga porque sentía que sí había algo en mí que no estaba bien. A ojos de mis padres, estaba tratando las secuelas del acoso que había sufrido, pero, pasado un tiempo, me prohibieron seguir yendo a las sesiones porque notaron unos cambios raros en mí que no les hacían mucha gracia.
—¿Entonces no has vuelto a ir a una consulta?
—Sí, sí voy a veces. Les digo a mis padres que es para aprender técnicas de estudio, liberar un poco de estrés por los estudios y cosas así para que me paguen la sesión privada —me cuenta Marta, denotando que confía en mí—. Siempre que voy, noto una mejora en el control de mis pensamientos intrusivos. Cuando dejo de ir, recaigo como si fuera una yonqui, y me siento mal. —Al parecer, Marta está dispuesta a ser una mejor persona. Los años y las experiencias vividas la están moldeando para bien—. No pensé que te fuera a contar todo esto, pero fuiste mi mejor amiga en la infancia y me siento en confianza contigo. Supongo que estás pensando que recibí mi merecido.
—No… Tal vez un poco —digo con gracia—. Sigues sin caerme del todo bien, pero parece que has cambiado, y eso te lo aplaudo.
—Me lo voy a tomar como que te está gustando el paseo y que este es solo el primero de muchos —presupone Marta con una amplia sonrisa en los labios.
En efecto, el paseo estaba siendo agradable en general, pero se volvió más agradable desde el instante en que Marta me reveló una parte más profunda de su ser. Aún es pronto para afirmarlo, pero Marta y yo podríamos forjar una nueva amistad con el paso del tiempo. Si bien yo podría ser un apoyo para que ella supere su homofobia, ella podría ayudarme a superar del todo el trauma que me creó al romper la imagen maligna con que la recuerdo.
LAURA
Regreso a la casa después de pasear con Marta. Sonriente, abro la puerta y encuentro a mi Ai en plena sesión de meditación en medio de la sala. Sentada sobre una esterilla con las piernas flexionadas y las manos relajadas sobre sus rodillas, Aiko abre los ojos despacio, como si despertara de su letargo milenario, y su expresión carente de alma se suaviza con una tenue sonrisa. Me encanta verla con sus mallas y su top negros porque parece un ángel de combate.
—Lo siento por interrumpirte.
—Moon, tú nunca me interrumpes. Además, estaba a punto de ir a ducharme. —En realidad, creo que mi Ai no se habría movido de esa posición hasta que yo volviera. Es probable que alargara su meditación para conservar la calma, ya que debía estar muy preocupada porque salí con mi verdugo de la infancia.
—Así que te atreves a mentirme de nuevo —articulo con un tono sugerente y, tras arrodillarme en la esterilla, me inclino sobre mi Ai e insinúo un beso con cierta coquetería—. Di la verdad, me esperabas para ducharnos juntas.
—Tal vez… —Aiko secuestra mis labios con los suyos y, de pronto, tira de mi muñeca a la vez que me empuja hacia un lado. Antes de que pueda reaccionar, beso la esterilla con la espalda y mi traviesa Ai se sienta encima de mi vientre—. Tendrás que ganártelo. Has sido mala. Has bajado la guardia y yo no he podido parar de pensar en si estabas bien. ¿Y ese vestido? —A pesar de que su carita luce tierna y serena, huelo su enojo e incluso una pizca de celos, y eso me gusta.
—¡Qué linda eres! —Cuando deslizo la yema de los dedos por sus muslos, ella captura mis manos y las retiene por encima de mi cabeza.
—No conseguirás lo que quieres con piropos y caricias manipuladoras, Moon. Esta boquita —dice mi Ai, acercándola a la mía hasta casi rozarla. Aunque estiro el cuello para cazarla, Aiko me tortura al dejarme con las ganas de besarla— tendrás que conquistarla de otra manera.
—Tú sí que eres mala. Se supone que todo de ti me pertenece, pero me prohíbes disfrutarlo a mi antojo —protesto, a lo que ella responde negando con la cabeza—. Mi amor, te dije que estaría bien y estoy bien. Aunque ya no me vengue como antes, no soy tonta. Sé mejor que nadie lo que me hizo Marta, pero las personas pueden cambiar y se les puede dar una oportunidad para que lo demuestren. Ella ha reconocido que es homofóbica, pero se está esforzando para no ser así. Hoy he visto a una Marta muy diferente a la que recordaba, una Marta arrepentida. Ella me regaló el vestido como gesto de amistad.
—Moon, no todo el mundo es Ana Álvarez. De hecho, ya has visto que la propia Ana recayó en algunos de sus viejos y desagradables hábitos. La verdadera naturaleza de cada uno nunca desaparece, forma parte de su código genético. Tarde o temprano, se manifestará de una forma u otra —afirma Aiko con una certeza incuestionable.
—Pero incluso tú hiciste algo por Ana —contradigo, ya que nuestros puntos de vista no coinciden del todo como en el pasado—. Lo hiciste porque sabes que, a pesar de que Ana recayó en parte de esos hábitos repugnantes, de que te agredió y de que ha sido dura conmigo, tiene buenos sentimientos y no merecía que se siguieran burlando de ella. Si la hubieras catalogado como una diabla, no la habrías tenido en cuenta a la hora de castigar a Tomás y Catalina.
—Tienes un poco de razón en eso, no la considero una diabla, pero estamos lejos de ser amigas porque es inestable y ella misma prefiere guardar las distancias con nosotras. Aunque no descarto que me ahogue de verdad la próxima vez que vayamos a la playa —bromea mi Ai y retoma la seriedad—. En cambio, no confío en Marta ni lo más mínimo. ¿Cuántas veces hablamos sobre que quien te busca con insistencia es porque quiere algo de ti? Regalarte un vestido es solo una artimaña para crear un vínculo contigo.
—Ya, pero parece que Marta solo quiere tener una amiga gay con la que sentirse cómoda para superar su homofobia. Me contó que le dieron una paliza por escupir sus comentarios homófobos y que a raíz de ahí empezó a cambiar, incluso va al psicólogo —le revelo, puesto que ese detalle es importante.
—Ir a un especialista no es una garantía de cambio, solo es un autoconsuelo, un autoengaño para justificarse, para decir que está haciendo algo para cambiar, para dormir mejor por las noches sin que la conciencia la hostigue. No creas ni por un segundo que se acerca a ti porque no ha podido conciliar el sueño en todos estos años por cargar con la culpa de lo que te hizo. Recuerda que los actos son los que hablan, Moon. ¿Qué hizo ella cuando se reencontró contigo? ¿Se arrastró hasta ti para pedirte perdón? ¿Cuántas veces ha rogado por tu perdón desde que apareció? Una persona arrepentida no presumiría de ir a terapia, habría llorado de culpa en cuanto te viera y te habría expresado cuánto lo sentía. El supuesto cambio le debería nacer de su interior, no ponerlo en manos de terceros. Una persona que de verdad ha tomado conciencia del mal que ha causado a otra no necesita que alguien le diga que vaya a pedir perdón. —Aiko me sume en la reflexión. No le falta razón, pero sigo teniendo la sensación de que había algo diferente en Marta.
—Ai, tengo todo eso presente. Solo quiero darle una oportunidad para que demuestre si ha cambiado o no. Marta es un tanto soberbia, nadie sabe si necesita más tiempo y más confianza para expresar sus sentimientos más profundos. Gracias al paseo de hoy, he sabido cosas de ella que nunca hubiera imaginado. ¿Y si al cabo de unos días viene a mí llorando para pedirme perdón? No te preocupes, sé lo que hago —le rebato y mi Ai se limita a mirarme fijamente.
—Vale, Moon —asiente Ai tras unos segundos—. Solo te compartía mi punto de vista, pero tú sabes lo que haces. No quiero que te hagan daño nunca más. Como te dije antes de que salieras con ella, si Marta te hace daño, necesitará un psiquiatra de verdad cuando me ocupe de ella.
—¿Sabes quién me está haciendo daño? Tú, al negarme que nos duchemos juntas —articulo con un tonito de lástima y despierto su risita ingenua.
—Moon, eres una niña mala. Nadie puede manipularme como tú. —Irradiando pura sensualidad, mi Ai arquea el torso hasta presionar sus pechos contra los míos. Mientras continúa reteniendo mis brazos, tantea mis labios y los chupetea con suavidad—. Te advierto que será una ducha muy larga…
***
Aura: Lau, no te vi en el insti. ¿Estás mejor de la pierna?
Yo: Tendré que hacerte un mapa para que no vuelvas a perderte en el laboratorio durante los recreos. Sí, estoy mejor.
Chateo con Aura mientras viajo en el autobús.
Esta tarde asistí a la presentación del curso de fotografía en el centro de Palma. Aiko estaba en lo cierto, ese curso es una gran oportunidad para desarrollar mi pasión porque Bruno, además de ser un profesional excepcional, es una persona extraordinaria que multiplica por mil la ilusión de cualquiera por la fotografía.
La presentación fue casi como en mi sueño, incluso mejor. Bruno la llevó a cabo al aire libre, en Plaza de España, y nos guio a través de las transitadas calles comerciales para que respiráramos vida y nutriéramos nuestra inspiración. Después de las explicaciones y las presentaciones básicas, nos animó para que pusiéramos a prueba nuestras cámaras. Todos los alumnos aportamos fotos simbólicas del paseo, como la de un niño que irradiaba felicidad al recibir su helado, la de unos amigos brindando con unas cervezas en la terraza de un bar, la de las casetas que atraían a los turistas con sus accesorios y decoraciones artesanales, la de las palomas alzando el vuelo en la plaza o la de la calle antigua abarrotada de transeúntes. Yo me enfoqué en los artistas que retrataban y caricaturizaban a sus clientes porque me recordaban a Ana.
Bruno aprovechó que todos estábamos cazando momentos para acercarse a nosotros de forma individual e indagar en nuestras motivaciones y aspiraciones. Le gustó que yo tuviera mi propia cámara, aunque no fuera de gama alta, y que no usara el teléfono como la mayoría porque se identificaba conmigo en sus inicios. Animada, me atreví a mostrarle algunos de mis álbumes, como el de Flor, que elogió por el arte y la fortaleza que transmitía.
Cuando la presentación finalizó, mi mente se extravió en la fantasía del ocurrente sueño que no he podido olvidar. Pensé en regresar a la casa para confirmar que solo era una tontería producida por mi subconsciente. ¿Ana y Aiko engañándome? Imposible. Además, ya había intercambiado varios mensajes con mi Ai para contarle que el primer día del curso me había fascinado, por lo que ella estaba ocupada chateando conmigo. En cuanto a Ana, ella ha estado fuera de nuestro radar desde la obra. Ni siquiera hemos hablado nada más allá de un saludo y una despedida. Por otro lado, Flor y yo habíamos acordado vernos cuando regresara del curso para conversar cara a cara y en privado con ella, así que tardaré en volver a casa.
Aura: ¡Ja, ja, ja! Lau, kawaii como siempre. Oye, no divulgues lo del laboratorio o me cortarán la cabeza. Ya sabes quién…
Yo: No me hago responsable. Si crías una arpía, no esperes que no te decapite con sus garras.
Aura: Menos mal que no la tengo al lado porque si leyera eso… Lau, ¿crees que podremos empezar a ensayar la próxima semana para que el tiempo no se nos eche encima?
Yo: Cuenta con Aiko y conmigo.
Aura: ¡Bien! Por cierto, sería genial que avisaras a gente desde ya para que nos vayan a ver y nos animen cuando estemos en el escenario. El apoyo del público se valora mucho.
Yo: Vale, se lo diré a mis otras amistades.
En ese instante, el autobús anuncia la última parada al pie de la playa, donde he de bajarme. A través de la ventana distingo a Flor, que está vestida con el uniforme del equipo, esperando en la acera.
Yo: Hablamos luego.
Aura concluye enviándome emoticonos de besos.
—Aquí está la baby más linda del mundo. —Flor me recibe en las puertas del autobús. Aunque me sonríe y me abraza como de costumbre, noto la falta del espíritu que la caracteriza.
—No veía la hora de llegar. El viaje se hace largo y me da claustrofobia que el bus vaya tan lleno. —No mencionaré el festival de olores porque ella está sudada y no quiero ofenderla, sobre todo porque luce muy sensible—. ¿Estás bien?
—Sí, bien. Solo estoy un poco cansada por entrenar tanto. Se avecina un partido importante y no me siento a la altura. —Dudo que sea solo por eso.
Invito a Flor a tomar unos refrescos en el bar más cercano, donde seguimos hablando sobre nuestro día, el curso de fotografía y su supuesto entreno a niveles extremos. Dado que ocupamos una mesa de cara al mar, la brisa del atardecer nos acompaña y las bebidas refrescan nuestras gargantas. Sin embargo, ni eso, combinado con una amistosa charla, estimula a la capitana lo suficiente. Tengo la impresión de que ha hecho un sobreesfuerzo para reunirse conmigo, pero no por ello dejaré pasar la ocasión para aclarar mis inquietudes con ella.
—¿Entonces no quedaremos este fin de semana? —le consulto.
—No lo creo. Me apetecía presentaros a alguien que conocí hace poco, pero tendrá que esperar. —Ese alguien me ha sonado a un interés romántico—. Además, debemos estar centradas en el partido. Ana tampoco podrá quedar porque trabajará todo el fin de semana y, bueno, no le entusiasma mucho hacer planes últimamente… —Flor bebe como si quisiera tragarse las palabras.
—Hablando de Ana… —Yo también bebo, pero para prepararme para mi discurso—. No andaré con rodeos, Flor, y tampoco quiero dejar en mal lugar a Ana por no atar su lengua en corto, pero me contó algo que es el motivo por el que quería hablar contigo a solas. Te acostaste con mi hermano, ¿verdad?
—No culpo a Ana de no callárselo. Supongo que te habrías enterado por Eric igualmente. Pero me duele pensar que ella te lo dijera con malas intenciones. Es verdad, me acosté con él —me confirma Flor, arrugando las cejas con pena.
—Las intenciones de Ana no importan. Importa el hecho de que me ocultaras la verdad. Te considero mi mejor amiga y no creo haberte dado motivos para que desconfiaras de mí. A pesar de eso y de que no acostumbras a mentir, optaste por ocultarme que te acostaste con mi hermano.
—Porque me daba vergüenza contigo y no fue algo de lo que me sintiera orgullosa, Laura —alega Flor y su afligida expresión se agudiza.
—¿Seguro que fue por eso? ¿No será que él también estaba en tu lista de deseos? Dime la verdad, Flor. ¿Qué soy para ti? ¿Soy una potencial amiga con derechos como Carla, como podría serlo Ana o como lo ha sido mi hermano? Te habría encantado hacer un trío con Ana y conmigo, ¿no es así? Lo insinuaste una vez. Y si te lo propusiera con Aiko, también aceptarías, ¿verdad? ¿Tu amistad se reduce al sexo? —espeto sin piedad, como si disparara una ráfaga de proyectiles contra ella a quemarropa.
—¿En serio, baby? ¿Tú también? —Su voz flaquea, incluso le saltan las lágrimas repentinamente.
—¿Qué esperabas que pensara cuando me enterara de algo así? Lo único que se me ocurre es que te lo callaras para evitar ponerte en evidencia y que yo me molestara. No se te puede creer ni lo de lesbiana. ¿Te da morbo acostarte con tus amistades? ¿Querías cumplir la fantasía de acostarte con dos hermanos? Reconoce que voy bien encaminada —le inquiero con dureza.
—Suenas como Ana —solloza Flor—. Vale, Laura, ¿quieres la verdad que sabes desde hace tiempo? Me encanta Ana y me gustas tú. Es obvio que habría aceptado hacer un trío con vosotras. Y si fuera contigo y con Aiko porque me lo propusieras tú, probablemente aceptaría también en función de las circunstancias —admite en pleno llanto—. Soy así. Júzgame por sentirme atraída por mis amigas, será uno de mis defectos, pero te juro que nunca antepondría el sexo ni mi interés amoroso por delante de la amistad. Creía que os lo había demostrado durante los meses de amistad que hemos ido forjando, pero me habéis crucificado por un error.
—¿Un error? —Mi corazón se llena de angustia al ver a Flor llorando. Hasta hace unos días, pensaba que ella era invencible y ahora se está desmoronando frente a mí.
—Sí, Laura, un error. Tu hermano me presentó a una chica en una fiesta y surgió una chispa entre nosotras —me cuenta Flor con lágrimas empapando sus mejillas—. No sé qué pasó, pero el ambiente de la fiesta se puso muy candente y yo me prendí como nunca con Selene, la chica. No pude aguantarme. Eric estaba ahí y salió el tema del trío. Yo no pensaba con claridad en ese momento, solo quería estar con Selene, por eso acepté. Luego me sentí mal y ambas nos disculpamos en otra cita que tuvimos porque ella tampoco es así. Pero qué más da. Ana y tú os habéis tomado mi vida sexual como un pretexto para alejaros de mí. Entiendo que os moleste que haya sido con Eric por lo que representa para vosotras, y lo siento, pero es injusto que me tratéis así por acostarme con él por error. Supongo que igualmente me darás la espalda como Ana, que ni me responde los mensajes, y que perderé a dos amigas a la vez. —Aunque se escurre el sufrimiento materializado en su rostro, este sigue brotando por sus ojos.
En otros tiempos, habría apostado por que Flor está actuando y es una excelente manipuladora. Una parte de mí me susurra que lo está haciendo, que existen antecedentes que lo corroboran. Nada garantiza que mintiera cuando se acostó con Ana supuestamente bajo los efectos de las drogas. Por la forma con que vende lo que ha pasado con mi hermano y esa chica, eso respaldaría el patrón de excusas al que se aferra para adoptar el papel de víctima. Flor es una pervertida que no dudará en echarle el guante a todo lo que le atraiga ante la más mínima posibilidad de que ocurra. Incluso mi Ai ha entrado en su lista.
Sin embargo, he tenido la oportunidad de conocerla a lo largo de los últimos meses y sé que esa voz paranoica que late en lo más profundo de mi mente se equivoca. Gracias a Ana, aprendí a ver el lado bueno de las personas y puedo afirmar que tengo delante a una de las personas más nobles que he conocido en mi vida. Sus lágrimas de dolor simbolizan cuánto significamos Ana y yo para ella, y cuánto sufriría por perdernos. Flor nunca recurriría a ninguna bajeza para aprovecharse de nosotras ni pondría en riesgo nuestra amistad. Durante todos estos meses, ella ha demostrado que es una amiga respetuosa, que sabe diferenciar sus sentimientos, y ha sido la que más ha apoyado nuestra relación. Por algo la considero mi mejor amiga.
—Flor, perdóname. —Conmovida, abandono mi silla de un salto y rodeo a mi querida capitana con los brazos—. Lo siento. Me dejé llevar por mis creencias y se me nubló el juicio por como Ana me lo contó. Tú eres la prueba de que la bondad y la inocencia existen en este mundo.
—Os quiero un montón, ¡joder! —solloza Flor en mi hombro, agarrada a mí—. Jamás me pasaría por la cabeza hacer algo que os perjudicara.
—Lo sé, y me siento fatal por haber dudado de ti. —Me acomodo a su lado y continúo abrazándola para que se calme.
—Te quiero mucho, baby. No habría soportado perderte a ti también. Es la primera vez que mi rendimiento deportivo anda por los suelos y se debe a las consecuencias de mi estupidez. Gracias por confiar en mí. Estoy perdiendo las esperanzas con Ana, pero me alegra que tú sigas a mi lado. —Sus sentimientos por Ana empeoran su aflicción, puedo percibirlo.
—Flor, tranquila —la consuelo y le froto la espalda con calidez—. Ana entrará en razón también. Dale tiempo. Cuando se enfada y se aferra a una idea, se vuelve un muro infranqueable. Eso fue lo que nos llevó a la ruptura y con lo que ella me castiga ahora porque encontró un escrito mío donde le deseaba cosas malas, y no quiso escucharme ni entender que eso lo había escrito estando enojada cuando nos empezábamos a conocer. Pero sé que ella se pone así cuando está dolida. Luego reflexiona y revela su lado más tierno y encantador, el que me enamoró, el que siempre me ha gustado e incluso me ha hecho amar sus enfados tontos… —Creo que estoy desvariando—. A lo mejor no me hace caso, pero hablaré con ella para que no sea tan drástica.
—Te lo agradezco, baby. —Flor me besa en el carrillo.
—Venga, no llores más. Eres una diosa. —Le seco las lágrimas con una gentil caricia—. ¿Quién es esa tal Selene que fue capaz de enloquecer tanto a semejante diosa? —Empleando un tono más relajado y juguetón, logro que Flor sonría levemente.
—Selene, una diosa griega. Es una tenista muy simpática —me cuenta Flor, luciendo más serena—. Debimos emborracharnos de azúcares por beber tanto zumo. Sus labios sabían a mango, a manzana, a guayaba… —rememora con elocuencia—. Todo un cóctel delicioso. Nunca había notado los sabores de las frutas con tanta intensidad. Me quería comer a Selene allí mismo, delante de todos los desconocidos. No podía pensar en otra cosa. Creía que las venas me iban a reventar por cómo me ardía la sangre, especialmente en el vientre. Selene apenas me había tocado, nada más allá de unas sutiles caricias por el brazo y un pecho, y me puse a mil revoluciones por segundo. Ese deseo sexual exacerbado… Lo más parecido a sentir algo así fue… —Traga saliva al mirarme con vergüenza—. Fue lo que me pasó con Ana… Selene me contó que sintió lo mismo.
Conozco una sensación similar. La he vivido antes con Aiko por voluntad propia, así que no puedo evitar pensar que hubo algo más detrás de esos zumos. Pero no tengo pruebas y no quiero alarmar a Flor por una sospecha. Solo espero que mi hermano no tuviera nada que ver.
—Parece que hubo química entre vosotras.
—Sí, bueno. Algo hay. Me habría gustado que las cosas se hubieran dado de otra manera. Ahora nos estamos conociendo como es debido, pero no en plan citas para algo más. Que fluya lo que tenga que fluir. —De todas formas, mi amiga no puede negarme que esa chica le ha gustado.
—Flor, Flor… —Acaricio su mejilla—. Tienes mejor cara. Me alegra que recuperes el ánimo propio de ti, aunque sea a una escala pequeña. Aportaré algo más para animarte. Bueno, espero que sea así y que la sorpresa que me he estado guardando te entusiasme. —Al hablar sobre una sorpresa, su rostro se ilumina.
—¿Una sorpresa? ¡Oh, baby! ¿Qué traes entre manos?
—Le enseñé a mi mentor Bruno las fotos que te tomé en la playa y… ¡le encantaron! —le revelo, enérgica—. Me hizo una propuesta. Se trata de un pequeño proyecto personal supervisado por él para ayudarme a emprender. Le gustaría que fueras la modelo de un calendario anual y yo, la fotógrafa. —Le guiño un ojo.
—¡¿En serio?! —exclama Flor, asombrada.
—Sí. Además de que pasaríamos más tiempo juntas y de que nos divertiríamos, podríamos ganar algo de dinero extra y darnos a conocer.
—¡Qué emocionante, baby! Nunca imaginé que me tuvieran en cuenta para algo así. Pero lo que de verdad me entusiasma es hacerlo contigo. —Flor me apretuja y me transmite su fuerza y su afecto, gesto que refleja que se sigue revitalizando, y eso me hace feliz.
—Igual que a mí. Tendremos que pasear mucho, ¿sabes? La idea es fotografiarte en diferentes escenarios que representen el estilo de vida en Mallorca durante las distintas estaciones del año, pero teniendo en cuenta tu imagen, tu juventud y tu afición por el vóley.
—Joder, baby, me hace mucha ilusión. Pero tendrás que darme unos días hasta que me recupere. Que sea después del partido que se avecina.
—No hay prisa. Lo importante es que mi mejor amiga recupere su esplendor. —En esta ocasión, soy yo quien besa su carrillo amistosamente.
***
ANA
Una semana después de los acontecimientos de la obra me siento como si hubiera hallado la salida del tormentoso laberinto donde estaba perdida y atrapada. Una de las últimas trampas del camino fue lidiar con los agobiantes mensajes de Flor, que me rogaba para que habláramos como adultas, y los de algunas de las chicas del equipo, que querían inyectarme lástima en las venas porque la capitana se estaba comiendo todas las pelotas en los entrenos por su falta de concentración, cosa que no es mi problema. Me sentí asfixiada y no me quedó otro remedio que rechazar las propuestas de paseo y silenciar los chats.
Por otra parte, el inoportuno y pesado Raúl me sorprendió a la salida del instituto el miércoles pasado. El muy patán me insistió para que le diera otra oportunidad a su arrogancia. Él mismo se humilló en público al suplicarme para que me subiera a la moto y nos fuéramos juntos. Fue un verdadero espectáculo ridiculizarlo y tratarlo como un fantasma en las narices de sus adoradores. A pesar del disgusto, me reí por la cantidad de niñas ingenuas que no saben lo que es la dignidad. Parecían una jauría de lobas ofendidas que aullaban para insultarme por rechazar al machito alfa de sus sueños.
Justo cuando me deshacía de Raúl, las dos psicópatas pasaban junto a mí. Esperaba alguna mueca burlona o despreciativa por parte de ellas, pero me ignoraron. Solo Laura me miró de soslayo por una milésima de segundo. En ese instante, me di cuenta de que se estaba cumpliendo lo que Aiko había profetizado como si fuera una mesías del infierno.
Desde la humillación de Catalina y la detención de Tomás, en el instituto no se hablaba de otra cosa que no fuera lo que había ocurrido en la obra. ¿Bambi? ¿Las zorras? Nosotras habíamos pasado a un segundo o tercer plano del que apenas se escuchaban rumores, salvo por la ocasional visita de Raúl, que no trascendió más allá de unas horas. Tuve la sensación de que había pasado de ser una estrella señalada a una sombra marginada. Eric me había dejado en paz. Sandra no había vuelto a buscarme para manifestar sus intereses románticos. Flor había dejado de agobiarme con los mensajes. La pequeña psicópata no había vuelto a incordiarme en clase, más bien se había limitado a saludarme y hacer los ejercicios que eran en pareja. De hecho, me extrañó que se relacionara más con Marta que conmigo. Y Aiko, la reina de las desquiciadas, había desaparecido tal como me había asegurado que haría. En más de una ocasión, evitó cruzarse conmigo por los pasillos. Cuando no le quedó otra alternativa que pasar por mi lado, miró a través de mí como si yo fuera invisible y siguió su camino. Solo en presencia de Laura me sonrió cordialmente una vez. Llegué a pensar que esa loquilla había comprado la voluntad de las personas que me estresaban para que me olvidaran.
A lo largo de la semana, asistí al instituto y a mis actividades de la tarde con normalidad. También adelanté varios encargos con Víctor e hice un montón de horas extras en el restaurante durante el fin de semana para recuperar el día libre. La rutina se restauraba, la tempestad amainaba y la tranquilidad regresaba a mi vida.
Sin embargo, a pesar de haber conseguido lo que anhelaba, no me siento del todo satisfecha. Tengo la impresión de que escapé de un laberinto para seguir igual de perdida en un desierto, donde vivo bajo un espejismo que dibuja ante mis ojos un oasis hermoso pero irreal. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no estoy conforme? ¿Por qué siento un vacío que no se llena con todo lo que hago?
¡Riiing! ¡Riiing!
El timbre que marca el inicio del primer recreo…
—Ana, disculpa, ¿tienes un segundo? —me pide la pequeña psicópata con su clásica dulzura mientras guarda sus libros como yo—. Seré breve.
—Dime.
—El viernes estuve con Flor y hablamos sobre el tema que ya sabes. —Ya veo, Laura está ejerciendo el rol de paloma mensajera—. Me precipité y la juzgué mal, así que le pedí perdón y nos arreglamos. Es una buena amiga, Ana.
—Parece que yo soy la única a la que te cuesta creerle las cosas. Al resto le crees lo que sea sin cuestionártelo —le reprocho para refrescarle la memoria.
—Por favor, no mezclemos lo que pasó entre nosotras porque tú tampoco me creíste en nada. —Me irrita que Laura vaya de víctima y santurrona. Por lo visto, el espejismo del oasis está a punto de disiparse—. No quiero remover nuestro pasado. Solo quería decirte que Flor está muy afectada porque no quiere perder tu amistad. Significas mucho para ella. Si escogió contarte la verdad, es porque confiaba en ti y esperaba aclarar su desliz. Si te paras a reflexionar un poco como hice yo y repasas todos los meses de amistad que hemos tenido con Flor, te darás cuenta de que malinterpretaste sus actos y le atribuiste una forma de ser impropia de ella. Lo entiendo, me pasó lo mismo por el enojo, y ella también lo entenderá. Por favor, dale una oportunidad. No encontrarás a muchas amigas auténticas como ella en la vida y estás corriendo el riesgo de perderla. Te lo dice una persona que no tuvo amigos de verdad hasta que te conoció.
Nuestras miradas se conectan como no sucedía desde hace mucho, como si la última vez hubiera sido en una vida pasada. Incluso he saboreado entre sus palabras que me ha llamado Ani.
Manipuladora. No soporto que la pequeña psicópata se atreva a darme lecciones de moral, mucho menos que suene como si tuviera razón. Pero… quizás parte de mi desasosiego se deba a que mi historia con Flor no acabó como me hubiera gustado. Estoy cansada de vivir desilusiones. Una oportunidad…
Laura rompe nuestro vínculo visual y se levanta de la silla. Yo también me pongo de pie para ir al patio y camino detrás de ella. Parece que su pierna ya está bien, pues no cojea y contonea las caderas como de costumbre. Cuando salimos al pasillo, descubro que Aiko la está esperando.
—¡Moon! —“Moon”, repito en mis adentros con burla.
Esa desquiciada, como si me hubiera leído el pensamiento, le devora los labios a la pequeña psicópata en mi presencia y luego me sonríe amablemente porque Laura nos observa. ¡Menuda teatrera!
No obstante, el tiempo se detiene cuando me dan la espalda. Aiko sigue siendo una incógnita sin resolver. Recuerdo sus palabras, me dijo que nadie me hace sentir tan viva como ella. No tiene ni idea. ¿Y si soy yo quien la hace sentir viva de otra manera?
Su adiós… Ese adiós llevaba implícito un reto por el tonito con que lo pronunció. Creo que ella es la respuesta que busco, la chispa que me falta para que mi vida termine de balancearse. Después de todo, esa demente es quien me puso en esta situación, por lo que ella debe ser la clave para que recupere mi estabilidad.
—Aiko —la llamo con firmeza.
Ambas psicópatas, coordinadas como si formaran parte de una mente colmena, se voltean a la vez.
—¿Sí, Ana? —articula Aiko con delicadeza, mientras Laura, expresando desconcierto, me observa.
—¿Podemos hablar un momento?
Ante mi petición, maestra y aprendiz de la locura intercambian una intrigante mirada.
—Sí, claro —asiente Aiko, pero las dos se hacen a un lado del pasillo, y no es lo que pretendo.
—Tú y yo, en privado —subrayo, a lo que la pequeña psicópata responde agrandando los ojos.
—Ana, por favor, no… —protesta Laura, pero la propia Aiko la silencia al frotarle la espalda. Ni un perro es tan sumiso como ella. Aiko la tiene bien domesticada.
—Tranquila, Moon. No creo que Ana tenga malas intenciones, ¿no, Ana? —expone Aiko, pero permanezco callada—. Confío en que será una charla pacífica. Mi amor, por favor, adelántate y compra nuestra merienda en la cafetería.
—Vale… —Por la forma en que Laura me mira, intuyo que no se fía de mí. Aun así, obedece a su ama, que le quita el collar, y su silueta se desvanece rumbo a las escaleras, donde desaparece con la de otros alumnos.
Aiko y yo, desafiándonos con la mirada, aguardamos hasta que los pasillos se despejan.
ANA
—¿Me enseñas tu teléfono, Ana? —me pide Aiko, camuflando su sonrisita socarrona detrás de la amable, cuando nos quedamos a solas en el pasillo.
—¿No te atreves a buscarlo en mi bolsillo como hiciste la otra vez? ¿Te da miedo que Laura nos esté vigilando? —la reto y disfruto con su forma de ensanchar la sonrisa. Dado que no mueve ni un dedo, saco el teléfono del bolsillo y se lo muestro—. Mira, paranoica. No estoy grabando nada.
—Vale más ser precavida.
—No lo eres tanto como crees. —Guardo el teléfono—. Podría tener una grabadora en el otro bolsillo.
—¿Y sería del tamaño de un microbio para que pase desapercibida? ¿Crees que no habría notado una silueta sospechosa en la falda tan ajustada que te encanta lucir últimamente? —expone Aiko con chulería, resaltando que me ha escaneado de la cabeza a los pies. Esos ojos perforadores son capaces de ver a través de mis prendas y saber el color de mi ropa interior—. He de decir que había barajado la opción de que regresaras a mí, pero me has sorprendido. No esperaba que lo hicieras tan pronto ni con el descaro de pedirme hablar a solas delante de mi Laura. —Se relame de placer al subrayar ese posesivo—. ¿Qué quieres, Ana? ¿No aceptas un adiós? ¿No deseas la paz? Nuestra relación ya caducó. Tienes lo que querías y yo también. Te dije que nunca seríamos amigas y que no te volvería a molestar, y creo haber estado cumpliendo con mi parte. Además, mírale el lado bueno a todo lo que ha pasado. Te he dado más libertad para que experimentes todo lo que quieras con tu vida. No eras consciente de ello, pero estabas atada con Laura. Tú eres una criatura salvaje que necesita altas dosis de adrenalina con frecuencia.
—No sabes lo que necesito, pero tienes algo de razón. Ahora hago lo que me da la gana y nadie puede pararme. Y no te engañes, dudo que ese adiós fuera definitivo para ti. Te he dado el juego que nadie te ha dado en tu vida. Tú no puedes vivir sin esa sensación adictiva, tu nivel de sadismo no te lo permite. Era cuestión de tiempo que me echaras de menos. ¿Sabes por qué lo sé? Porque eres blanda conmigo. Una loca como tú me habría reducido a polvo aunque me prometiera el cielo porque soy lo que más odias en el mundo, pero no lo hiciste y por algo será. —Ante mi réplica, Aiko se ríe—. ¿Quieres saber lo que busco de ti? Una maestra.
—¿Una maestra? —repite Aiko, desconcertada.
—Tengo algunas horas libres en mi agenda que me gustaría ocupar, y gracias a ti me di cuenta de que no sé defenderme muy bien. Enséñame defensa personal, te pagaré las clases.
—¿Quieres que yo te enseñe defensa personal? —Tras expresar un gran asombro, Aiko retoma su sonrisita traviesa—. Busca una academia en Internet. Debe haber cientos en Mallorca.
—Ya, pero prefiero aprender de mi enemiga —enfatizo y le guiño un ojo.
—No. Creo que tu cabecita ha formulado una idea equivocada y que no lo has meditado lo suficiente. Por tu bien, acepta la paz que te he ofrecido y no te acerques a Laura ni a mí. —Aiko entona sus palabras como si fueran una amenaza.
—Lo tengo muy claro, Aiko, y no tengo nada que perder por acercarme a ti. No he mencionado a Laura para nada. ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de algo? —la reto de nuevo.
—Vale, dejaré a un lado el papel de ingenua pacifista. —Su dulce rostro se vuelve intimidante y sus ojos sombríos me penetran hasta el alma—. Tu motivo no es más que una excusa para acercarte a mí. Estoy segura de que el motivo real es otro entre varias posibilidades, y todas ellas derivan en tragedia. Es probable que pretendas acercarte a mí para acercarte a Laura, ya sea con la intención de vengarte de ella y, por consiguiente, de mí, o de recuperarla. —Frunce el ceño.
—Para nada…
—No he terminado —me interrumpe Aiko con la rapidez de un rayo—. Es probable que estés padeciendo el síndrome de Estocolmo y que hayas desarrollado una visión distorsionada sobre mí. No he sido blanda contigo. He sido justa, que es muy diferente. No quiero que te obsesiones conmigo ni que me mires de esa forma. —Está dando rienda suelta a su paranoia como si fuera la verdad absoluta.
—¿Puedo hablar ya?
—Aún no he terminado, sé paciente —me riñe Aiko con su voz calmada—. Falta la tercera opción, que es muy probable en base a los hechos más recientes. Creo que sientes curiosidad por mí de verdad. —Su sonrisa coqueta se apodera de sus labios una vez más—. Te atraigo, Ana Álvarez, y necesitas aclarar esa atracción.
—¡¿Qué?! —pronuncio, exaltada.
—¿Te recuerdo que me escogiste como opción para follar en el juego de tus amigas? Pero eso es lo de menos. ¿Crees que no noté cómo me apretujabas el pecho cuando me estabas ahogando? —Sus inquietantes argumentos me desesperan, sobre todo por el tonito provocador con el que los escupe—. Te pones tensa cuando te someto. Eso explica que quieras clases de defensa personal, porque sabes que tendremos contacto físico…
—Me cansan tus idioteces. —En esta ocasión, soy yo quien corta su discursito descarrilado—. Esas son tus fantasías, no las mías.
—Pues no haré las tuyas realidad si no me das un argumento más sólido. No gano nada dándote clases de defensa personal, el dinero no es una motivación para mí. Lo siento, tendrás que ir a una academia. —Se dispone a irse, pero la retengo tomándola por la muñeca.
—Espera —resoplo—. Te gusta que te rueguen, ¡eh! Está bien, te daré el motivo convincente que tanto quieres, y no tiene nada que ver con todas las tonterías que has dicho.
—Eso lo valoraré yo —remarca Aiko con firmeza.
—Mira, crees conocerme y puede que aciertes en muchas cosas, pero no tienes ni idea de cómo soy. Lo único que no puedes explicarte es cómo Laura se enamoró de alguien como yo, alguien que abusaba de personas inocentes. Sinceramente, yo también tengo la misma interrogante respecto a ti porque eres una psicópata sádica y manipuladora. Estas clases de defensa personal son la única oportunidad que tenemos para resolver nuestras interrogantes. Podremos conocernos en profundidad. Depende de ti. ¿Eso te vale?
—Interesante… —Aiko lo medita durante unos pausados segundos sin romper nuestra conexión visual—. Esa razón me resulta más plausible. No confío en ti, pero puedo hacer una excepción. Procura no jugar sucio o lo lamentarás toda tu vida.
—¿Eso es un sí?
—A medias. Debo consultarlo con Laura.
—¿Qué? —Me río con burla en sus narices—. ¿La gran Aiko no tiene libertad? ¿Dependes de ella para tomar una decisión?
—Nosotras tenemos comunicación, cosa de la que tú carecías con ella. Por eso la perdiste y yo la recuperé sin grandes dificultades —me reprocha Aiko, sosteniendo una expresión soberbia—. Toma nota de otra gran diferencia entre tú y yo que Laura supo valorar.
—Tampoco la conviertas en el eje de lo que descubramos la una de la otra. Quiero que te formules tu propia impresión sobre mí a medida que me conozcas —le aclaro, ya que no me apetece escuchar el nombre de Laura cada maldito segundo.
—Yo seré la sensei, por lo que yo determinaré cuál será el eje de mis enseñanzas, suponiendo que Laura esté de acuerdo con esto. Si ella te pregunta al respecto, resérvate las estupideces. Dile que quieres aprender defensa personal y que nos llevemos bien, nada más. ¿De acuerdo?
—Sí, sensei —respondo con un tono burlón—. Por favor, lo menos que deseo es tratar con ella.
—Muy bien. Te avisaré cuando tome la decisión definitiva. Adiós, Ana. —Aiko ondea la mano y sonríe cordialmente antes de marcharse.
Me enerva que esa desquiciada no vaya mal encaminada, pues es verdad que me intriga conocerla mejor.

***
LAURA
Debí esconderme en las escaleras y espiar a mi Ai y a Ana porque no me fío de las intenciones de Ana, pero no lo hice porque confío en mi Ai. ¿Cómo es posible que Ana pidiera hablar a solas con Aiko delante de mí? ¿En qué momento pasó de odiarla y acusarla de falsas fechorías a querer charlar en privado con ella? ¿Mi sueño me estará explotando en la cara y no he sido capaz de verlo?
No, lo dudo. Mi Ai jamás me sería infiel, pero no puedo afirmar lo mismo sobre Ana. Presiento que ella trama algo. No es una casualidad que Ana decidiera estar a solas con Aiko después de que yo la animara a darle una oportunidad a Flor. Llevábamos días distanciadas, en paz, y es probable que se haya molestado por mi amistoso consejo. Ahora busca venganza atacando mi punto débil. Me había dejado bien claro que me haría sufrir y que jugaría conmigo, y su despiadada actitud lo corrobora. ¿Qué pretende? ¿Quiere que desconfíe de Aiko? ¿Quiere provocarla? ¿O intentará seducirla para que nuestra relación se tambalee? Puedo esperar cualquier cosa de la Ana fría y vengativa, y me duele que me ponga en esta situación.
De camino a la cafetería, decidí tomar la ruta del patio, ya que desde ahí podía observar las ventanas de los pasillos. Aunque no vigilé a Aiko y Ana desde las escaleras, lo hice desde esa posición. Ambas hablaban de forma pacífica junto a una ventana de la última planta. Irónicamente, esa tranquilidad alimentó mi inquietud. Me habría gustado estar más cerca para leerles los labios, pero sé que mi Ai me contará la verdad.
Al regresar de la cafetería con varias chocolatinas y un par de zumos, me encuentro con mi Ai, que recién accede al patio.
—¿Qué quería Ana? —Disparo mi pregunta a quemarropa para apresurar la respuesta capaz de serenar la angustia que devora mi pecho como un parásito.
—Moon, ¿y si primero me permites endulzarme la boca? Necesito azúcar.
—Lo siento. Ten, es para ti. —Le ofrezco su parte de la merienda y, para mi sorpresa, ella me roba un beso.
—¡Ja, ja! ¡Qué carita tan adorable! —exclama Aiko, muy risueña—. Tus labios eran lo que necesitaba para endulzarme la boca. —Me encanta que sea traviesa y romántica, pero eso no sacia mi inquietud.
—Entonces me comeré todo por las dos y te permitiré degustar los sabores en mis labios. ¿Qué te parece?
—¿Solo en tus labios? —musita Aiko en mi oído de modo insinuante.
¿Intenta disuadirme para que me olvide de Ana?
—Cuando estemos en la casa profundizaremos en ese tema. —Abro una chocolatina y rondo su boca con ella—. Dime lo que te dijo Ana o te haré pasar hambre. La dieta de pan y agua puede ser muuuy dura, y más cuando tienes delante un apetitoso manjar que no puedes probar —le digo con un tono picarón.
—¡Ja, ja! Moon, no seas cruel. No me chantajees así. —Veloz, Aiko muerde la barrita y la rodea con los labios, irradiando sensualidad mientras me seduce con la mirada—. ¡Mmm! ¡Qué rico! En su receta debe haber una porción de ti por lo deliciosa que está.
—¡Ja, ja, ja! Boba. —Esta vez, mi Ai logra manipularme con su tonteo.
Asalto sus labios con fervor y chupo el rastro del chocolate que mancha su delicada piel.
—Si como otro trozo, ¿repetirás lo que acabas de hacer? —Si Aiko está tan juguetona y retrasa el asunto de Ana, deduzco que no es grave, pero no por ello mi intriga mengua.
—Puede, pero te prohíbo comer hasta que me cuentes lo que hablaste con Ana. Vamos a mi sitio. —Señalo el camino que conduce a mi habitual rincón a través de las canchas.
—Está bien. Tú ganas, Moon —dice Aiko mientras andamos—. Ana me hizo una petición que no me esperaba. Quiere que le dé clases de defensa personal.
—Oh… —Es evidente que Ana trama algo, por eso ha buscado una excusa para pasar tiempo con mi Ai. Nunca se conoce a alguien lo suficiente. No me puedo creer que Ana sea tan mala como para intentar dañar mi relación por venganza—. ¿Y eso? ¿Por qué tú? —Me arrepentiré de haberle contado a Ana que mi Ai fue mi maestra. Por lo visto, se acordó de ese detalle y ha sabido sacarle provecho.
—Sabe que yo te enseñé a ti y parece que ella lo ve como un gesto de paz entre nosotras. Hasta me ofreció pagarme por las clases. Creo que lo de la obra le abrió los ojos sobre mí y que está buscando la manera de disculparse y pasar página. —Aiko peca de inocente al no olfatear la maldad de Ana o yo soy la exagerada paranoica que se ha desviado de los hechos—. También quiere estar preparada por si vive otra mala experiencia como la de Ricardo o la de Mario.
—Sí, entiendo. ¿Y qué le dijiste?
Mi Ai no compartiría sus conocimientos con cualquiera, por no decir que con nadie, mucho menos si implica contacto físico, excepto conmigo. Tampoco desperdiciaría su valioso tiempo enseñando algo a alguien que no le interesa o de la que no obtendría un beneficio. ¿Qué le habrá respondido?
—Me negué. Le sugerí que fuera a una academia, pero ella insistió. —Todo encaja hasta aquí, pero mi Ai arruga las cejas con pena cuando nos miramos—. En ese momento noté cierto arrepentimiento en ella por su forma de tratarme cuando nos conocimos. Me dio lástima, Moon, porque Ana intenta desesperadamente limpiarse la culpa de haberse equivocado conmigo. He considerado darle una oportunidad, sobre todo por ti, que quieres conservar la amistad con ella. Pienso que sería una buena manera de que ella me conozca mejor, supere las heridas del pasado y apruebe nuestra relación como, tal vez, una amiga. Pero no le di una respuesta definitiva. Le dije que lo consultaría contigo. Haré lo que tú consideres correcto, ya que es tu ex y la conoces mejor que yo. ¿Debo tomarla como alumna o sigo guardando las distancias con ella?
Me sorprende la reacción de Aiko, y más que ponga en mis manos la decisión final. Debería impedir que se conviertan en maestra y alumna porque Ana, por muy previsible que parezca, es imprevisible. Le encanta hacer lo que se le antoja, sus impulsos la dominan la mayor parte del tiempo. El hecho de que alzara la bandera de esta petición con un supuesto fin pacífico lo demuestra.
—La cuestión es si tú te sentirías cómoda tomando a mi ex como alumna.
—Lo puedo intentar. Podría ser beneficioso para las tres superar las riñas del pasado de una vez por todas. El aura de tensión se disiparía cuando las tres coincidiéramos con tus amigos. Si las intenciones de Ana no fueran lo que parecen, suspendería las clases y no volvería a acercarme a ella. —No debo dudar de mi Ai, seguro que ya pensó en todas las opciones para reducir los posibles daños.
—Vale, Ai. Si tienes todo bajo control y no te afecta, supongo que no pasa nada por enseñarle defensa personal a Ana. —Aunque consiento que lo haga, mi pecho sigue alterado.
***
Cuando el recreo concluye, me apresuro para llegar al aula antes que la profesora. Esos minutos previos a la lección son tan valiosos como un tesoro para mí, pues ansío desmenuzar el tema de las clases de defensa personal con Ana. Por suerte, ella tampoco tarda en aparecer. Después de mirarme con cara de póker, rodea mi silla y se sienta en la suya.
—¿Tanto me odias, Ana? —Voy directo al grano.
—¿A qué viene esa pregunta? —replica Ana con aires de ingenuidad mientras saca de la mochila los libros de la asignatura.
—Por favor, no te hagas la tonta. ¿Qué te has propuesto con mi Ai?
—Uy, parece que alguien se ha mosqueado —expresa Ana con sarcasmo—. ¿Celosa? ¿No confías en tu “Ai”?
Ana es cruel, disfruta con esto como si se deleitara catando una copa de vino exquisito en su trono infernal. Prácticamente visualizo sus cuernos demoníacos.
—Es en ti en quien no confío. Te rehúsas a poner fin a tu campaña vengativa contra mí. ¿Crees que no sé lo que pretendes? Quieres seducirla para joderme, porque no puedes aceptar que sea feliz con ella. Quieres convertirme en la otra Larson de la que reírte por los pasillos presumiendo de haberte acostado con su pareja en sus narices como hiciste con mi hermano. Pero te diré algo, eso no pasará.
Ana mantiene las cejas levantadas hasta el final de mi discurso, denotando que no se toma en serio ni una de mis palabras.
—Joder, ¿qué te fumaste en el recreo? —articula Ana a modo de burla—. No tengo una mente tan podrida como la tuya, pero me agrada la idea —remarca con malicia.
—Ana, por favor. ¿Por qué eres así? ¿Qué quieres? Hemos sido amables contigo y yo solo he intentado ser tu amiga, a pesar de todo, porque para mí sí tuvo un significado que nos juráramos ser amigas para siempre cuando enlazamos nuestros meñiques. —Ese recuerdo me conmueve—. ¿No puedes perdonarme? ¿Has dado este paso con la intención de dañarme porque te ha molestado que te hablara de Flor?
—Laura, eres una dramática. No llores y no desempolves tonterías que hicimos cuando yo creía que eras otra clase de persona. —El gélido infierno de Ana arrasa hasta con nuestras vivencias más tiernas—. Deberías estar satisfecha. ¿No querías que le diera una oportunidad a Aiko? ¿Ahora te molesta que me acerque a ella en son de paz? A ti no hay quién te entienda, pequeña psicópata. Si te jode que me dé clases de defensa personal, prohíbeselo. Después de todo, tú tienes la última palabra, ¿no?
—La tengo, y le di mi consentimiento a Aiko porque, en el fondo, tengo fe en ti y tengo la esperanza de que esto sirva para sanar y fortalecer nuestra amistad. —Ojalá que el noble corazón de Ana bombee ternura de nuevo en mi presencia.
—Pues reza mucho para que se te cumpla… ¿Sabes qué, Laura? Yo no soy como tú. Yo no premeditaría acercarme a tu novia para robártela como hiciste tú con tu hermano. Yo dejo que las cosas fluyan. —Ana intenta darme una lección, pero está escupiendo hacia arriba y el escupitajo le caerá en la cara.
—Es una lástima que lo veas así. Puede que yo mintiera y que manipulara algunas situaciones, pero nunca premedité enamorarme de ti hasta el punto de poner en riesgo mi relación con mi hermano. Ese sentimiento empezó a crecer en mí desde que te vi en una foto y para cuando lo acepté, ya no podía sacarte de mi cabeza. Pero no importa, ya sé que nada de lo que diga significa algo para ti a estas alturas. Para ti, una obra de ficción es más realista que mis palabras… —Una feroz angustia asola mi pecho.
—Hola, chicas y chicos —saluda la profesora al entrar en el aula—. ¿Cómo habéis pasado el fin de semana? ¿Habéis hecho los deberes?
—Al menos eres consciente de que las historias de fantasía son más creíbles que las tuyas —continúa Ana en voz baja mientras abre el cuaderno—. “Ya no podía sacarte de mi cabeza” —cita con ironía—. Aparece tu ex y me dejas a los tres días. Menos mal que no podías sacarme de tu cabeza. Pero paso de ese tema. Te gusta remover la mierda para que terminemos hablando de ella. Somos amigas, ¿no? Hay más temas en el mundo.
—Solo espero que, como amiga, respetes mi relación con Aiko. Es lo único que te pido.
Ana, castigándome con la mirada, ensancha las fosas nasales.
—Vale, Laura. Solo son unas jodidas clases de defensa personal en plan amistoso.
—¡Sh! —La profesora pone orden—. Roberto, sal a la pizarra y resuelve el primer ejercicio.
—Si de verdad vas a poner de tu parte, me gustaría pedirte otra cosa —murmuro, fingiendo que escribo en el cuaderno, y Ana me presta atención—. Dentro de dos meses o así, Aiko, Aura, dos amigas y yo actuaremos en un evento en Barcelona. Me haría mucha ilusión que tú estuvieras en el público. Siempre te he considerado un pilar importante en mi vida y me animaría mucho verte allí. Te puedo pagar el vuelo y la estancia, ya que es un evento friki y tú no eres muy fan. De todas formas, será muy divertido. La gente va disfrazada al Japan Weekend, hay competiciones de cosplay y bailes, y mucho más.
—A veces me pregunto qué hay dentro de esa cabecita psicópata. Primero me acusas de cosas que tú misma te has inventado y ahora me pides como un angelito que te acompañe a un evento. —Por su forma de sonreír y de negar con la cabeza, creo que aceptará—. No me hace ganas, pero lo pensaré. Ten por seguro que el viaje me lo vas a pagar, y quiero un extra por soportarte. —¿Miss Bromista amigable?
—¡Ja, ja! Vale, todo es negociable. Gracias por tener en cuenta mi petición, Ana.
—Laura, ¿estás contenta? Pues comparte tu felicidad en la pizarra —me ordena la profesora.
***
ANA
A Laura le encanta fastidiarme sacando del baúl de los recuerdos los momentos más adorables que vivimos para jugar con mis sentimientos. A veces logra que sienta nostalgia por aquellos tiempos donde coloreábamos el mundo con nuestro amor, pero ya no puede manipularme con esa falsa ilusión en la que me hizo creer. Es una mentirosa y siempre lo será.
¡BIBIBI!
Recibo un mensaje poco después de sonar el último timbre de la jornada.
—Hasta mañana, Ana —se despide Laura con amabilidad.
—Chao —le respondo por mero reflejo, ya que tengo los ojos clavados en la pantalla de mi teléfono.
Aiko Suzuki me ha escrito por Instagram. No me había percatado de que ella seguía mi cuenta.
Hola, Ana Álvarez.
Laura está de acuerdo.
Esta semana empezaremos las clases. Luego concretaremos los detalles. Por favor, sé disciplinada y respeta lo que acordemos.
Un saludo,
Tu sensei. ♥
ANA
La curiosidad me empujó a visitar el perfil de Instagram de Aiko después de leer sus mensajes y descubrir que ella me sigue. Si bien me pareció propio de esa manipuladora lucir una imagen de cordialidad al principio de sus mensajes, me tomó por sorpresa la firma final acompañada de un corazón negro. De algún modo, ese detalle me resultó cercano y bonito, más allá de la superficialidad, y me recordó a Laura.
Cuando entré en su perfil, pensé que me encontraría con el rincón oscuro de una perturbada de máxima categoría. Que si rituales satánicos, que si fotos siniestras e inquietantes, que si alusión a la muerte. Pero no. Su perfil es uno de los más profesionales y tiernos que he visitado. Aiko se define a sí misma como diseñadora e intercala fotos de interiores y exteriores de casas con algunas personales de ella llenas de escritos románticos. Casi todas las descripciones están en japonés e inglés, por lo que tuve que traducirlas, y vi que en sus publicaciones cita a Laura como su luna, su alma gemela, su musa y su amor sin mencionar su nombre. Me sentí identificada porque yo definía a Laura de forma parecida en las mías, con la diferencia de que yo publicaba fotos nuestras y Aiko no muestra la cara de Laura, solo momentos de sus manos enlazadas, sus labios besando sus mejillas, sus pies unidos en la cama y cosas por el estilo.
Por lo que observé en el idioma de los comentarios que ha recibido y los nombres de sus seguidores, la mayoría de ellos son asiáticos. Por supuesto, tenemos en común a los amigos de Laura que ha ido conociendo hasta ahora. Nadie se imaginaría que detrás de esa cara bonita y angelical que le enseña al mundo una fachada limpia y luminosa se oculta una psicópata. A pesar de todo, la seguí y le respondí con un «Ok» a secas.
Luego, mientras comía en mi casa, continué mirando historias y publicaciones hasta que una de Aura me recordó la petición de Laura. La pequeña psicópata me había pedido que la acompañara a un evento friki para que apoyara su actuación, así que me picó la curiosidad y visité la página de dicho evento, que casualmente Aura había compartido. Al principio, no me apasionó, pero lo medité a medida que leía todo lo que ofrecían y consideré que podría ser una experiencia interesante y divertida yendo con amigos. Además, se me ocurrió una idea descabellada después de escribirle a Laura: «Iré al evento, pero no por ti. Igualmente me pagarás el viaje». Mi intención era incordiarla, pero ella se lo tomó como un premio al responderme que le alegraba que fuera y que me pagaría lo que quisiera con mucho gusto. ¡Niña odiosa!
El tiempo ha pasado desde entonces y aún espero que Aiko concrete el horario de las clases de defensa personal. Aunque me cueste admitirlo, la incertidumbre de lo que pasará en esas clases actúa como dinamita para mi adrenalina. Cada vez que pienso en ello, el pulso se me acelera. No sé si es mi instinto de supervivencia susurrándome que me estoy metiendo en la boca del lobo o la intriga de conocer mejor a la persona que más detesto generándome una extraña adicción.
No obstante, no permito que esa sensación me robe el sueño ni me prive de disfrutar del resto de mis actividades, como la de baile, que recién concluyo en los brazos de mi profesora tras un giro frenético.
—¡Un aplauso, chicas y chicos! ¡Habéis estado increíbles! Nos vemos en la próxima clase. —Como siempre, mi profesora Paola pone el punto final a la sesión derrochando entusiasmo y energía. Cada semana, todos los alumnos abandonan el salón portando una sonrisa de oreja a oreja, una sonrisa que refleja las buenas vibraciones que ella nos transmite—. Ana, impresionante. Sigue así. —Me aprieta el hombro con calidez.
Por lo que he oído de boca de mis compañeros, que parlotean como loros hasta la salida del recinto, Paola tiene treinta años y se dedica al baile profesional desde los dieciocho. Su novio también es profesor en la academia, aunque nunca lo he visto. La última vez escuché que ella tiene una hermana menor que se llama Daniela. Cuando mencionaron el instituto donde Daniela se había graduado, encajé el parecido de los rasgos latinos de ambas y deduje a qué Daniela se referían. Me asombró lo pequeño que es el mundo. Desde luego, Paola no es una bicha como su irritante hermana y físicamente es una morena de cabellos y piel con un cuerpazo digno de un monumento. Todos la alaban y no me extrañaría que más de uno se quedara prendido de los carnosos labios que posee.
—Paola, ¿tienes un segundo? —le pregunto tras esperar que el salón se vacíe.
Ella coloca la toalla con la que se seca el sudor sobre una silla y se voltea hacia mí.
—Claro, corazón.
—Me da vergüenza porque apenas hemos hablado y no tenemos mucha confianza…
—Que no te dé corte, Ana. Bailar es una forma de expresarse y comunicarse. Eres mi pareja de baile en las clases y eso hace que sienta que te conozco desde hace toda una vida. En cada paso noto tu pasión, tu soltura, la intensidad con que vives. Eres pura luz, Ana —afirma Paola con tal convicción que estimula mi sonrisa.
—¡Gracias! Las clases no serían lo mismo sin ti.
—¡Qué encantadora! Gracias a ti. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
—Es que estoy muy motivada con el baile y me gustaría preparar una pequeña coreografía para una ocasión especial. Se me da bien dejarme llevar por el ritmo e improvisar, pero quiero preparar algo más organizado para incluir los pasos que nos has estado enseñando. ¿Podrías darme algún consejo sobre cómo preparar una coreografía? Puedo pagarte por el tiempo extra o invitarte a tomar algo.
—¡Qué bien, Ana! Me siento orgullosa de tener una alumna como tú. —Paola alimenta mi ego al hacerme sentir especial—. Mira, tengo una idea. Los pasos que os estoy enseñando son muy básicos porque es el nivel para principiantes, no aportarán mucho a tu coreografía. Tú deberías estar en un nivel más avanzado porque captas todo al vuelo, pero es bueno no precipitarse y asentar bien las bases. Normalmente, la clase que tengo con tu grupo es la última del día y luego me quedo sola una hora hasta que mi pareja termina. Aprovecho esa hora para pulir mis actuaciones, pero podría dedicar un rato a ayudarte a preparar la coreografía. Lamentablemente, no dispongo de más tiempo libre. ¿Te va bien? ¿No se haría muy tarde para ti? Recuerdo que eres estudiante. Si no vives muy lejos, mi pareja y yo podríamos acercarte a tu casa luego.
—¡Me va genial! —exclamo, sonriente—. No te preocupes, vivo cerca y puedo regresar sola. Ya estoy mayorcita, ¡ja, ja! Para mí ya es mucho que puedas hacerme un hueco en tu agenda y ayudarme. ¿Te lo pago como otra clase? Es lo menos que puedo hacer como agradecimiento.
—¡Ja, ja! Me encanta tu ilusión. Tranquila, no tienes que pagarme nada. Esto lo hago con el corazón. —¡Qué mujer tan admirable! El novio es un afortunado—. Dime, ¿ya tienes algo en mente?
—Creo que sí.
—Si no tienes prisa, me puedes contar tu idea y empezamos a trabajar en ella ahora.
—¿Sí? ¡Qué ganas! —expreso, emocionada, y le comparto mi idea con plena confianza.
***
LAURA
Mi Ai y yo tocamos el timbre del apartamento de Aura, que espera por nosotras con sus otras dos amigas que participarán en el evento. Antes de llegar, puse al día a Aiko sobre dichas amigas de Aura, en especial sobre Paula, con quien ella mantuvo una amistad con derechos en más de una ocasión, hasta sabotearse la existencia al abrirle las puertas de su corazón a Claudia. Aura no lo sabe, pero Paula se me insinuó una vez. Al menos, no fue tan descarada como ella, que me besó en cuanto tuvo una oportunidad.
Aún no asumo que haya aceptado unirme a este desafío para poner a prueba la vergüenza. Sin embargo, volví a envalentonarme cuando Ana me escribió que asistirá al evento. Aunque resaltó que no irá por mí, sé que miente. Significa mucho para mí contar con su apoyo cuando esté subida en el escenario. Además, el hecho de que Ana haya aceptado supone un avance en nuestra amistosa reconciliación. A pesar de que sus recientes actos me desconciertan, tal vez es cierto que se está esforzando a su manera para que nuestra relación renazca como una bonita amistad. Eso le daría sentido a su interés por acercarse a mi Ai.
Esta semana podré figurarme lo que Ana pretende, pues mi Ai ya planificó el horario de las clases de defensa personal. Pensé que la adiestraría en mi presencia, incluso que entrenaríamos las tres juntas, pero Aiko escogió las horas en las que yo estaré en el curso de fotografía para las clases. Inevitablemente, sentí que mi sueño me perseguía como una pesadilla que se materializaba a cuentagotas. Según mi Ai, prefería estar a solas con Ana para que nosotras no sacrificáramos nuestro tiempo de pareja. Por otro lado, para que Ana se desinhibiera e interiorizara mejor el aprendizaje al no estar condicionada por mi presencia. Aun así, mi mente empezó a formular ideas para espiarlas, para saciar mi inquietud sobre cómo se comportarán ellas a solas. ¿Mantendrán un trato distante y formal? ¿Las clases serán serias? O, por el contrario, ¿se excederán con los roces y las bromas? ¿Cuánto intimarán?
Sostuve una de mis microcámaras en la palma de mi mano mientras Aiko se duchaba y estuve a punto de esconder un par en el salón y en el dormitorio. El impulso de llevar a cabo mi plan me estaba dominando, sobre todo porque visualizaba la fantasiosa imagen de la traición, pero cerré el puño y tragué saliva. ¿Cuál era el sentido de esos celos? ¿Y de la desconfianza? ¿Iba a perder la batalla contra la paranoia por un sueño y una casualidad?
No, no podía flaquear. Ya no hago esas cosas; esas artimañas debían permanecer guardadas en un cajón. Solo he recurrido a ellas para castigar a los desgraciados que merecían un escarmiento como Ricardo, pero nunca por dudar de las personas que amo. Si renunciaba al voto de confianza que mi Ai y Ana requerían, le habría abierto las puertas a la oscuridad de nuevo.
—¡La parejita más kawaii ya está aquí! —Aura nos recibe en su casa con su habitual verborrea empalagosa. A mí me abraza y me besa, mientras que se contiene con Aiko—. ¡Pasad! ¡Pasad! Estamos todas en el cuarto. Paula, Raquel y… una acompañante sorpresa que nos echará una mano a nivel técnico.
Cuando Aura mencionó a una acompañante sorpresa, no esperaba encontrar a Claudia con las otras dos en su habitación.
—Chicas, ¡mirad quiénes han llegado! —anuncia la excéntrica Aura—. El grupo está completo.
—El cáncer del insti… —murmura la sarcástica Claudia, que está sentada en la cama con Raquel.
¿Tendremos que soportarla en todos los ensayos?
—¡Miau! —Neko salta del regazo de Paula, que ocupa la silla de Aura.
—¿A dónde vas, traidor? —le dice Paula con humor.
—¡Miau! —El gato me ronda fugazmente para saludarme y se deleita frotándose en los tobillos desnudos de mi Ai—. ¡Miau! ¡Miau!
—¡Oooh! ¡Totemo kawaii! —exclama mi Ai con ternura y, tras agacharse, acaricia a Neko con gentileza.
El gato, como si expresara lo a gusto que se siente con ella, ronronea con la cola en alto y sigue restregándose en mi Ai.
—¡Ha dicho kawaii! ¡Aah! ¡Me muero! —chilla Aura de forma exagerada—. Neko se ha enamorado y yo también.
—Ñi, ñi, ñi —se burla Claudia—. Ese gato es un zorro y sabe elegir a sus iguales.
¿Tan pronto se atreve a llamarnos zorras? Si miss Esperpento sigue así, no superaremos el primer día de ensayo.
—Envidiosa —replica Paula—. Te da envidia porque Neko pasa de ti y te araña cuando intentas cogerlo.
—Para nada. Es un gato apestoso y suelta mucho pelo. Lo menos que quiero es tenerlo encima —alega Claudia, carente de argumentos sólidos.
—No le agradas a Neko porque te considera más animal que él. De hecho, te considera una culebra venenosa y recomienda alejarse de ti. ¡Auch! —Me encanta que mi Ai se valga del gato para escupirle las verdades a la cara a Claudia.
—No sabía que hablaras gatuno. ¿Lo pronuncias mejor que el español? Porque hablas como si tuvieras la nariz taponada —dice Claudia con su tonito sarcástico—. Por Dios, ¡en qué nido de frikis me he metido!
—Por mí sobras, Claudia. —Paula no se reserva nada con ella, será una buena aliada. De Raquel, en cambio, no espero grandes cosas, pues lo único que hace es reír.
—Paz, chicas, paz —interviene Aura—. Os presento. Como es obvio, ella es Aiko. Aiko, ellas son Paula y Raquel.
—Mucho gusto. —Mi Ai inclina la cabeza y ellas corresponden su saludo con palabras afectivas.
—Mmm, me faltan sillas y me da pereza ir a buscarlas. De todas formas, estaremos poco tiempo aquí. En cuanto decidamos qué haremos, nos iremos a un sitio más amplio para empezar con la coreografía. Podéis sentaros en la cama —nos indica Aura y nosotras nos acomodamos en el lado opuesto al de Claudia.
Neko persigue a mi Ai y se sube a sus muslos de un salto. Enseguida maúlla al mirarla y se vuelve un ovillo.
—¿No tenías todo claro? —le pregunto, ya que observo que hay prendas de cosplay que no guardan relación entre sí en el centro de la cama.
—Si tú supieras… —comenta Raquel.
—¡Ay! Es que se me han ocurrido otras alternativas kawaiis y no sé qué hacer —se justifica Aura, apoyada en su escritorio gaming—. Prefiero decíroslas y que votéis por la que más os guste.
—Os adelanto que todas son cutres y que daréis vergüenza ajena —se mofa Claudia, pero la ignoramos.
—A ver, dinos —le pido a Aura.
—Mi idea original es que hagamos cosplay de Sailor Moon y que nos aprendamos una coreografía acorde a su opening…
—Y también quiere incluir a Neko para que todo quede redondo —la interrumpe Paula.
—¡Oh, como si fuera Runa! —exclama Aiko.
—Es Luna —la corrige Raquel.
—¿Ahora te das cuenta de que no sabe pronunciar la ele y de que su español hablado es un poco deficiente? —puntualiza Claudia con malicia.
—Para tu información, Runa es en japonés —le aclaro, relamiéndome de gusto como si la hubiera abofeteado con un guante de metal.
—Tiene mucho mérito hablar un idioma tan diferente con esa fluidez —añade Paula como si le abofeteara la otra mejilla.
—Runa es una gata. ¿Harás de gatita, Neko? —le consulta mi Ai, pareciendo que interactúa con un bebé mimado.
—¡Miau! —protesta Neko y todas nos reímos.
—¡Ja, ja! Obviamente, Paula estaba de broma en lo referente a Neko —resalta Aura—. Esa sería la primera opción.
—Opino que es buena —intervengo—. A todas nos gusta Sailor Moon y tú eres su fan número uno. Además, los disfraces son sencillos.
—Sí, pero pensé que a lo mejor no era muy original y se me ocurrió una segunda opción. —Aura se dirige a su silla—. Paula, saca tu culo de mi trono.
—Ya usurpé tu trono. De aquí no me muevo, es demasiado cómodo —contesta Paula, risueña y apoderada de la silla.
—Mi nuevo cojín parlante. —Aura, dejándose caer como una pesada roca, se sienta encima de ella.
—¡Ay! ¡Gorda! —La queja de Paula se traduce como un gemido de placer, ya que se ríe y atrevidamente posa las manos en las caderas de Aura.
Miss Culebra ponzoñosa se ahoga en su propio veneno al contemplar tal escena. ¿Celosa, Claudia? No pierdo de vista su rabiosa mueca, que dibuja una sonrisa de satisfacción en mis labios.
—Llora, tendrás que aguantar mi peso hasta que termine. —Aura arrastra la silla con los pies hasta ubicarse frente al monitor principal.
—Tampoco es para tanto. No es la primera vez que soporto tu peso y no creo que sea la última. —El insinuante comentario de Paula provoca que Claudia resople de cólera por lo bajo.
—¡Ja, ja! Ya, idiota. —Aura reproduce un vídeo de la actuación de otras chicas—. Esta es la segunda opción. Podríamos hacer cosplay de algunas Vocaloids como Miku, Megurine, Meiko, Neru, Rin u otras, y aprendernos alguna coreografía de Miku.
—Laura sabe muchas coreografías de Miku y las baila muy bien —cuenta mi Ai, sosteniendo una sonrisa de orgullo—. Puede enseñarnos.
—Top definiciones de “friki” que te pondrán los pelos de punta —espeta Claudia para sí en busca de un consuelo que alivie los celos que han arrugado su cara hasta parecer una pasa.
—Ya tenemos a la profe, eso es una ventaja —subraya Raquel.
—Pero que no sea muy difícil porque soy arrítmica —ruega Paula.
—Nivel medio para que no sea muy simplona y aburrida —propongo, aunque no estoy segura de acordarme de los pasos de todas las coreografías que me sé porque últimamente no he jugado tanto como antes.
—Tampoco hay que sufrir como si nuestras vidas dependieran de ello —agrega Aura—. Lo kawaii es divertirse con la experiencia. Aun así, estaría bien distinguirse un poco. Cada año participan Mikus como si fueran una plaga de langostas. Por eso se me ocurrió una tercera opción. Podríamos diseñar nuestro propio vestuario y crear nuestra propia imagen como idols.
—¿Y tendríamos que crear nuestra propia coreografía? —cuestiono, ya que esa opción implica más trabajo—. De ser así, no creo que nos baste el tiempo para preparar algo decente.
—No, no. Ya sé que es inviable y supongo que todas estaremos de acuerdo en que tú nos enseñes una coreografía. —Raquel y Paula asienten ante las palabras de Aura—. Hice una encuesta a mis seguidores y votaron por Sailor Moon. —Nos muestra el resultado en el monitor—. ¿Qué os parece más kawaii?
—Yo voto por Sailor Moon también, que lleva menos historia y ya tenemos parte de los cosplays —dice Raquel, denotando que lo tiene muy claro y que apuesta por el mínimo esfuerzo.
—Y yo, ya que no soy tan fan de Miku —añade Paula, que ha deslizado una mano hasta el muslo de Aura.
—Yo habría votado por Miku, pero sé que Aura adora Sailor Moon y, dado que esta ha sido su idea, quiero que disfrute al máximo. Mi voto va para Sailor Moon. —La sonrisa de Aura se ensancha hasta rozar la frontera con lo sobrehumano al escuchar mi opinión.
—¡Ay, Lau! ¡Eres tan kawaii! ¡Te adoro!
—¿Es posible participar dos veces? —le consulta mi Ai, que sigue peinando a Neko con sus caricias.
—¡Miau! —Puedo imaginar cuánto placer siente el gato con el delicado vaivén de los dedos de mi Ai porque he gozado del mismo privilegio.
—No se puede porque sería injusto, pero, si no participan muchos grupos y sobra tiempo, se puede hablar para realizar una exhibición extra que no cuente para el concurso de idols, que es en el que nosotras participaremos. Hay otro de karaoke y dos de cosplays. Uno consiste en exhibir el cosplay en la pasarela y el otro, en presentar un pequeño espectáculo. También hay una exhibición de baile, pero no es un concurso —explica Aura con elocuencia.
—Entiendo. Si os parece bien, puedo cantar el opening de Sailor Moon en japonés. Eso nos dará puntos extras —propone mi Ai, asombrando a todas.
—¡¿Lo harías?! —Me adelanto a las demás como si fuera la más sorprendida porque sé que mi Ai canta como una idol, pero no esperaba que le naciera ofrecerse para cantar en el evento. De hecho, ni me pasó por la cabeza consultárselo para que no se sintiera presionada ni comprometida a hacerlo por mí.
—¡¿Sabes cantar también?! —Aura brinca encima de Paula—. ¡Dios! ¡Esto es el colmo de lo kawaii! ¿Dónde te hago un altar para rezarte?
—Y el colmo de lo patético… —gruñe Claudia.
—¡Tenemos una idol entre nosotras! Somos afortunadas. ¡Fijo que ganamos! —celebra Paula.
—No tengo dudas. Sí a todo —agrega Raquel.
—¡Ja, ja! —Me hace feliz ver a mi Ai tan risueña entre mis amigas—. Sí, sé, pero no soy una profesional. Tengo otra idea. Sé por vosotras que a Aura le encanta Sailor Moon, pero también he notado que le hacía ilusión presentarse con su propio grupo de idols en un escenario al menos una vez, por eso nos propuso participar en el evento. —Mi Ai estuvo analizando a Aura y no para destruirla como acostumbra a hacer, sino para contentarla. Me enamora que tenga en cuenta los deseos de mis amigas y que se esfuerce para integrarse. Quiero besarla—. Podemos participar dos veces. Con la ayuda de Laura, podemos cambiar algunos pasos de la coreografía principal para que parezca otra y sería más fácil aprenderla en poco tiempo. En cuanto al vestuario, si escogemos un diseño pronto, lo encargaré en Japón. Yo asumiré los gastos, no os preocupéis. Tomadlo como un regalo por el día de la amistad.
—¡Miau!
—Alguien nació en cuna de oro… —Atentamente, miss Envidiosa Claudia Sinblanca.
—¡¿Cómo puedes ser tan kawaii?! Cuando creo que no puede sorprenderme más, ¡lo vuelve a hacer! —Aura venera a mi Ai como si fuera una diosa viviente—. Pero no permitiré que asumas todos los gastos. Me enseñas la factura y lo hablamos. Por mí lo hacemos. La cuestión es si las demás queréis actuar dos veces.
—Está claro que Aiko acertó de lleno contigo. Dado que no será tan complicado como parecía, me apunto. —Raquel dibuja un corazón con los dedos.
—Sabes que puedes contar conmigo para todo. Eres una buena amiga, mereces que te hagamos feliz, pero no te acostumbres. —Paula le da unas palmaditas en la pierna.
—¡Ay, Dios! A las frikis os gusta hacer el ridículo al cuadrado, ¿no? —se mofa Claudia.
—¡Miau! —maúlla Neko con cierta agresividad, como si mandara a callar a miss Hiena pulgosa.
—Y puedo cantar también. Creo que la canción La Di Da de Everglow sería una buena elección —propone mi Ai, sonriente, y conquista mi mirada de admiración.
—¡Eh, pues sí! Me gusta ese tema —comenta Paula, entusiasmada.
—Ahora no caigo en cuál es —dice la pensativa Raquel.
—¡¿Qué?! ¿Pedimos hora para tu ejecución? ¡Este! —Aura busca la canción en Internet y pone un fragmento—. Te tiene que sonar por narices.
—Ah, ya, ya. Es que no había caído por el título. Pero parte de la canción está en coreano, ¿no? —destaca Raquel.
—Hablo coreano, no es un problema —revela mi Ai, despertando el asombro colectivo una vez más.
—Aiko lo tiene todo, ¡todo! —chilla Aura con emoción.
—La que lo tiene todo es Laura, que la tiene a ella. ¡Qué suertuda! —bromea Paula.
—Eso es verdad, soy muy afortunada. —Froto la carita de mi Ai con cariño.
—Sois muy graciosas —expresa mi Ai entre risas—. Mis padres se aseguraron de que aprendiera coreano desde pequeña por temas de negocios. También sé lo esencial de chino mandarín. Tengo facilidades para los idiomas.
—Con razón hablas gatuno a la perfección. Supongo que zorruno también. Lo digo porque en Japón admiráis a los zorros o algo así, ¿no? —Estoy harta del sarcasmo de Claudia. No para de ofender a mi Ai como hizo conmigo cuando Ana nos presentó.
—Así es. El kitsune forma parte de nuestra cultura. Los más poderosos son los que tienen nueve colas, y me identifico como una kitsune de nueve colas. —Claudia se ríe de la explicación de mi Ai sin ser consciente del mensaje que subyace a esas palabras—. Como buen espíritu del bosque, protege los bosques y las aldeas de criaturas carroñeras con las que estás familiarizada, ya que tú dominas ese idioma. Un kitsune de nueve colas borraría de la existencia a una mísera criatura carroñera de un soplido. Si yo fuera tú, tendría cuidado.
—¡Miau!
—¡Ja, ja, ja! ¡Me hacéis el día con vuestras frikadas! —Claudia ni se imagina que lo único que la salva de ser la próxima Catalina soy yo por haberle pedido a mi Ai que no ejerza de justiciera sin consultármelo.
—No es una frikada, es su folclore —aclara Aura, imponiendo respeto con su tono serio—. En fin, volviendo a lo que estábamos, prepararemos la segunda actuación. Hoy mismo contactaré con los organizadores del evento para ver qué dicen al respecto. Debemos estar mentalizadas para todo. A lo mejor nos dicen que sí y el día del evento se presentan más grupos de lo previsto, van mal de tiempo y nos dejan colgadas. Sea como sea, al menos grabaremos un vídeo y lo colgaremos en nuestras redes como recuerdo.
—Diles que lo haremos mientras el jurado delibera —le aconseja Paula—. Siempre hay un tiempo muerto hasta que anuncian a los ganadores, no creo que pongan pegas por llenarles ese vacío.
—Tienes razón. Lo haré. ¿Qué tal si subimos ya a la azotea y empezamos con la coreografía? —propone Aura y todas asentimos—. ¡Estoy superemocionada!
—Tenéis suerte de que a Laura no se le gangrenara la pierna. —¿Cuánto veneno puede supurar esta alimaña al día?
—¿Y tú qué aportarás exactamente? —cuestiono mientras nos enfilamos rumbo a la salida de la habitación.
—Supervisión. Seré la voz de la franqueza, la que os diga lo ridículas que os veis para que lo hagáis mejor. —O para matarnos las ilusiones—. También seré la que os grabe y os ponga la música para que no tengáis que romper la formación cada dos por tres porque la cámara se detuvo o la canción se acabó. —Aunque Claudia intente parecer útil, yo preferiría interrumpir el ensayo para que una de nosotras controle la parte técnica antes que soportar su humor tóxico e hiriente.
—Pero tendremos que regular esa boquita un poco para que no hable de más porque se te quita lo kawaii. —Aura le lanza un beso.
—¡Miau! ¡Miau! ¡Miau! —Neko clama la atención de mi Ai con ansias.
—¡Oh, pequeño! ¿Quieres más mimos? —Mi tierna Ai lo carga en sus brazos como si se tratara de un recién nacido.
—Le gustas mucho. —Raquel se une a ella—. Su favorita era Paula. Luego, Laura. Por lo visto, ahora eres tú.
—¡Es verdad! No te encariñes mucho con él, es un aprovechado. Cuando llegue otra nueva que le guste, te sustituirá por ella. —Aura toma la delantera con ambas.
—Laura, ¿cómo lo haces? —me susurra Paula al quedarse atrás conmigo.
—¿El qué? —pregunto, desconcertada.
—¿Cómo conquistas a chicas tan impresionantes?
—Fácil. —Miss Cotilla Claudia tenía las orejas levantadas—. Siendo una mosquita muerta —espeta tan ancha y acelera los pasos.
Tengo la sensación de que los ensayos serán una auténtica tortura con su presencia.
***
ANA
Mis pulsaciones rivalizan con las ráfagas de un huracán de categoría cinco. Gran parte de mi agitación se debe a que he estado corriendo por la calle y he subido nueve pisos por las escaleras sin detenerme. Estoy bañada en sudor. Apenas siento las piernas, que parecen pesados pilares de hormigón, y me cuesta recobrar el aliento. De no ser por la botella de agua que llevo en mi mochila de deporte, me habría desplomado por deshidratación.
Hasta cierto punto, provocarme este estado volcánico puede interpretarse como una estrategia para camuflar el otro motivo de la tensión que atenaza mi cuerpo: estoy parada frente a la puerta del piso de Aiko…

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Omg tremenda intro 😳
Estuviste rápida, jeje.
Se podrá seguir leyendo a excepción de los extras por suscripción?.
He comprado hasta el momento esta saga pero es verdad que primero lo leía por whatpad y ahora por tu web.
Me gustaría seguir leyéndolo sin los extras (cosa que entiendo con la suscripción) y luego comprar el libro como siempre.
Que ganas de saber que ocurre☺️
¡Me alegra que lo estés disfrutando! Y gracias por el apoyo. ☺️ Sobre tu pregunta, ya no se podrá seguir leyendo sin ser miembro porque el contenido que estará aquí será el mismo que en las versiones editadas para Amazon, es decir, con los capítulos revisados y los extras incluidos. Uno de los beneficios de ser miembro es leer las obras de forma anticipada mientras se emiten.
Me he perdido, no sé donde me quedé 😭
Ay… Encontrarás el hilo, jeje.
Adoro y sigo está historia desde que estabas escribiendo la hermana de mi novio, mucho éxito Luis.
Por cierto como podría hacerme miembro si soy de México?
¡Muchísimas gracias! Agradezco tus palabras y tu apoyo. En principio, deberías poder hacerte miembro sin problema siendo de México. Puedes consultarlo aquí. Cualquier cosa, no dudes en preguntarme.
Hola, buen día. Disculpa, es que no entiendo la dinámica de esta web, ya me suscribí, pero no veo como leer tus historias, podrías ayudarme, por favor.
¡Hola! Gracias por tu apoyo. Por supuesto, con gusto te explico. Los capítulos se pueden leer desplegando sus respectivas pestañas en la lista. Para acceder a los capítulos exclusivos para miembros, debes iniciar sesión con el correo electrónico con el que te suscribiste. Tomando como ejemplo esta página de «La hermana de mi exnovio 2», verás la lista de los capítulos emitidos hasta el momento, del 1 al 7. Si tocas la pestaña de uno de ellos, se desplegará el contenido del capítulo. Los capítulos del 5 en adelante son exclusivos para miembros, por lo que podrás leer el contenido siempre que tengas la sesión iniciada con el correo electrónico con el que te suscribiste. Todas las páginas de las historias funcionan igual, aunque debes tener en cuenta que algunas obras están terminadas, otras están pausadas y otras como esta están en emisión. Si tienes alguna duda, no dudes en contactarme, mejor si es por IG por si podemos facilitar la comunicación con capturas o similar. Espero haberte ayudado. ¡Saludos!
Jejejejeje, llegué yo
Jajaja, ay, Dios…
Vamos a empezar, muajajaja
Prepárate para lo que viene… ¡je, je!
Hola Luis, paso algo en Wattpad o por qué no encuentro ni tu perfil?
Hola, así es. Tristemente, mi cuenta fue eliminada.
Hola luis te queria preguntar
Sacaste tus historias de watpad ? porque no aparecen y tu usuario tampoco
¡Hola! Hace dos días me eliminaron la cuenta, y me enteré gracias a que una lectora me avisó porque ni aviso recibí.
luisito 🙁 cómo estás con eso ? que pudo haber pasado?
Siempre busco el lado positivo de las cosas. Cuando una puerta se cierra, otra se abre. Aún no he recibido una respuesta, pero los hechos apuntan a las malas intenciones de ciertas personas. Solo me apena por quienes disfrutaban de los primeros borradores allí.
Hola disculpa solo llega hasta el capitulo 7 provocación, no estaba más adelantado.
¡Hola! Sí, estaba más adelantado, pero incompleto. Ahora lo voy actualizando con las escenas de Laura incluidas y todo revisado, ya que será la versión final que posteriormente publicaré en Amazon. Las escenas de Laura faltaban desde el capítulo 5 (el 31 antiguamente).
Hola, que fecha aproximada tienes para terminar el libro en esta página web y el libro en Amazon?
¡Hola, Susan! Siento no poder darte una fecha concreta, ya que influyen muchos factores y los fines de semana es cuando suelo agregar contenido a la web. Lo que sí te adelanto es que la historia saldrá por partes, puesto que en total pasará de 100 capítulos probablemente como pasó con «La hermana de mi novio». En este caso, planeo dividirla en tomos de unos 30 capítulos aproximadamente. Por ejemplo, «La hermana de mi exnovio 1» ya está terminada y cuenta con su extra especial, por lo que, una vez repasados los capítulos que me faltan, la editaré para publicarla en Amazon en físico y digital. Aplicaré el mismo proceso al resto de partes de la historia. Si todo va bien, este año debería sacar «La hermana de mi exnovio 1 y 2» al menos, primero en la web y luego en Amazon.
Cuándo se actualiza? Ya leí errores compensados pero tengo ganas de saber que sigue
¡Hola! Wow, estás a tope. Normalmente actualizo los fines de semana, entre sábado y domingo, que es cuando tengo los días libres. Pronto llegarán capítulos nuevos.
Luis y como hago si no tengo tarjeta de crédito para poder leer los capítulos?
El sistema solo acepta tarjeta, ya sea de crédito o débito. Por ahora no hay otra forma de pago.
Todo lo que escribe Luis es arte 🎭
Apenas me llega la notificación del correo de nuevos capítulos zaaas los leo como sea jaj (Aunque tenga mucho trabajo lo dejo de lado)
Estaré apoyándote siempre mi querido Luis ✨✨
Muchas gracias, Fer. Adorable como siempre. Ay, pero parezco una mala influencia, jaja.
Buenas noches, solo para sugerirte algo y es que hubiese sido más divertido que Ana llevase a Sandra a la fiesta de Laura digo esto, para que en juegos apasionados los comentarios de Laura, de que piensa que Ana no podrá replicar lo mismo con Sandra que lo que hacia con ella y así esa parte tenga más peso emocional, admiro demasiado tu obra cada capítulo me ha llevado a una montaña rusa de emociones y lo he disfrutado, asi que seguiré pendiente a cada nuevo capítulo.
Cuándo actualizas????, saludos.
¡Hola! Mañana toca actualización. ¡Empieza Halloween! ¡Saludos!
Y la actualización?? 😔
¡Hoy, hoy! Dentro de un ratito. Estoy terminando otros contenidos de actualización también y quiero subirlo todo a la vez.
Hoy no toca actualizar?
Hola Luis, perdón por el comentario, no se supone que cada ves que actualizas son 2 capítulos pero esta ves solo hay 1 capítulo.
¡Hola! Descuida, siéntete libre de consultar. Las actualizaciones son de lo que me dé tiempo a preparar durante la semana y solo tengo dos días para ello porque el resto trabajo y no son jornadas precisamente cortas :/. Cuando actualizo más es porque ya tenía el material adelantado y solo tenía que corregir o escribir alguna escena faltante, o bien porque el capítulo me quedó muy largo, como el de la semana pasada, que debía ser uno solo, pero la parte de Laura me quedó más larga de lo previsto y lo dividí en dos. Como referencia, escribir un capítulo normal (+3000 palabras) en condiciones óptimas (sin interrupciones, sin malestares, etc.) me lleva de 8 a 14 horas.
7 de la mañana y estoy leyendo el libro, lo amooooo! Y te amo a ti 🤩💖 saludos desde Chile mi escritor favorito 😻
La personificación de lo adorable, ¡je, je! 💖 Disfrutando desde bien temprano, así me gusta. ¡Un besote!
Dios mío
Hola Luis, no he podido leer los nuevos capítulos porque me envía a suscribirme pero tengo el pago recurrente 😔, puedes ayudarme por favor
¡Hola! A veces pasa en el teléfono. Puedes cerrar la sesión y volver a iniciarla, o darle a suscribirte para que el sistema detecte que estás suscrita, vaciar la caché… Eso suele funcionar. Si pruebas entrando desde una ventana de incógnito, verás que debería funcionarte bien. Cualquier cosa, avísame. También puedes escribirme por Instagram.
Hola Luis, hace poco decidí comprar la suscripción para poder continuar con esta historia que me atrapó desde que estabas emitiendo LHDMN 1 en Wattpad, pero estoy perdida, llegué al último capítulo de de Wattpad donde Laura besa a Ana y aún no encuentro ese capítulo aquí, no se si ahora tiene cambios más allá de las escenas de Laura
¡Hola! En Wattpad había otro ritmo porque no estaban las escenas de Laura ni otros contenidos extras, pero aquí es diferente. Aquí voy publicando todo corregido con las escenas y capítulos faltantes para que se entienda mejor el desarrollo de la trama y los personajes. Lo que leas aquí será la versión final. La escena donde Laura besa a Ana pertenecerá a LHDME 3, aún faltan más de 30 capítulos para ello entre los que quedan de LHDME 2 y parte de LHDME 3.
luisito, volverás a Wattphad? a mi no me dejan comprar la suscripcion 😢
¡Hola! No creo que vuelva a Wattpad, ya que me eliminaron la cuenta y, justo como contaba en el grupo de WhatsApp ayer, me respondieron después de más de un mes con una respuesta automática y genérica que ni siquiera atendía mi petición. Volví a intentarlo y recibí la misma respuesta, o sea, ni siquiera atienden mi reclamación. Prefiero no desgastarme y seguir enfocado en mis proyectos.
es eso de la ip q habias dicho en tt? pense que con el tiempo se arreglaria, perdon por preguntar :;(
Descuida, puedes preguntar lo que quieras. Lo de la IP era un bloqueo a mi IP por parte de Wattpad, otro problema para que ni siquiera pudiera acceder a la web de Wattpad de forma normal.
Hola luis yo estoy suscripta pero solo me deja ver a hasta el capitulo 4
Queria saber si hay alguna solucion
Y nunca tube problemas desde abril estoy suscripta
¡Hola! Sí, hay solución, no te preocupes. Es un problema que ocurre a veces con los navegadores en los teléfonos. Debes realizar un borrado del historial de cookies del navegador, que es la solución principal. También puedes cerrar sesión, cerrar el navegador y volver a entrar. La suscripción en sí funciona bien, lo puedes comprobar entrando en modo incógnito. Prueba los pasos que te recomiendo y, cualquier cosa, no dudes en contactarme. Espero que disfrutes de la lectura.
Hoy hay actualización?
¡Sí! Hoy toca. Dentro de un ratito.
Hola Luis, buenas tardes espero estes teniendo un bonito fin de semana, solo pasaba a preguntar si el dia de hoy hay actualización
¡Hola! Muchas gracias, espero que tú también. Sí, hay actualización. ¡Ya está lista!
Para cuando el capitulo 26 que me tienes en ascuas 🫣
¡Ja, ja! Hay que esperar un poquito. Espero que disfrutaras con el 25 de anoche. El 26 estará potente…
Ju, ya me estaba acostumbrando a los 2 capítulos los fines, pero tocará esperar. Muchas gracias Luis
Ay, ojalá pudiera, pero tengo el tiempo limitado a los findes. Espero que llegue el día en que la comunidad crezca lo suficiente como para que pueda dedicarme exclusivamente a escribir. Gracias a ti por tu apoyo.
Habrá actualización este finde?
¡Sí! Dentro de un ratito.
hola, hoy actualizaras
¡Hola! Sí, muy pronto.
Holaaa, cuándo la actualización, agradecida con saber el Pov Laura porque eso hacía falta en Wattpad.
Saludos🫂
¡Hola! La próxima actualización será mañana. Sí, aquí estará todo, incluyendo los nuevos cambios definitivos que tendrá la historia. Hace poco envié un correo con la info. ¡Saludos!
Vale, gracias; no me llegó ningún correo, en qué otro medio podemos consultar la información que compartiste ????
¡Un placer! Mmm, si no fue al spam o a otra categoría, es posible que no te llegara por no estar suscrita a la newsletter. De todas formas, el contenido es una entrada de la web. Puedes verlo directamente aquí. O visitando la página de Entradas. ¡Gracias por estar pendiente!
Hola Luis, la página tiene falla o pq no me deja ver la actualización? Se cobró la mensualidad y ya salí y entre y aún no me deja ver nada 😔 dice que me suscriba y al picarle me dice que ya lo estoy
¡Hola! Suele ser un problema con el navegador y coincide cuando realizo cambios como actualizar, afecta a algunas personas a veces. Pero no te preocupes, no está relacionado con la suscripción y hay varias formas de solucionarlo:
1. Borrar el historial de cookies del navegador y reiniciar la sesión (cerrarla, cerrar el navegador y volver a entrar).
2. Acceder a través de una ventana de incógnito. (Esta siempre funciona y ayuda a confirmar que la suscripción está bien)
3. Acceder a través de otro navegador, en el caso de que lo tengas.
Espero haberte ayudado. Si por alguna razón no te funciona nada de esto, no dudes en contactarme, puedes escribirme directamente por correo o Instagram.
¡Un abrazo!
Hola buenas noches por acá, una consulta, cada cuánto subes capítulos para estar atenta a cuando los subas ?
¡Buenas noches! Suelo subirlos los sábados o los domingos y envío un aviso al correo. También suelo publicar algo en mis redes como aviso, en caso de que me sigas en IG, FB o TikTok. Lo más probable es que actualice este sábado.
Hoy habrá actualización??
¡Sí! De hecho, justo cuando escribiste el comentario acababa de actualizar el capítulo, ¡jaja!, lo que aún no he enviado el correo de aviso, pero ya lo puedes leer, es el 32.
Me gusta la página y de hecho ver el pov de Laura es completamente satisfactorio pero…. Extraño poner mis comentarios por capítulo, necesito saber si a la gente le produce lo mismo que a mi *troste*
Me alegra que te guste y que estés disfrutando con las escenas de Laura. Ya, es una pena que no pudiera configurarlo de esa manera para que se pudiera comentar en cada capítulo. Por ahora soy el escritor, el informático, la atención al cliente, el diseñador gráfico, etc., jaja, y hago lo que puedo, pero ojalá que todo vaya bien y en el futuro pueda invertir más para mejorar la web y crear una app más interactiva. Eso sí, gracias por tu apoyo y el de todos los miembros, que me ayuda a mantener la web. Puedes comentar aquí, pero, si quieres, también puedes unirte al grupo de WhatsApp para comentar por allí.
Aiko es una loquilla jiji
Jajaja, ni Laura llegó a tanto.
Holaaaaa, Luis, muchas bendiciones y éxitos en tus proyectos. Te he leído desde que antes que sacarás la hermana de mi exnovio. Pero ya no he podido hacerlo porque no sé cómo puedo hacer para suscribirme ya que vivo en Venezuela, y pues… Aquí es muy difícil tener una tarjeta de crédito internacional. Cuéntame ¿Cómo le puedo hacer? ¿Te puedo pagar con Binance?
¡Hola! ¡Muchas gracias! Mis mejores deseos para ti también. Gracias por apoyar mi historia desde hace tiempo. Sí, tengo entendido que es complicado suscribirse desde Venezuela por ese tema. Es una pena que no haya podido agregar otros métodos de pago, al menos no ha sido posible por ahora. Binance es que no lo uso. Dado que la suscripción no va a ser posible de momento, lo que se me ocurre es que esperes a que lance los libros nuevos en Amazon, creo que ahí tienen más opciones de métodos de pago. ¿Has usado Amazon antes?
Con este epílogo termina la hermana de mi ex novio II, me he quedado fría oO, o hay continuación Luis
Gracias por esta historia
Oh, no, no. Ese epílogo cierra el arco del cumpleaños, pero queda un capítulo más y otro epílogo que sí cerrarán el arco por completo y, de paso, «La hermana de mi exnovio 2». Además, habrá un extra de Aiko que será una continuación directa del extra de «La hermana de mi exnovio 1». Luego, seguiremos con «La hermana de mi exnovio 3». ¡Y gracias a ti por el apoyo!
Hoy hay actualización????
Sí, sí que hay. Hace rato que está, ¡je, je! También debió llegarte un correo importante para notificarte de la actualización y de otra sorpresa.